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jueves, 20 de octubre de 2011

RETORNANDO AL PARAISO CAPITULO 20

GASTON:
Se sintió increíble oír a ROCIO decirme ayer que me amaba. Pero ahora me siento tan impotente como el día en el que el juez dictó mi sentencia. Estoy sentado en la estación de policía en una remota sala de espera con mi hermana, mi papá, mi mamá, ROCIO, Julio, e incluso JAIME, quien dijo que quería venir porque ya se siente parte de la familia. Mi primo es abogado, y está aquí también. Él estará en la habitación con MERY cuando ella confiese haber golpeado a ROCIO..
. Mi historial será limpiado, a pesar de todo.
Mi rodilla esta temblando.
Miro a ROCIO, quien luce de nerviosa. Ella no tenía que venir, pero lo hizo. Demonios, si yo fuera ella estaría demandando que MERY sea encerrada por lo menos el mismo tiempo que yo, si no más.
Pero ROCIO no es como yo. Ella tiene un gran espíritu del perdón. Sólo estar a su alrededor me hace esforzarme para ser una mejor persona.
—Estoy lista —dice MERY con una débil sonrisa. Esto no puede ser fácil para ella, eso es seguro. Pero ella es más fuerte de lo que yo alguna vez le di crédito. Esta mañana cuando bajó por las escaleras, no vestía nada negro. Ella está usando pantalones blancos y una camiseta amarilla. Lucía tan diferente, tan… brillante.
—Buenos días, sol —mi papá le había dicho luego de darle un vistazo.
Pensé que todos estaríamos sombríos y llorando, pero nos hemos mantenido juntos hasta ahora. Cuando mamá llamó anoche y dijo que quería dejar la rehabilitación y venir con nosotros a la estación de policía, sentí como si MI FAMILIA estuviera comenzando a sanar.
Solo tenemos que sobrepasar este último obstáculo.

—Espera —dice CAMILO, deteniéndose—. ¿Tienen esas cartas para adjuntarlas con su declaración?
Después de que se las entregáramos, ROCIO saca una pieza de papel de su cartera y se la entrega. —MERY, sé que no estás haciendo esto por mí, pero… gracias.
Es un festival de abrazos ahora, todos nosotros esperando transmitir nuestra fuerza a MERY antes de su confesión.
MERY sigue abrazando a ROCIO —Nunca fue mi intención lastimarte, sabes eso ¿verdad?
—Te has disculpado como un millón de veces —dice ROCIO, con lágrimas en sus ojos—. No tienes que decirlo nunca más ¿de acuerdo? Te perdono. Ya pasó, fue un error.
Se abrazan de nuevo, y luego mi hermana se dirige por la pesada puerta de metal. En el otro lado de esa puerta ella se confesará. Entonces será fichada, con sus huellas dactilares y una foto.
—Oye, MERY —Julio grita.
MERY voltea
—Recuerda lo que te dije —él dice, luego le guiña un ojo.
Ella sostiene su cabeza en alto y le sonríe.

ROCIO:
Cinco exhaustivas horas después estamos de vuelta en casa. Ellos soltaron a MERY con una fianza de cinco mil dólares, así que estamos todos juntos. Estaba tan preocupada por MERY hoy, pero ella parecía estar bien con todo. Ella dijo que en realidad haber dicho la verdad finalmente la hizo sentir libre, lo que es raro porque ella quizá tenga que pasar algún tiempo en la cárcel. CAMILO dijo que iba a hablar con el fiscal, y tratar de convencerlo de no acusar a MERY. La mamá de GASTON decidió volver a casa, así que todos están felices pero definitivamente en el borde.
Caleb, JAIME y Julio se mudaron a la casa de la Señora Reynolds al final de la semana. GASTON y los chicos van a trabajar para el tío de él, quien posee una compañía constructora. Él dice que pondrá su vida de nuevo en marcha. La noche antes de que me vaya a España, GASTON y yo caminamos por el parque y nos paramos debajo del gran roble. Nuestro tiempo juntos está disminuyendo a cada minuto, y estoy nerviosa. —Desearía que pudieras venir conmigo. Él da una corta risa. —Yo también.
—Antes de que te vayas, tengo que sacar algo de mi pecho —él retrocede, se pasa una mano a través de su cabello—. Escucha, en realidad estoy jodidamente
asustado porque tú te vas. Lo siento por maldecir, pero es verdad. Aunque sé que puedo seguir sin ti, maldita sea, no quiero. Me he acostumbrado a tenerte en mi vida, y no será lo mismo sin ti.
Mi corazón esta latiendo rápido, me estiro para sostener su mano. —Qué estás diciendo?
—Estoy diciendo que te amo, ROCIO —me mira a través de sus claros ojos de cristal—, me estaba frenando y no quería decirlo, porque no quiero que pienses que lo digo como un truco para hacer que no salgas con otros chicos mientras estas en España.
—No quiero salir con otros chicos.
—Eso es lo que todas dicen, hasta que algún apuesto chico español se te acerca y te susurra alguna mierda romántica española en tu oído y te invita a salir.
Me rio. —No veo que eso ocurra.
—¿Y que si sí ocurre? ¿Qué tal si conoces a algún chico español y decides quedarte en España para siempre?
—Puedo decir lo mismo, GASTON. No sobre el asunto de quedarme en España, pero ¿Qué tal si tú conoces a otra chica mientras no estoy?
—No va a ocurrir —dice, repitiendo mis palabras.
Sé que no quiere forzarme a hacer un compromiso con él. La verdad es, que quiero ser libre este próximo año. Si podemos superar esto, sé que seremos lo suficientemente fuertes para durar para siempre si queremos. —Propongo esto —digo—, prometemos no buscar a alguien más, pero si pasa, pasa, y tenemos que ser honestos el uno con el otro sobre eso.
—Trato hecho. Ahora dejemos de hablar de eso antes de que decida convencerte de quedarte en Paradise.
—¿Qué es lo que quieres hacer? —pregunto—. ¿Besarme?
—Oh, sí. Quiero besarte.
Me jala hacia él y siento su cálido cuerpo contra el mío. GASTON me hace sentir feliz, protegida y amada, todo al mismo tiempo. Me besa, sus suaves labios haciendo temblar a mi cuerpo completo de emoción. No puedo imaginarme nada sintiéndose así de bien.
—Esto es perfecto —le digo.
Él pasa dulcemente sus labios sobre los míos. —Está bastante cerca.


