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viernes, 21 de octubre de 2011

PERFECTO CAPITULO 13

Fui a casa y cogí la foto que solía tener en la parte posterior de la puerta de
mi escritorio y la rompí en pedazos minúsculos. Tomé el mono de peluche de
mi armario y lo tiré contra la pared. Cayó inerte en el suelo, mirándome con
su estúpida sonrisa cosida.
entonces me puse a llorar.
Lloré porque mery no quería ser mi amiga. Lloré por todas las veces que no
lo había hecho cuando la necesité, por todos los momentos en los que
esperaba que las cosas cambiarían y no lo hacían. Lloré porque pensé que
quizá lo habían hecho y estaba equivocada.
Lloré por mi mejor amiga, a la que no estaba segura de haberla conocido en
absoluto.
Lloré porque a pesar de que odiaba a mery ella ya no me querría más, por
reírse de mí, por no preocuparse por todos los recuerdos que significaban
mucho para mí, yo habría dado cualquier cosa porque ella llamara y dijera
que lo sentía.
Lloré porque sabía que no lo haría.
Y cuando no pude llorar más, cuando mis ojos estaban doloridos y me dolía
la cabeza, cogí el mono. Me dije a mí misma que lo tiraría, para olvidar que
mery me lo había dado y que lo amaba.
No pude hacerlo. Lo puse en el armario, apoyándole los brazos contra los
costados para que pareciera que estaba completo. Y luego me acosté en mi
cama, mirando alrededor del cuarto que no iba a ser el mío por mucho
tiempo.
Todo había terminado. mery. Mamá y papá. Nuestra casa, nuestra familia.
Todo.
Todavía estaba en mi habitación cuando mamá llegó a casa.
—¿Hola? —
—¿Estás bien? —preguntó mamá, mirando a mi habitación. Tenía los ojos
enrojecidos e hinchados, como si hubiera llorado. Me di cuenta por la forma
en que ella me miró que los míos estaban igual—. ¿Tuviste una pelea con
mery?
—Ella no me quiere más —le dije. Me compadecí de mi misma mientras
sentía que mis ojos pinchaban a medida que hablaba, y mi garganta se sentía
espesa, tapada.
—rocio, cariño, ¿podemos hablar de los que pasó después?
Tengo que estar lista para tu padre.
—Claro —dije, la palabra salió lentamente, mi mente todavía estaba aturdida
por lo sucedido con mery
—. Oh, y Kate, vi a Ana esta tarde. ¿Qué pasa con ella?__dijo vicco
Mi estómago se apretó. —¿Qué quieres decir? ¿Ella… ella te pidió que me
dijeras hola o algo así?
negó con la cabeza. —No. Ella actuaba, como si no me conociera, lo cual
fue extraño, y luego ella pareció un poco asustada cuando me presenté a su
caliente amiga, eugenia. ¿Tiene ella dieciocho años? Dijo que los tenía, pero…
—Ella es de mi edad, y es la que hizo que todos los de la escuela se enteraran
de lo de mi padre y su estúpido partido Perfect You —las palabras salieron
de prisa, mi garganta y ojos ardieron. Sabía lo que significaba —lo que Mery había hecho tan obvio—Pero una parte de mí, una pequeña parte estúpida,
había tenido aún un poquito de esperanza.
Esta se había ido ahora. mery no había dicho nada. Ella no iba a decir nada.
No se sentía mal, no me extrañaba, no quería volver a ser mi amiga otra vez.
—Oh —dijo—. Lo siento.
Me encogí de hombros, no del todo confiada para hablar.
—eugenia no era tan bonita, en realidad —dijo él—. Los humos del café llegan a
mí a veces, ya lo sabes.
Le sonreí. No era muy malo para ser un hermano, especialmente uno que se
estaba mudando.
—La casa ha sido vendida —dijo mamá—.
Naturalmente, ahí es cuando empecé a llorar. Quería entender, y veía que
íbamos a tener que mudarnos. Entendí que mis padres se habían separado.
Me di cuenta de que mi ex mejor amiga no era mi amiga otra vez, que me
engañé pensando que lo era. Incluso vi que el chico que me gustaba parecía
que yo no le gustaba tanto como creía, ya que no había habido ninguna
llamada telefónica preguntando dónde estaba ni qué había sucedido, porque
lo que había dicho la noche anterior eran solo palabras y nada más.