9 MESES DESPUES
Bienvenidos al Aeropuerto Internacional. Por favor, esperen hasta que el avión haya parado por completo antes de descender del avión.
Mi corazón late con tanta furia en el pecho que me sorprende que los otros pasajeros no pueden oírlo. Recojo mi mochila cuando se detiene el avión y rápidamente cojeo hacia el reclamo de equipaje, ignorando el dolor en mi rígida pierna.
GASTON no está aquí. Mi mamá si lo está, sin embargo. Ella corre hacia mí y me abraza firmemente. Lou está con ella, así que espero que sea una buena señal. Ella no lleva su anillo, pero la última vez que hablé con ella me preguntó qué pensaba de las bodas en invierno. Mi papá me visitó en España para Año Nuevo, e hizo un montón de preguntas. Creo que estamos en vías de recuperación, y aunque él nunca será un padre cariñoso, me alegro de que hayamos empezado a resolver las cosas.
—¿Tuviste un buen vuelo? —Lou pregunta—. Apuesto a que tienes hambre de una buena comida americana.
—Definitivamente estoy hambrienta de uno de los pasteles que prepara en el comedor —le digo, y recibe una sonrisa como respuesta. Todo el mundo ama los pasteles, y he sido su degustadora desde que mi madre empezó a trabajar allí.
Cuando tenemos el equipaje y nos conducimos de camino a Paradise, mi mamá me pregunta si quiero levantar mi pierna. Yo le respondo, pero todo el tiempo en lo único en lo que puedo pensar es, ¿en dónde está GASTON?
El último correo electrónico que recibí de él, decía que se reuniría conmigo cuando volviera a casa. Eso fue hace casi tres semanas, sin embargo.
Es mucho lo que puede haber cambiado en tres semanas.
Me digo que estoy sobre pensando en las cosas. Uf, no puedo soportar el suspenso.
—¿Has oído hablar de GASTON? —pregunto, tratando de no sonar como que estoy desesperada por escuchar la respuesta.
—Él vino por la tarde y te dejó una nota en tu habitación —mi mamá dice.
Una nota. Las notas son malas. Las notas no pueden ser buenas.
—¿Te dijo algo cuando dejo la nota?
Mi madre niega con la cabeza. —No, sólo me preguntó si podía dejar una nota y me dijo que estaba bien. Estuvo en la casa menos de dos minutos.
Deseo que el viaje a casa no durara más de una hora. En el viaje de avión pensé en cientos de diferentes escenarios para nuestra reunión. Ninguno de ellos incluye una nota.
En mi casa, salgo del coche y entro en la casa después de que Lou insiste en llevar el equipaje arriba.
Arriba, mi habitación es la misma que dejé. Mi cama está hecha y en la parte superior de mi enorme edredón hay un sobre. En el frente, una palabra está escrita con el puño y letra de GASTON: ROCIO.
Tomo el sobre con dedos temblorosos y lo abro rasgando el sello. Yo despliego la nota lentamente. Cierro los ojos y respiro profundamente, y luego vuelvo a abrirlos y leo lo que dice:
¿Recuerdas el viejo roble? Ve allí, y espérame.
¿Eh? ¿El viejo roble en el parque de Paradise?
Le digo a mi mamá que volveré más tarde. Ella no discute, probablemente porque estoy prácticamente fuera de la puerta antes de que yo termine mi oración.
Es de noche ahora, pero el parque no está muy lejos. Me dirijo al roble. Nadie está aquí, a excepción de una ardilla corriendo por la hierba.
Espero diez minutos, mirando el árbol y me pregunto por qué quería que esperara aquí y cuánto tiempo quiere que yo espere. Justo cuando estoy empezando a sentirme insegura, veo una silueta que corre hacia mí.
Reconocería a GASTON en cualquier lugar. Mi corazón se dispara.
—¡ROCIO!
Se pone de pie frente a mí, dedo del pie-a-dedo del pie, totalmente fuera de la respiración. Lleva pantalones vaqueros rasgados y una camiseta blanca manchada. Parece que no se ha afeitado en una semana, y su pelo está desaliñado.

—Lo siento mucho pero se me hizo tarde —él extiende la mano y pone los dedos en mi cabello, que es largo ahora yo no lo he cortado en casi un año.
—Te ves genial, ROCIO. Diferente.
—Gracias —le digo—. Tú, también.
Volteo hacía arriba y pongo mis brazos alrededor de su cuello, sin importar que no me abrace. No quiero retenerlo. —Te extrañé —le digo.
Sus manos van alrededor de mi cintura y me aprieta junto a él. —Tengo tantas preguntas que hacerte. Pero primero...
Creo que vamos a besarnos, pero en cambio se saca algo del bolsillo y lo alza. Es un pañuelo.
—¿Qué es eso? —pregunto.
—Date la vuelta.
Frunzo una ceja.
—Confía en mí, ROCIO.
Hago lo que dice. —Yo iba a darte un beso —le digo.
Suavemente posiciona el pañuelo sobre mis ojos y lo ata por atrás. —Lo harás. Te lo prometo... sólo espera.
No soy paciente.
Mientras estaba en España, mis sentimientos por GASTON crecieron infinitamente haciéndose más fuertes. Yo tenía amigos mi compañera de habitación y yo salíamos con ellos, pero ninguno de ellos me hizo temblar de emoción. Me emociono sólo de pensar en estar en brazos de GASTON DE nuevo.
—No puedo ver nada —le digo mientras atravesamos el parque y entro en un coche.
—Eso es más o menos el punto, corazón.
Avanzamos a través de calles sinuosas hasta llegar a una parada. Él abre la puerta y me lleva fuera del coche. Él se ríe entre dientes mientras pone sus manos en mi cintura y me empuja hacia adelante a quién sabe dónde.
—¿Dónde estamos? —pregunto, preguntándome cuánto tiempo pasará antes de que el suspenso se acabe.
—Lo sabrás muy pronto. Bueno, basta.
—¿Puedo quitarme la venda de los ojos?
—No. Todavía no —en un rápido movimiento, GASTON me recoge y me acuna en sus brazos.
Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello por ayuda. —La última vez que me tenías así me sumergiste en el agua.
Camina hacia adelante. —Confía en mí, ROCIO.
—Sí. Pero tengo que ser honesta y decir que hueles a un hombre sudoroso después de estar en el gimnasio.
—He estado trabajando. Te prometo tomar una ducha después de mostrarte algo.
Camina un poco más, y de pronto se detiene. —Muy bien, quita la venda de tus ojos.
Cuando lo hago, me doy cuenta inmediatamente de dónde estamos. En el mirador de la Sra. Reynolds. Todo el piso está cubierto de cojines y lucecitas parpadeantes contornean el perímetro. En la parte superior de los cojines hay miles de pequeños pétalos de rosa blancos y rojos.
—Es perfecta —le digo sin aliento mientras deslizo mis pies fuera de mis sandalias y camino sobre los cojines—. ¿Dónde están JAIME y Julio? —pregunto. Sé que Lou sacó la casa del mercado y casi lo considera un refugio para GASTON y sus amigos. Siempre y cuando sean útiles y no se metan en problemas, tienen un techo sobre su cabeza.
—Los mande a dormir fuera. Esta noche yo quería estar a solas contigo.
Trago, con fuerza. —¿Solos? —tengo pensamientos subidos de tono, que una chica no debería tener. Sonrío—. ¿En serio?
—Sí. Ha pasado tanto maldito tiempo que me temía que ibas a volver a Paradise y me dirías que no querías volver a verme.
—Tenía miedo de lo mismo de ti —lo reconozco.
Los dos nos reímos, y por alguna razón me hace sentir mejor que los dos seamos cautos y estemos nerviosos.
—¿Has visto a EUGENIA, NICO y su nuevo bebé recientemente? —le pregunto. Me dijo que ha estado saliendo con NICO y sus compañeros de secundaria en ocasiones.
—Sí. Es adorable, aunque yo tengo un sentimiento de que EUGENIA va a criarla como una pequeña diva.
—¿Cómo es su relación? —le pregunto

—Inestable, pero están intentándolo. La última vez que vi a EUGENIA, casi no me hablaba. Sospecho que se dio cuenta de que no la miro como la diosa que quiere que todos piensen que es.
—Bien.
—ROCIO, quiero decirte algo —dice en tono serio, mientras se acomoda en los cojines de felpa.
Sacudo la cabeza. —No. Quiero decir lo que tengo que decir en primer lugar —esto no va a ser fácil. Puedo tomar una respiración profunda, recogiendo el valor de poner todo en la línea. Hay cosas que he frenado porque tenía miedo, pero aprendí algo en España este año. Uno de mis profesores decía que si te metes de puntillas en agua fría, estás perdiendo en la carrera de sumergirte de cabeza.
Me voy a hundir, sin preocuparme de las consecuencias. Miro a GASTON, a las luces brillantes, y los hermosos pétalos que nos rodean.
—He estado retrasándolo porque he tenido miedo. Puedes aplastar mi corazón como mi padre hizo con mi mamá. Tienes poder sobre mí —una lágrima se escapa de mi ojo—. Todavía te amo, GASTON. Caí enamorada de ti aquí en este patio trasero, y nunca deje de estarlo Además lo que siento no ha cambiado en nada en este año.
GASTON mira a su alrededor, como si estuviera pensando en algo que decir, pero no sabe cómo ponerlo en palabras. —Desde que nos quedamos encerrados en el ático de la Señora Reynolds, yo sabía que había estado perdiéndome de una chica que realmente se preocupaba por mí y no estaba absorta en sí misma. Yo estuve tan ciego durante tanto tiempo.
—¿Qué pasara cuando me vaya para la universidad en el otoño?
—Iré a visitarte cada vez que pueda. no está lejos —se toca la nariz—. Quiero besarte, pero tengo que tomar una ducha rápida primero —salta para arriba de los cojines, GASTON empieza a caminar hacia la casa—. Sólo espera aquí... y no te muevas hasta que yo vuelva. Tengo una sorpresa para ti —dice con un toque nervioso a su voz.
Estoy confundida, pero prometo no moverme hasta que él regrese. Me recuesto sobre los cojines. Estoy de vuelta en Paradise con GASTON DE nuevo. Sé que está trabajando en la construcción y tratando de ahorrar para la universidad. Él puede hacerlo. Estoy segura de ello.
Él viene de nuevo diez minutos más tarde, completamente limpio. Su camisa expone sus músculos de los brazos, que son más grandes desde la última vez que lo vi. Estoy segura de que es por trabajar en la construcción todo el día.
Me mira con una expresión intensa. En el pasado, cada vez que lo sorprendía mirándome de esa manera, quería pellizcarme. Pensé que la única manera de que