Vi lo que era mi vida. Pero ¿por qué tenía que ser así? ¿Qué había en mí que
fuera tan terrible?
El teléfono suena y vicco contesta, mirándome cuando dice. —¿Hola? ¿Qué?
Apenas puedo escucharte. Oh, síp, espera un segundo. —Sostiene el teléfono
hacia—. Es para ti. Supongo que aún no has espantado ese chico de anoche.
¿gaston? ¿gaston me estaba llamando? Debe haberse percatado que no he ido al
trabajo hoy, ¡y ahora me está llamando! Cogí el teléfono.
—¿Hola?
—Hola, rocio.
Era papá, no gaston. La decepción me golpeó tan fuertemente que tuve que
apoyarme en la pared.
—Hola, papá.
—¿Papá? —Dijo Todd,Se detuvo, escuchando por un momento lo que sea que papá le estuviera diciendo, y entonces colgó el teléfono.
—Cariño, estás sentada de una forma terrible —dijo la abuela—. Sé que de
esta manera suena tonto, pero sentarse correctamente es muy importante.
Porque la postura de por sí puede hacer de un conjunto terrible luzca… bien,
un poco menos horrible. Así que porqué no te sientas y…
—Acabo de enterarme oficialmente que ya no tengo un hogar —le dije,
poniéndome derecha mientras hablaba, mi espalda se volvía más y más
rígida a medida que me salían las palabras—. Mi mejor amiga no sólo no
quiere hablarme, sino que actúa como si nunca me hubiera conocido. Mis
padres ya no están juntos porque mi padre ama a unas vitaminas más que a
nosotros. Oh, y para culminar, el chico con el que salí la noche pasada me
dijo que nos veríamos en el centro comercial hoy, pero no lo hicimos, y él no
llamó y sé lo que eso significa.
—¿Qué es lo que eso significa?
Hablé lentamente, con los dientes apretados. —Nada bueno.
—Entonces, ¿cuando tú le llamaste y le preguntaste por qué no te ha llamado,
él te dijo algo cruel? Lo siento, cariño. Pensé que gaston parecía agradable.
—Oh, cierto. Le llamé, abuela. Qué gran idea —Fingí coger el teléfono—. Hola,
gaston, no te he visto hoy, y me estaba preguntado si lo has notado. Soy
totalmente patética.
Ella hizo como si no hubiera escuchado casi nada de lo que había dicho. —
¿Por qué no le has llamado?
—Porque no necesito más malas noticias. Actualmente yo no tengo amigos,
no tengo vida y no tengo familia, haciendo oficialmente de este año el peor
de toda mi vida. ¿Por qué las cosas no pueden ser como solían ser? Si este
año jamás hubiera existido, tal vez…
—Las cosas cambian, cariño. Esto es lo que la vida es.
—Bien, lo odio. Y este año, mi vida no ha estado cambiando, abuela, ha sido
el final. Un largo, horrible final. La vida que yo tenía se ha ido. Terminó.
Acabó.
—Cariño, voy a decirte algo importante —dijo ella—. Las cosas acaban. Las
personas se van. ¿Y sabes qué? La vida continúa. Además, si las cosas malas
no pasaran, ¿cómo serías capaz de sentir las buenas?
—Pero yo he perdido a mis padres, mi mejor amiga, mi casa…
—No seas tan melodramática, cariño. Tú no has perdido a tus padres.
—Bien, ellos sólo han cambiado. ¿Pero dónde están las buenas cosas que has
mencionado? Porque yo estoy aquí sentada intentando pensar en algo… lo
que sea… y no puedo. De hecho, pienso que si la vida puede llegar a ser peor,
lo hace.
—Así que, ¿me estás diciendo que no importa lo que sea, no puedes ser feliz?
Bien, cariño, no es de extrañar que seas miserable. Es lo que tú quieres.
—No es así —le espeto—, yo quiero ser feliz.
—Entonces, inténtalo. Cariño, el mundo no te debe nada.
—Wow, eso no hace que me sienta mejor.
—No se supone que lo haga —me dice—. Esa parte depende de ti.
Ella se paró, mirando hacia el pasillo
ella se va.
antes de subirme
a la cama y taparme sin tener frío y aun llevando la ropa puesta.