GASTON  me mirara así, fuera porque estuviera soñando o se hubiera alterado el día.
No sé cuando ocurrió el cambio. Creo que fue después de que EUGENIA se quedara hasta tarde en su casa, hablando. Después, él me dijo que confiara en él y me pidió que fuera su novia.
Ese fue el momento.
La esquina de su boca se movió hacia arriba cuando me preguntó—. ¿En qué estás pensando?
—En ti.
—Espero que sea algo bueno.
Sonrío. —Lo es —doy una palmadita en los cojines. Todavía no nos hemos besado, y yo no estoy interesada en ser paciente ahora. De hecho, en este momento yo no tengo ningún problema en besar a un sudoroso, robusto y maloliente GASTON—. Ven y siéntate conmigo.
En vez de sentarse conmigo, él tiende la mano. —Tengo una sorpresa para ti.
Él me ayuda y me da lo que parece un control remoto.
—No me vas a volver a vendar los ojos, ¿verdad? —pregunto.
—No —él me lleva detrás del garaje. Apenas puedo ver la silueta de algún tipo de estructura grande. No puedo entender lo que es. De pie detrás de mí, me abraza, GASTON susurra: —Presiona el botón.
Cuando lo hago, las luces de toda la estructura parpadean... es el esquema de... —¿Un castillo?
Un castillo. Una versión más grande de aquel castillo en el parque.
—Yo estaba terminando los toques de última hora cuando tu avión aterrizó y perdí la noción del tiempo —dice GASTON.
No puedo creer que no lo había notado antes. No sé qué decir... —Es un castillo. No puedo creer que me hayas hecho un castillo.
Toma mi mano y me lleva dentro de la estructura. Hay más pétalos esparcidos por todo el piso de madera, que rodean un montón de almohadas y mantas en el centro.
—Esto es como el cielo —me quejo cuando miro hacia el cielo abierto por encima de nosotros. Es como cuando estábamos en el parque, pero esto es mejor. Esta vez no estamos huyendo de algo o alguien.

GASTON se sienta en las almohadas. —El cielo, ¿eh?
—Definitivamente —estoy en shock cuando me hundo junto a él—. Esto es increíble, GASTON. ¿Lo has construido tu mismo?
—JAIME y Julio ayudaron, pero yo lo diseñe.
Miro al chico convertido en el hombre que es el amor de mi vida. Yo tomo una pequeña caja de mi bolso y se la doy. —Aquí. Es un regalo que traje para ti.
Cuando él quita la parte superior y saca el contenido del interior, agrego, —Yo tomé una clase de joyería —saca la cadena de cuero y el colgante adjunto—. Es una espada —le digo.
Se ríe. —Puedo decir lo que es. Es realmente genial. Me gusta —él se la cuelga alrededor del cuello. Me gusta que él esté usando algo que hice para él.
—Simboliza la fuerza —le digo—. Me recuerda a ti.
En una decisión sorpresiva, GASTON se arrodilla delante de mí. Mi corazón casi salta de mi pecho.
Se aclara la garganta.
Toma una respiración profunda y endereza los hombros. —Muy bien, aquí está el trato. Fue un infierno apartarme de ti el año pasado. Todos los días había algo que me hacía acordarme de ti.
Tengo la cara entre las manos. Cuando de mis labios sale un susurro hacía él, le pregunto: —¿Crees que lo lograremos, GASTON? ¿Crees que va a durar?
—Hemos estado en el infierno y hemos vuelto. Lo vamos a hacer. Te quiero, ROCIO, y siempre será así.
—¿Me lo prometes?
Nos tumbamos sobre las almohadas, y él da pequeños besos suaves y lentos a través de mi cuello. —Confía en mí —susurra contra mis labios—. ROCIO  tú eres mi paraíso.
FIN DEL LIBRO.

RETORNANDO AL PARAISO CAPITULO 19

GASTON:

dos días después del juego estoy de pie delante de la puerta del dormitorio de mi hermana.
--tenemos que hablar. Tienes que confesarles todo a mamá y papá —ya está, lo dije—. Ya he terminado de asumir la culpa. No fue sólo decirle a los policías que yo era el que estaba conduciendo. No fue sólo declararme culpable y ser encerrado en la cárcel durante casi un año. Nuestra mentira es como un jodido cáncer que se extiende a cada área de nuestras vidas —señalo los posters en la pared—. Date cuenta que este es tu grito de ayuda. Es una mierda enfermiza, mery. .
Yo no estoy muerto. No quiero estar muerto. No quiero que mi hermana este muerta. Y seguro como el infierno que no quiero ser atormentado por el pasado nunca más.
—Lo prometiste —ella dice con una voz extrañamente tranquila—. Cuando te conté sobre el accidente, dijiste que te encargarías de eso.
—Estaba borracho, mery. Apenas sabía lo que estaba haciendo, y para cuando me di cuenta que no debería haberle mentido a la policía, ya era demasiado tarde.
—Estaba asustada.
—¿Y yo no lo estaba? —contesto bruscamente. Pero tal vez ella no sabía cómo me sentía, porque enmascaré todas las emociones que tuve después de que fui arrestado. Respiro hondo y vuelvo a intentarlo—. Es hora de decirle a mamá y papá.
Levanto la mirada y veo la imagen de un esqueleto con sus dientes hundidos en un corazón y no puedo soportarlo más... barro mis dedos a través de la pared y las rompo todas.
—Ya he terminado contigo luciendo como si la muerte te abrigara. Odio lo que le hiciste a rocio. Lo odio, y te odio por hacerme prometer que me llevaría nuestro secreto a la tumba y luego darme la espalda por ser un recluso de mierda.
—gaston, déjala en paz.
Me vuelvo para ver a Julio de pie en la puerta.
—Mantente fuera de esto, Julio —digo gruñendo.
En lugar de escucharme, Julio entra en la habitación y se para junto a mi hermana.
—Dije que la dejes en paz.
¿Está bromeando? —Esto no tiene nada que ver contigo.
—Sí, lo hace—, mery murmura. Ella me mira con los ojos llenos de lágrimas—. Porque anoche Julio y yo nos quedamos despiertos toda la noche y hablamos. Él me convenció de que me entregara.
¿Eh?
No me esperaba eso. Me esperaba un montón de cosas saliendo de la boca de mi hermana, pero no eso.
El alivio inunda todos mis sentidos, seguido por preocupación y miedo. ¿Qué pasará cuando ella se entregue? ¿Tendrá que cumplir una condena? Dichas cuestiones habían estado pasando por mi cabeza cada vez que pensaba en lo qué pasaría si mery confesaba.
¿Cómo fue que Julio la convenció para confesar todo?
—mery es más fuerte de lo que ella piensa —Julio dice mientras pasa el brazo alrededor de sus hombros—. Ella puede hacer esto —aprieta sus hombros y la mira a los ojos—. Puedes hacer esto.
—Has conocido a mi hermana por menos de tres días, Julio.
—Sí, y apuesto a que la conozco mejor que tú.
Justo cuando estoy a punto de reírme de tan ridículo comentario, mery, dice: —Julio tiene razón. Durante mucho tiempo quise decirte cómo me sentía, pero no pude. Tú estabas triste o enojado o molesto... y yo tenía miedo de lastimarte otra vez.
Mi hermana contiene las lágrimas y corre a mis brazos.
—Siento mucho lo que te hice. Julio me contó cómo fue estar en la cárcel para los dos, y estoy tan... lo siento mucho —se seca los ojos y dice—: Creo que tenemos que llamar a papá para que se reúna con nosotros en el centro de rehabilitación. Si mamá se da cuenta o no, ella necesita a su hijo de vuelta.
Una hora más tarde estoy sentado en la sala de espera del Centro de Recuperación Nuevos Horizontes.


Mamá se detiene en seco cuando me ve dar un paso hacia ella. —¿Por qué estás tú aquí?
—Volví. rocio me dijo que ustedes me necesitaban. Al principio no quería creerle...
—Me dejaste. Un buen hijo no deja a su madre.
Sus palabras cortan profundo. Oh, hombre, nunca debí haberme ido. Pensé que sería lo mejor, que todo estaría bien si el . Me equivoqué. Me las he arreglado para arruinar tanto en tan poco tiempo.
—Lo siento, mamá.
—Lo siento, también — mery dice—.Tengo que pedirles perdón a todos en esta familia.
Mi hermana me mira y pone su mano en mi rodilla. Yo pongo mi mano encima de la suya.
Siento su vacilación y miedo como si fueran míos. Pero también siento su determinación para corregir los errores del pasado.
—Mamá, papá —mery dice después de que asiento hacia ella, dándole apoyo silencioso—. Fui yo quien golpeó a rocio la noche del accidente.
Observar el cambio de expresión en los rostros de mis padres es una verdadera tortura. Al principio ladean la cabeza al lado como si hubieran escuchado las palabras erróneas. Cuando mery no dice otra cosa, la realidad de lo que ella dijo comienza a ser asimilada.
—No —mi mamá susurra, sacudiendo la cabeza—. No. No.
—¿Qué estás diciendo, mery? —mi papá le pregunta, con la voz a punto de quebrarse—. ¿Qué. Estás. Diciendo?

Un torrente de lágrimas comienzan a fluir por el rostro de mery.
—Yo estaba en la fiesta. Había tomado quizás dos cervezas. Cuando me dirigía a casa, me desvié bruscamente para no golpear a una ardilla. No era mi intención golpear a rocio —ahora se ahoga en sus lágrimas, y miro hacia el techo en un intento de mantenerme a raya.
No está funcionando.
Maldita sea.
Las lágrimas comienzan a formarse en mis ojos. Trato de contenerlas, pero es inútil. Ver a mi hermana tan alterada, y ver a mi papá y mamá paralizados en estado de shock, y saber que una fatídica noche destruyó a mi familia y dañó permanentemente la pierna de rocio es demasiado para mí.
Froto suavemente mis propias lágrimas e intento dar una explicación.
—Cuando mery volvió a la fiesta totalmente enloquecida, le dije que me encargaría de eso —les digo—. Estaba tan borracho aquella noche, que no estaba pensando con claridad. Cuando la policía preguntó quién estaba conduciendo, les dije que era yo.
—Oh, Dios, gaston, lo siento mucho —mery grita—. No sé cómo pudiste perdonarme. No merezco perdón por el infierno que te hice pasar.
Ella hunde la cabeza entre sus manos.
—No puedo creer que esto esté ocurriendo —mi papá dice—. Esto no puede estar sucediendo.
—No —mi mamá dice de nuevo.
Asiento con la cabeza. —Es verdad —hombre, siento un tipo de libertad que no he sentido en mucho tiempo. Quiero compartir esto con rocio. Supongo que ahora es tan buen momento como cualquier otro para decir la otra noticia que he estado guardando.
—Sé que esto es otra bomba que estoy dejando caer, pero rocio y yo estamos saliendo. No era mi intención que esto sucediera. Lo negué durante mucho tiempo, luego lo oculte por un corto tiempo... y ya no voy hacer eso.
—¿Ella sabe...? —mi papá dice, con su voz desvaneciéndose poco a poco. Sé que está a punto de romper a llorar. Puedo verlo en sus labios y manos temblorosas.

—Sí, lo sabe —miro a mery—. rocio sabe todo.
Mi mamá me mira. Es la primera vez que me mira sin desprecio o desdén desde que fui detenido. Ella sigue moviendo la cabeza, como si estuviera tratando de envolver su cerebro alrededor de esta nueva y totalmente inesperada información.
—mery, ¿Cómo pudiste? —mamá pregunta, sus palabras saliendo lentamente—. ¿Cómo pudiste mantenerte al margen y dejar que tu hermano fuera a la cárcel por algo que tú hiciste?
—No sé, mamá. No sé. Pero voy a hacer lo correcto —sus ojos hinchados e inyectados en sangre se encuentran con los míos.
—Me voy a entregar mañana.