Simplemente me parecía agradable estar envuelta en algo seguro.
No podía creer en la idea del consejo de la abuela. Diciéndome que el mundo
no me debe nada, y que yo tengo que tratar de ser feliz... ¿para ser feliz?
¿Qué tipo de estupidez era esa? Yo podría intentar ser feliz para siempre,
pero eso no cambia el hecho de que estaba equivocada acerca de mery
esperando que fuera mi amiga nuevamente, y definitivamente no parece que
fuera a hacer que mis padres volvieran a estar juntos o incluso a hablarse.
¿Intentar ser feliz? Por favor. ¿No es eso lo que he intentado hacer desde el
desastre de los primeros días de clases?
No.
La palabra me traspasó tal y como estaba yo allí.
No, no he intentado ser feliz. Yo había pensado qué es lo que había sucedido
con mery, preocupada por lo que yo podría haber hecho diferente, deseando
que las cosas volvieran a ser como eran antes.
No he intentado ser feliz por papá y el cambio que él había hecho. Nunca he
pensado que yo encontraría alguna felicidad en su obsesión con Perfect You
o que eso hubiera costado nuestra familia.
Supuse que habría algo de felicidad en ya no tener que trabajar en el centro
comercial pero, suficientemente extraño, ese estúpido trabajo era lo único
que realmente me había dado algo. Si no fuera por el centro comercial y por
la fealdad de trabajar allí, más el triste estado de mi vida, yo nunca hubiera
podido superado los nervios de hablar con gaston aquella vez. (Está bien,
básicamente lo invité a salir conmigo, pero suena mejor de la otra forma.)
Era gracioso darme cuenta cómo esa estúpida cabina y esas estúpidas
vitaminas Perfect You me habían ayudado a conocer a gaston. Me han ayudado
a darme cuenta lo mucho que le gustaba. Había incluso superado los nervios
de confrontarlo y había terminado saliendo con él.
Pero sólo lo hice luego que vicco me había dicho que básicamente intentara
vivir, dejando que las personas supieran quién era yo, y me di cuenta que la
abuela había dicho algo similar, me instó a ir detrás de lo que yo deseaba.
Intentar vivir. Intentar ser feliz.
Me salí del capullo de frazadas y miré hacia el teléfono. Intentar ser feliz
sonaba muy bien, pero la tentativa de felicidad de mi padre no ha salido muy
bien ni para él ni para nadie más. E intentarlo con mery tampoco ha dado
resultado.
Pero eso es lo que sucede, es lo que dijo la abuela. Las cosas terminan, las
personas se van, y la vida continúa. Se necesita las cosas malas para sentir
las buenas.
Intentar, dijo ella.
Cogí el teléfono. Lo colgué. Esto era muy difícil. ¿Qué si he leído demasiado
la noche pasada? ¿Y si gaston no desea hablarme?
Entonces sería mejor averiguarlo ahora, ¿no?
Cogí nuevamente el teléfono, y marqué.
Sonó, y me sentí enferma. ¿Qué se supone que debo decir? Mi mente y mi
corazón estaban tan llenos con lo que había sucedido hoy, con todo lo que
había pasado a lo largo del año, que no sabía por dónde empezar.
—¿Hola? —dijo él, y en el momento en que escuché su voz, yo sabía lo que
debía decir, y no era tan difícil después de todo.
—Hey, soy rochi.
—Lo sé. —Dijo él, y pude oír la sonrisa en su voz.
El Fin
Bueno, en realidad no era precisamente el final. De hecho, era más bien un
principio, ¿y sabes qué? Era uno bueno.
Otras cosas realmente se terminaron, sin embargo. La primera cosa, dejé de
buscar a mery cuando llegué a la escuela. Dejé de buscarla en los pasillos.
Todavía la veo, sin embargo. Ella sigue saliendo con pablo. eugenia sigue siendo
su mejor amiga. Ella parece feliz, pero no sé si lo es. Nunca hablamos.
Mamá y papá están oficialmente separados. Papá perdió su espacio en el
centro comercial cuando no pudo pagar la renta del próximo trimestre, y se
trasladó, donde está el gran centro comercial. Hay una mujer, Gloria,
que tiene un Perfect You allí, en un stand justo como el que papá solía tener,
y él trabaja para ella.