Rocio:
--rocio, ¿puedo ir? —era la voz de gaston por el teléfono. No sonaba feliz.
—Seguro. ¿Qué está mal?
—Te lo diré cuando llegue allí.
Mi mamá y Lou estaban justamente abajo. No le había dicho lo de gaston. Quería hacerlo. Para ser honesta. He estado reteniéndome porque lo último que quiero es molestarla cuando todavía está tratando de resolver las cosas con mi papá y Lou. Es hora de confesarle a mi mamá la verdad sobre mí y gaston.
Ella hizo a mi padre posponer su mudanza aquí… indefinidamente.
—Mamá, ¿puedo hablar contigo?
Mi mamá, con harina en su cabello y una zanahoria en la mano, levanta la vista de la tabla de cortar. —¿Hay algo mal?
—No. Es solo que… si no fuera por gaston, podría haber renunciado a la vida.
Mi mamá para de cortar. —¿Qué?
—Después del accidente, fue gaston quien me hizo comprender que la vida valía vivirla.
—rocio, eso es un puñado de tonterías.
—No, mamá, no lo es. ¿Quieres saber por qué?

—Estoy segura de que me lo vas a decir sin importar lo que diga.
No sé cómo va a reaccionar. No está exactamente feliz, pero al menos está escuchando.
—Porque él me sacó de mi depresión. Ni siquiera lo viste porque estabas tan feliz de que estuviera en casa y no viviendo en hospitales. Pero no era feliz. Era miserable hasta que gaston regresó de la cárcel y me ayudó a entender que yo valía algo aunque tuviera una discapacidad.
—¿Por qué me estás diciendo esto ahora? —pregunta mi mamá.
—Porque viene para acá, y quiero que estés preparada… —sonó el timbre—. Ese es él, mamá. Solo, se agradable y no lo juzgues hasta que yo te cuente todo.
Me apresuro para abrir la puerta. Los ojos inyectados en sangre de gaston me saludan. No dice nada; solo me acerca y me abraza con fuerza justo en las escaleras de la parte de delante de mi casa.
—Hoy vi a mi mamá —murmura en mi cabello—. Oh, Dios, rocio, fue tan horrible. mery les dijo a nuestros padres que fue ella quien te golpeó.
Sé que eso probablemente fue la cosa más difícil que mery haya hecho nunca.
—¿Cómo está ella?
—Estaba llorando. Un montón —se aleja, pero sostiene mis manos—. Está decidida a entregarse. No sé qué va a pasar. Acabo de llamar a camilo. Va a venir mañana para aconsejarnos que hacer.
Toqué la frente de gaston con la mía. Puedo ver en su cara cuánto lo está despedazando esto. —Lo siento. Iré contigo. Lo que sea que pueda hacer para ayudar, lo haré.
—¿Qué está pasando? —pregunta mi mamá, confundida—. No sé porque estás aquí —le dice a gaston—, y por Dios, ¿porqué están tomados de la mano?
Tomo una inhalación profunda y aprieto la mano de gaston. Vamos a hacer esto juntos. Lo guío dentro de mi casa y me paro frente a mi mamá y Lou.
—gaston y yo tenemos algo que decirles —miro a gaston a través de mis ojos llorosos—. Sé que esto va a ser una sorpresa, pero traten de entender…
Este tiene que ser uno de los días más duros en la vida de gaston. Mientras se está liberando de la culpa, la realidad incrimina a su hermana a la misma vez. —No fui yo quien golpeó a rocio —dice.
Se aclara su garganta.
—Uhm… —sostiene mi mano con fuerza—. Fue mery.
—Estás mintiendo.
—No lo hace, mamá —le digo.
—¿Por qué? —pregunta mi mamá, lágrimas están cayendo por su cara. Estoy llorando, también.
gaston se encoge de hombros. —Pensé que podría manejarlo mejor que mery. Pensé que le estaba evitando pasar algo que la arruinaría. Yo podría manejar ir a la cárcel, pero mi hermana no. Todo esto se volvió como un espiral fuera de control, y me di cuenta de que estaba equivocado, pero ya era demasiado tarde —él me mira—, y rocio quedo atrapada en medio de toda esta situación.
. —Esto es mucho para asimilarlo rocio, ¿sabías sobre esto?
Asentí.
—¿Cómo pudiste no decirme nada? Soy tu madre.
—No lo averigüé hasta justo antes de que gaston se fuera. No dije nada porque quería que gaston fuera el que lo revelara. De algún modo sentía que ese era su secreto y que él tenía que contarlo. Además, estaba desesperada por parar de revivir el accidente. Quería que se acabara. Tenía que seguir adelante por mi propia cordura —miré al chico que llenó el vacio en mi vida—. gaston me ayudó a entender que no podía dejar de vivir por mi discapacidad.
Mi mamá sacude su cabeza. —Necesito tiempo para digerir esto. Es solo que es… demasiado para mí. Necesito estar sola ahora mismo.
—Lo siento. No quise molestarla.
—Lo sé. Creo que le tomará un tiempo asimilarlo. Dale un poco de tiempo y se recuperará —Lou se gira hacia gaston—. fuiste muy valiente al volver aquí.
—No me siento valiente ahora mismo. Mi vida familiar es un desastre, y tengo a dos tipos quedándose en la casa de mis padres conmigo porque están lidiando con la misma clase de secuelas con las que estoy lidiando yo.
Lou se detiene por un momento, entonces sonríe.

—Tengo una proposición para ti —le dice a gaston—. La casa de mi madre está vacía. Si tú y tus amigos quieren quedarse ahí por un tiempo, y pagan suficiente alquiler para cubrir las utilidades y los impuestos de la propiedad, es tuya.
—¿Habla enserio, señor? —pregunta gaston, completamente sorprendido.
Lou asiente. —Sé que mi madre pensaba que eras un buen chico y quería ayudarte. Creo que es el destino; es de la forma en que mi madre lo hubiera querido. ¿Qué dices?
gaston sacude la mano de Lou enérgicamente.
—Diría que ha hecho un trato.
Cuando estoy caminando con gaston de regreso a su casa así podríamos pasar tiempo con mery y darle las buenas noticias a jaime y Julio, gaston dice: —Lou es un buen tipo.
—Lo sé. Espero que mi mamá supere el miedo a amar a otro hombre que no sea mi papá.
—¿Cuáles son tus miedos? —pregunta—, sobre nosotros, quiero decir.
—Después de hoy no tengo ninguno, porque… —le doy la respuesta honesta, la que he guardado durante mucho tiempo—, porque te amo.

RETORNANDO AL PARAISO CAPITULO 18

GASTON:


los hombros de rocio están caídos. Ella deja de sonreír tan pronto como Eugenia aparece. Sé que las cosas están tensas entre Eugenia y rocio en este momento, pero siempre y cuando yo estuviera en Paradise, no puedo ignorar a nico. Y donde nico está, Eugenia también está.
Simplemente no esperaba que eugenia viniera sola.
—¿Dónde está nico? —le pregunté.
—Rompimos anoche. La boda se ha cancelado.
—El infierno que lo está —dice nico, apareciendo en la distancia. Está caminando en una línea torcida, como si estuviera en algo.
—Vete —le dice eugenia.
—No —nico dice arrastrando las palabras. La alcanza—. Tú eres mi pareja.
eugenia se aleja del alcance de los brazos de Brian.
—Ya no.
—¿Podríamos comenzar ya el juego y dejar de pelear? —dice Julio.
Cuando Julio habla, la gente escucha. Incluso Eugenia y nico, quienes se ignoran mutuamente aunque son pareja en el juego.
Comenzamos a lanzar nuestros discos hacia las cestas. Al principio rocio es terrible. Su disco vuela cerca de diez pies delante de ella, y ella ni siquiera está usando el lanzador de disco.
—Gira tu muñeca —le digo.
Ella lo intenta pero el disco vuela hacia atrás y casi golpea a eugenia en la cabeza.

La mano de rocio vuela hacia su boca mientras el disco pasa zumbando cerca de eugenia.
—Ups, lo siento.
—Apuesto que sí —murmura eugenia.
nico le dice a eugenia que sea amable. Ella le dedica una mueca de desprecio y yo pienso: Oh, amigo, vas a pagar por ese comentario más tarde.
Moverse de un camino a otro no es fácil para rocio, quien tiene que pisar ligeramente el suelo desigual. En algún punto cuando ella tropieza y cae, casi me ofrezco a llevarla a casa.
—Sujétate de mi espalda —le digo en su lugar, mientras nos dirigimos al siguiente camino.
Ella me mira como si estuviera loco.
—Vamos rochi. Será divertido.
—No, no lo será —dice ella. Cuando tomo su disco y me doblo hacia abajo de manera que pueda maniobrar fácilmente en mi espalda, ella pregunta: —¿Estás seguro de esto?
Sí, estoy seguro.
—Sólo sujétate —ella agarra mis hombros y la llevo al siguiente hoyo—. Eres un asco en este juego. El último fue un par tres, y ¿cómo te las arreglaste para obtener un ocho? Es vergonzoso. Creo que necesito darte clases privadas, para que así la próxima vez podamos patear un poco el trasero del disco.
—Las lecciones privadas suenan bien —dice ella, luego besa mi nuca.
—Ustedes son unos idiotas —dice eugenia cuando finalmente llegamos al siguiente hoyo. Me arrodillo para que rocio  pueda deslizarse fuera de mi espalda sin demasiado estrés en su pierna.
—No llames a mi mejor amigo idiota, eugenia —dice nico.
eugenia se pone la mano en la cadera y mueve de un tirón su cabello hacia atrás. Oh, no. Eso no es una buena señal.
—No lo defiendas. Y no es sólo tu amigo, nico. Él es mi ex.
—Era mi mejor amigo antes de que cualquiera de nosotros saliera contigo.
—Dormimos juntos a sus espaldas —eugenia responde con veneno—. Buenos mejores amigos resultaron ser