Mamá todavía no me deja conducir sola. Ella, la abuela y yo
vivimos en un apartamento juntas, y no es tan malo. Yo tengo mi propia
habitación, lo cual es bueno, pero todavía tengo que compartir un baño con
la abuela. Eso es lo mismo de siempre.
vicco quiere ser un fotógrafo ahora, y probablemente aburre de muerte a sus
compañeros de trabajo en el lugar de café para hablar de ello.
Vive con la chica que conoció en el cine de cuando los dos
trabajábamos en el centro comercial. Su nombre es cande, y ella quiere ser
directora. A veces nos invita a todos a mirar sus películas, que por lo general
la estrella es vicco sentado tratando de parecer pensativo. Creo que son el
uno para el otro.
gaston y yo hemos estado saliendo durante seis meses. Sigue siendo el tipo de
hombre que se acercaba a mí después de la clase y decía: ―¿Qué pasó allí?
Perdí el interés tan pronto como el maestro empezó a hablar‖, pero es
también el tipo de persona que decidirá que, ya que es miércoles, tenemos
que ir a comer tacos y luego salir al parque y ver la puesta de sol.
Él también sigue siendo un muy buen besador.
Él me hace feliz.
Todavía extraño a mery. Todavía extraño mi antigua casa, el pasillo de la
entrada, la cocina, mi habitación. Todavía extraño a mis padres cuando
estaban juntos, y la abuela todavía me vuelve loca casi todo el tiempo.
Pero las cosas cambian. Las cosas que pasan. ¿Y sabes qué? La vida continúa.
De hecho, eso es lo que es la vida. ¿Quién habría pensado que la abuela
tendría razón sobre cualquier cosa, y mucho menos sobre algo tan
importante?
Adivino que las vitaminas no arruinaron mi vida, después de todo. Se
limitaron a cambiarla. Cambiarme a mí.
Así que no puedo decir que este es el final, o incluso un final, porque no lo
es. Es sólo la vida, y ¿sabes qué? Yo voy a hacer mi mejor esfuerzo para
tratar de vivirla realmente.
El Comienzo
(Fin del Libro)

PERFECTO CAPITULO 12

Esperaba que la abuela se me echara encima tan pronto como yo entrara,
especialmente desde que la había visto en la cocina, pero la casa estaba
tranquila y oscura cuando entré, y la puerta de la abuela estaba cerrada, no
había luz brillando por debajo de ella.
Así que, libre de discutir dónde había estado y con quién, me fui a la cama.
Estaba más que feliz, porque quería pensar sobre gaston y todo lo que había
sucedido esta noche por siempre. Especialmente esos últimos minutos en el
coche. Habían sido maravillosos. Toda la tarde lo había sido...
Tenía la sensación de que esta clase de noche podía cambiar tu vida.
Me dormí feliz, con la promesa de ver a gaston otra vez mañana quemando
dentro de mí.
Me desperté justo antes de que mi alarma se suponía sonara, y se escuchó un
golpe sordo en el pasillo.
—Chicos, ¿qué está pasando? —dijo vicco, y él sonaba más asustado que
antes.
—Pregúntale a tu madre —dijo papá, y a pesar de que él no estaba gritando,
estaba hablando más fuerte que como lo hacía normalmente—. ¡Ella es la que
ha decidido que ya no soy apto para vivir con ustedes!
Esas últimas palabras salieron como un grito. Me congelé por un momento,
atontada por lo que había dicho —y por cómo lo había dicho—Y entonces
corrí hacia la sala de estar.
De algún modo, quería que alguien viniera detrás de mí y me dijera que
todo estaría bien, o por lo menos tan bien como puede estarlo cuando tus
padres se están separando, pero nadie lo hizo.
Me habría
gustado hablar con alguien, me habría gustado poder contarle a gaston lo que
había sucedido.
Podría llamarlo. Ir a casa, encerrarme en mi habitación, y llamarle. Salvo que
tendría que lidiar con mis padres y mi abuela, además de que gaston estaría
probablemente de camino a su trabajo ahora.
Además, estaba bastante segura de que todo lo que le quería decir no era el
tipo de cosas que le cuentas a alguien después de haber tenido sólo una cita.
Todavía tenía ganas de llamarlo, sin embargo. Pero ¿cómo iba incluso a
iniciar la conversación? ―Oye, lo pasamos muy bien anoche, y por cierto, me
levanté esta mañana y mi madre le pidió a mi padre que se fuera. ¿Cómo
estás?