Con esas palabras, nico saca algo de la cintura de sus jeans. Es un frasco.
—Hombre, ¿qué estás haciendo? —pregunto.
—No es asunto tuyo.
Oh, mierda. Esto no está sucediendo. No delante de jaime y Julio y mi hermana. Y no delante de rocio, que odia el drama de eugenia más que nada. Quiero que se olvide de mi pasado, no que lo recuerde.
eugenia lanza uno de los discos, apuntando directamente a nico. nico apenas esquiva el disco, toma otro trago de lo que tiene en el frasco, y mira a su prometida directo a los ojos.
—Hagamos un concurso.
Los ojos de jaime se iluminan. Al tipo le encantan los desafíos más que nada.
Julio se inclina hacia mí y me dice de manera que nadie más pueda oír:
—¿Estos son tus amigos? Todos están jodidamente locos.
Y esto viene de un tipo que ha estado en la cárcel por robo y lavado de dinero.
—Te diré algo —dice nico, poniéndose muy enojado con eugenia ahora. Puedo notarlo porque su cara está poniéndose toda roja y manchada. Eso sólo ocurre justo después de que se ejercita o cuando está realmente enojado—. Si gano el siguiente hoyo, la boda estará de nuevo en marcha. Si tú ganas, eres libre de cancelarla y estar con gaston.
Uhm, no está sucediendo.
—nico, no seas un idiota —le digo, pero él no escucha. No sé si está en el máximo nivel de borracho. Él definitivamente no está siendo él mismo.
—De acuerdo —dice eugenia, ignorándome—. Pero no es una pelea justa.
—Bien. Tú eliges a quien tira por mí, y elijo quien tira por ti.
rocio intenta ocultarse detrás de mí.
—Elijo a rocio. Ella tirará por ti —dice eugenia con los dientes apretados.
—Entonces elijo a mery —dice nico.
—¿Puedo optar por quedarme fuera? —rochi les pregunta.
Un nico con cara roja y una furiosa eugenia dicen "no" al mismo tiempo.
—Chicos, sólo bésense y reconcíliense ya —les digo—. Estás embarazada, eugenia. Y no va a suceder nada entre nosotros, así que supéralo.
—Cállate, gaston —dice eugenia, con el veneno en su voz.
—Ya lo tengo —dice rocio, con una mirada feroz y decidida en su rostro.
Lo entiendo.
Rocio está luchando por mí. Ella me quiere ganar, sin rodeos. ¿No se da cuenta que ya me tiene, y no tiene que pelear?
Veo con asombro cómo mi chica toma un disco en la mano y va a la "T"*.
—rocio... —digo—. Uhm… Agarraste un lanzador. Eso no va a ir demasiado lejos.
Sostengo otro disco para ella, que toma murmurando un ―gracias‖.
rocio toma una respiración profunda, entonces se permite arrancarlo con un gruñido impresionante. Ella se estremece cuando se vira a la derecha y casi aterriza en unos arbustos.
Su mano vuela a su boca con horror.
—Buen tiro, nena —bromeo.
—No es divertido —dice ella, tomándose esta competencia demasiado en serio.
Mi hermana es la siguiente. Julio trata de darle algunos consejos, pero no estoy seguro de que mi hermana gemela quiera que eugenia gane. Mi hermana azota el disco, pero también gira y aterriza en los arbustos.
Oh, hombre, esto es una tortura.
Al final, están a la par. Mi hermana sostiene su lanzador mientras que rocio sostiene el suyo.
—Espera —dice rocio antes de que mery apunte a la cesta de metal.
Mery se queda quieta.
rocio sostiene su disco a su costado.
—No puedo hacer esto.
—Yo tampoco —añade mery.
rocio cojea hasta eugenia.
—Yo no juego con la vida de las personas como tú.
¡Muy bien, chica!
rocio deja caer el disco a los pies de Eugenia.
—Si lo dejas ir y no regresa por ti, no era la persona con la que debes estar. Es una lección que aprendí en primer grado.
Hombre, mi chica es una chica dura, cuando ella quiere serlo. Me pregunto si tiene algo que ver con las grandes y cómodas pantaletas de abuela que ella trae puestas.
rocio se aleja cojeando, con mi hermana a su lado. Me recuerda a cuando éramos niños y que eran inseparables. Me gusta que ellas estén resolviendo cómo ser amigas de nuevo.
Observo hasta que rocio y mery están fuera de vista.
—Me voy de aquí —dice eugenia, apresurándose hacia su coche.
—Yo también —dice nico girándose a prisa hacia el suyo.
Yo me planto delante de él.
—No puedo dejar que hagas eso.
—¿Por qué no?
—Porque estás borracho. No puedo dejar que conduzcas mientras estás jodido.
—Fuera de mi camino, gaston, y no seas un idiota.
—Soy un idiota también —dice jaime—. Porque no te dejaré conducir tampoco.
—Dale a gaston tus llaves —luna le ordena a nico—. ¡Ahora!

Rocio:
me dirijo hacia casa con mery.
—Gracias por eso —dice mery—. Yo iba a fallar a propósito. Nunca me gusto eugenia.
Me detuve y me gire hacia ella —¿Qué piensas acerca de gaston y yo como pareja?
Ella no responde. Su no-respuesta es mi respuesta.
—Me voy a España en menos de dos semanas, así que no tendrás que vernos juntos por mucho más tiempo —mis palabras salieron rápidas y sé que sabe que estoy molesta—. mery, alguien tiene que ceder.
Cojeé lejos de ella ahora, pero escuche a gaston llamándome detrás de mí.
—¿Dónde están todos? —pregunté.
—jaime termino llevando a nico a casa, él estaba bastante borracho y Julio y luna fueron con ellos —dice gaston—. Escucha rocio. Acerca del juego… lo siento —él se mueve para estar enfrente de mí—. No debería haber forzado esa situación para ti. Solo pensé que podíamos ser una pareja normal y…
—Nunca seremos una pareja normal, gaston. Tenemos tantos problemas con los que lidiar que es ridículo —levanto una mano cuando veo que él esta apunto de protestar—. Estoy viviendo la realidad. La realidad es que eugenia todavía te quiere en su vida y tu hermana me quiere fuera de tu vida, es más fácil para ella de esa manera.
Solo pensar en Eugenia y mery es abrumador en este momento.
—Necesito salir de aquí —le digo.
—¿A dónde vas?

Agarro las llaves de mi auto—. A donde siempre voy a pensar.
—Si te sirve de consuelo —dice él—, no doy una mierda acerca de lo que alguien más piense acerca de nosotros estando juntos.
—Lo sé. Desearía que no me importara, pero sí lo hace.
Cuando llego a mi auto, inmediatamente me dirijo hacia la casa de la Sra. Reynolds. Lou no está ahí, y tampoco está el letrero de ―Se Vende‖. Un sentimiento de hundimiento se forma en mi estomago cuando pienso en alguien más viviendo en esta casa.
Mientras toco la madera pintada de blanco del mirador, pienso en lo que le dije a gaston. Sé que él todavía está luchando con estar en casa donde no se siente como si perteneciera. Vi dónde ha estado durmiendo. En el sofá de su sala.
Incluso aunque no quiero, necesito prepararme para lo inevitable. gaston está en mi vida de forma temporal. Cuando me vaya a España, nuestros caminos se separarán. ¿Debería sacar el máximo provecho de lo que tenemos ahora? Porque la realidad es, que gaston pronto estará fuera de mi vida para siempre