No, no podía llamarlo. Por lo menos no con eso como mi línea de apertura.
Pero... Podría preguntarle a mery qué hacer. Podría decirle todas las cosas
terribles que acababan de suceder. Después de todo, nos volvíamos a hablar
de nuevo.
—Hola —dije—. ¿Qué estás haciendo?
—¿Qué está mal?
—Papá se está yendo —le dije, y mi voz sonó débil y tambaleante.
—Oh, rocio —dijo mery, y envolvió un brazo alrededor de mis hombros de la
manera en que lo solía hacer cada vez que yo estaba disgustada por algo, y
me llevó dentro.
—¿Cómo sabías que había pasado algo? —Le pregunté mientras
caminábamos y ella cerraba la puerta, con cuidado de cerrarla
silenciosamente.
—Bueno, tu cabello está, umm, un poco más desordenado que de costumbre
—dijo ella, sonriendo—. Además, tú lucías igual que cuando te enteraste de
que vicco se iba a mudar a tu casa de nuevo, ¿te acuerdas?
—Salvo que entonces yo estaba enfadada y ahora... —dije, mi voz se quebró
mientras caminaba
—Aquí —dijo mery
mery lo cogió de mi mano y me pasó un pote de helado, abierto con una
cuchara ya plantada en el interior. Lo tomé y me senté en el sofá de forma
automática, el lugar donde habíamos hablado siempre de nuestros
problemas más grandes, los que no queríamos que su madre oyera.
—Cuéntamelo todo —dijo mery, y así lo hice.
—¿Necesitas algo? —Llamó ella de vuelta hacia el dormitorio de su madre,
mery salió de la habitación, regresó unos minutos después, sonriendo brillantemente, pero mordiéndose el labio.
—¿Qué está mal? —Dije.
—Nada.
—Te estás mordiendo el labio.
Ella suspiró y se dejó caer en el sofá junto a mi. —Me conoces demasiado
bien. ¿Puedes alejar el helado de mi camino?
—Acabo de recibir a un gran manojo de chispas de chocolate —le dije, y le
sonreí, ofreciéndole una cucharada.
—No puedo —dijo ella, mirándome—. Sentarme alrededor a comer helado era
mi problema antes, ¿recuerdas?
—Lo siento —dije, el dolor y odio en la forma en que me miraba, hablaba de
cómo de horrible lo pasó ella en el pasado—. Voy a dejarlo a un lado.
luego apoyó la cabeza en mi hombro. —No me hagas caso, ¿vale? Llegué
tarde a casa la noche anterior y mamá había estado esperándome porque
quería hablar de un tipo que había conocido, y entonces ella se enfadó por
estar soltera y sin trabajo y ahora ella es... es un desastre. ¿Qué pasa si
termino como ella, rocio?
--nunca construirías toda tu vida alrededor de otra persona —
dije—. Eres muy fuerte, sabes lo que quieres, y como salir y conseguirlo.
—Perdí todo ese peso —dijo lentamente—. Y tengo a pablo. Y voy a ir a Nueva
York con eugenia. Siempre quise mudarme a Nueva York.
—¿Ves? —Dije, ignorando el pinchazo de dolor por la forma en que yo
todavía no era la persona con la que quería mudarse a Nueva York—.
—Bueno, la vida de nadie es perfecta —dijo—. Las cosas malas suceden, ya
sabes.
—De acuerdo —dije despacio—. Pero este año ha sido realmente malo. Me
refiero, en primer lugar no me hablas durante meses, y luego mi padre
renuncia a su trabajo. Además, mamá trae a la abuela con nosotros...
—Espera un minuto. ¿Qué yo no te hablé durante meses? ¡Tú nunca
intentaste hablarme!
—Lo hice, y me ignoraste por completo. ¡Actuaste como si no existiera! —No
había querido gritar, pero ¿cómo podía decir que no lo hice? ¿Cómo podía
actuar como si yo no hubiera tratado de ser su amiga?
—Lo hice una vez, quizá dos veces, y quizá esto tendría que ver con que
había cambiado mucho y que mi mamá estaba molesta porque yo había
estado fuera durante mucho tiempo y yo... yo sólo estaba tratando de hacerle
frente, ¿sabes?
—Pero te veías feliz y tú... dijiste que hablaríamos pronto y entonces era
como si nunca me hubieras conocido en lo absoluto, además hiciste cosas
como reírte de mí cuando eugenia habló de mi padre.
—Está bien, no soy perfecta —murmuró—. Lo entiendo. Tú y pablo podéis
formar el club ―mery Apesta.
—No pienso que apestes, sólo... ¿Estás llorando?
—No —replicó ella, frotándose los ojos, y después suspiró—. Estoy siendo
una perra total, ¿no? Sólo estoy cansada y anoche pablo coqueteó con algunas
estúpidas estudiantes de primer año justo frente a mí y... —Ella emitió un
sonido ahogado y se secó los ojos de nuevo—. ¿Por qué no me quiere lo
suficiente como para estar sólo conmigo? Sé que esto es porque solía ser
gorda. Si tan sólo pudiera hacerle olvidar y a todos los demás lo que solía
ser, entonces las cosas serían perfectas.
—Creo... Creo que ese tipo, pablo, es un idiota —dije—. Quiero decir, sé que
lo amas, pero te trata tan mal...
—No lo entiendes —dijo mery—. Sé que estás tratando de ser agradable, pero
simplemente... no lo entiendes.
—¿Eres feliz con él? —Mi garganta se sintió apretada por las lágrimas y algo
más, algo que se sentía como rabia.
—Él es pablo.
—Sí, pero ¿eres feliz?
—Podría serlo —dijo ella—. Es sólo... que puedo sentir a la chica gorda que
solía ser siguiéndome, ¿sabes? Me gustaría poder deshacerme de ella.
—Pero lo haces.
—No —dijo, mirándome directamente—. No lo hago. Sigo siendo yo, rocio. Lo
sabes. En el fondo, sigo siendo yo.
—Pero eres genial.
Ella negó con la cabeza. —No quiero hablar de esto. ¿Qué hiciste anoche?
—Yo... fui a una cita. —Demasiado para mí que no sé nada de chicos, pensé, y
miré su rostro, sin saber cuál sería su reacción
—¡rocio! —Me agarró las manos, sonriendo—. ¿Por qué estábamos hablando
de mí? ¡Cuéntamelo todo! ¿Qué te pusiste?
Esta era la mery que conocía. Le devolví la sonrisa. —Unos jeans azules y mi
camisa.
—Oh, eso está bien. ¿El pelo?
—Como éste. Bueno, quiero decir que lo cepillé y esas cosas.
—¿A dónde fuisteis?
—Al parque.
Sus ojos se ampliaron.
—No para eso —dije, y reí mientras ella se aguantaba la risa—. ¡De verdad!
Sólo hablamos, te lo prometo. Gaston y yo hablamos por horas, en realidad.
Bueno, y comimos tacos. Y nos besamos un poco.
—¿gaston?
Asentí con la cabeza. —Sé que solía decir que era un imbécil, y sé que el año
pasado él...
—¿Conectó con casi todo el mundo?
—Sí, pero él...
—No es sólo el año pasado, rocio. Este año he escuchado tantas cosas...
Negué con la cabeza. —¿Con cuántas chicas le has visto actualmente?
—Algunas —dijo mery, sonriendo como lo hacía cuando estaba enfadada—.
¿Por qué estás tratando de defenderle? Conseguiste gustarle, pero tipos
como él no cambian, y todo el mundo sabe que él se pierde con cualquiera
que tenga pulso.
—¿Al igual que todo el mundo sabe cómo de perfectos y felices sois tú y
pablo?
—Bueno, algo así —dijo mery, su sonrisa se apagó y su expresión estaba
completamente cerrada, como se ponía cuando estaba muy molesta.
—No te enfades. Es que gaston es realmente agradable, y creo que tal vez...
—No —dijo ella, sacudiendo la cabeza. No parecía que estuviera enfadada,
sólo triste, como si supiera algo que yo no—. Sé que piensas que estuviste
con él, pero una cita real es más que ir al parque y...
—Sé lo que es una cita, lo creas o no. Salimos, mery, y hablamos. Realmente
hablamos, y me gusta. Incluso iba a llamarle y decirle lo de mamá y papá esta
mañana, pero...
—Está bien, tienes que parar. No voy a discutir sobre la cosa de la cita
contigo nunca más, pero prométeme que no harás eso.
—¿Por qué?
—Porque no vas por ahí hablando con chicos como gaston o pablo, cosas como
esa, nunca. Ellos no saben qué hacer y les hace actuar raro y luego ellos te
plantan por estar de mal humor o lo que sea que quieran decir. ¿Crees que
pablo lo sabe todo sobre mi madre? Los chicos no pueden manejar cosas
difíciles.
—¿Así que ahora pablo y gaston se encuentran en la misma categoría? Eso es una
sorpresa, quiero decir, que con gaston podría ser terrible y todo. Y sólo porque
pablo no te eche una mano... —Me callé cuando los ojos de mery se redujeron.
Nos miramos la una a la otra por un momento, y luego su teléfono sonó.
Ella lo miró, y luego a mí, y sabía que no debería contestar. No cuando
estábamos hablando de cosas como estas, reales. No cuando nos estábamos
diciendo cosas que teníamos que habernos dicho hace años.
Pero lo hizo.
Ella contestó su móvil y despareció, volviendo a su dormitorio, dejando
fácilmente nuestra conversación atrás. Dejándome a mí fácilmente atrás. Me
senté allí, en shock y herida.
Y enfadada.
—No, yo no estoy haciendo nada —la escuché decir—. ¡Por supuesto que
quiero que vengas! ¿Ya no lo hemos hablado? Síp, tan pronto como puedas.
¿Qué? No, tú lucías grandiosa la noche pasada. Esos jeans son increíbles.
Desearía tener un par.
Ella debe de estar hablando con eugenia, y aún cuando he escuchado a mery
burlándose de lo obsesiva que era eugenia, sonaba como si eugenia fuera su
mejor amiga. Y también sonaba como…
Bueno, ella sonaba como el tipo de persona de la que se hubiera podido
burlar el año pasado.
—Lo siento —ella dijo, volviendo al salón—. Tengo algunas cosas que
necesito hacer así que…
—Así que quieres que me vaya de aquí antes que venga eugenia y me vea.
—¿Has estado escuchando mi conversación? —mery parecía furiosa.
—No, quiero decir, he escuchado algo, pero yo no tenía la intención hacerlo.
—Eso es un poco feo. No, realmente, es horroroso.
—¿Piensas que quiero escucharte hablando con eugenia? —Dije—. Oh, eugenia,
¡eso suena grandioso! ¡Oh, luces increíble! ¡Estoy totalmente de acuerdo con
todo lo que dices porque yo no pienso por mi misma!
—Wow —Dijo mery, cruzando sus brazos sobre el pecho—. Gracias por venir
y burlarte de mí. Deseo que todos mis amigos sean tan buenos como tú.
—Pero tú… tú no estás actuando como la Mery que yo conozco. Has hablado
con eugenia exactamente como decías que las personas solían hablarle a ella…
y como tú nunca lo harías. ¿Recuerdas? Tú dijiste que ellos eran estúpidos, y
que tú nunca querías ser como ellos.
—Correcto, porque es muy divertido ser gorda y desagradable y no tener
amigos. ¿Por qué quiero ser bonita e ir a fiestas y tener un novio y salir con
personas que importan? Una cosa era cuando yo era como t… —Se contuvo,
mirando hacia su móvil y mordiéndose el labio.
—Era una cosa cuando tú eras como yo —dije tranquilamente—. Así que cada
vez que dijiste que la popularidad era una broma, y que tú nunca quisiste ser
como eugenia o, peor, ser su amiga, ¿no lo decías en serio?
me miró. —Lo dije en serio. Odiaba el instituto, odiaba a las personas
como eugenia, odiaba la idea de la popularidad. Pero yo… yo también lo quería.
Yo quería ser alguien. Dije que no, que no importaba, pero nunca lo creí. En
realidad. No.
—Yo lo hice.
—Síp, pero esto no es acerca de ti. Nadie te llamaba ―trasero gordo‖ o ―carga
ancha‖ o se reían cuando entrabas a algún aula. Las personas iban a tus
fiestas de cumpleaños y tú tienes una casa, un hogar normal para ir cada día.
Yo tengo que ir a casa y cuidar de las personas que se suponen que deben
cuidarme a mí. Has ido de compras conmigo a todas las tiendas de chicas
gordas, pero tú nunca has tenido que comprar esas ropas, y cuando salimos
a comprar, nadie te mira cuando sacudes tu cabeza disgustada por esperar la
comida. ¿Por que querría yo ser esa chica otra vez?
—Pero yo… —Hice una pausa, sorprendida por lo enojada que ella estaba—.
Parecías siempre tan feliz. Tan segura de ti misma.
—¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Ser la chica gorda que siente lastima de si
misma? Ya he visto como eso tiene a mi madre.
—Si tú me hubieras dicho algo a mí…
—Claro. Porque cada vez que yo trataba de hablarte de cómo lucia, me
mentías y me decías que yo estaba bien.
—Pero yo no…
—¿Qué? —Dijo, elevando su voz—. ¿No lo decías en serio? ¿Sólo
estabas siendo amable?
—No, lo decía en serio. —Dije—. Tú eras mi mejor amiga y a mí no me
importaba como…
—¿Qué, cómo era mi aspecto? Bien, eso es noble por tu parte, pero a mí sí —
dijo—. Mira, tengo que estar lista para cuando venga eugenia, así que…
—¿Así que es eso? ¿Tengo que irme porque eugenia quiere venir a pasar el
rato? ¿Me echas de un lado porque no te dije lo que querías escuchar antes
del último verano, y porque tú piensas que no tenías ningún valor antes de
perder peso?
—Exacto, porque yo no estoy saliendo contigo en este momento ni nada. —
Ella sacudió su cabeza, ceñuda—. ¿Debería dejar de salir con todos y pasar
todo mi tiempo contigo? Te he dicho que tú eres la persona con la que puedo
contar porque sé que siempre estarás ahí para mí. ¿Que más quieres de mí,
rocio? Mira, está bien —dijo ella—. ¿Me llamas mañana?
Asentí con la cabeza, aun cuando las cosas no estaban bien para mí. Pero ella
acababa de decir que contaba conmigo, me recordé a mí misma. Eso significa
mucho.
¿Verdad?
—Hey —me llamó cuando me iba, me paré en el camino de su entrada y me
volví para mirarla.
—Si pablo me bota y eugenia deja de hablarme y me vuelvo gorda otra vez, tú
aun serás mi amiga, ¿verdad? —dijo ella.
—Siempre seré tu amiga —dije, y ella me sonrió, entonces se volvió y entró.
Empecé a caminar hacia casa. Sin mirar hacia delante o con lo que podría
encontrarme, por lo fui capaz de alejarme un poco. Estaba contenta de que
aún podía contar con mery.
mery, quien no había pedido que viniera o incluso que fuera por el trabajo
cuando estaba en el centro comercial después de aquella vez. mery, que
nunca llama a menos que llame yo primero. mery, quien no me quiere
alrededor de su nueva vida y amigos. mery, quien parece odiar todo acerca
de su vida y a ella misma este año, y quien me ha olvidado, a menos… bueno,
a menos que ella necesite a alguien que esté allí para ella.
mery, quien nunca dirá que lo siente por todo lo que ha pasado. Por cómo
nuestra amistad terminó anteriormente, por olvidarme. Por nada.
Me volví y caminé hacia la casa de mery.
Ella estaba sentada afuera cuando llegué, acostada en una de las 2 sillas de
jardín que ella había creado. Me acordé de cuando las obtuvo. Fue justo
cuando ella había cumplido los once años, y que había hablado con su mamá
para comprarlas para su fiesta de cumpleaños. Ella había invitado a todos en
nuestra clase, pero solamente aparecí yo. Pero al final la pasamos bien,
porque la mamá de mery nos dejó comer todos los bizcochos que había
comprado y luego nos sentamos en las sillas, agitando bengalas, mery y yo
escribimos nuestros nombres en el aire viendo las letras en llamas para luego
desaparecer.
eugenia estaba en la silla próxima a la de ella,
Parecieron no verme, aun habiendo pasado a mi lado.
eugenia levantó la vista, sonriendo, y agitó la mano hacia el coche. Ella me vio y
su sonrisa se desvaneció por un momento, luego afilando al tipo de sonrisa
que te hace doler el estómago. Vi como ella se volvió a mery, diciéndole algo.
mery, quien estaba mirando una revista, levantó la mirada.
Me miró. Sonreí y la saludé con la mano, y dije: —Sólo caminaba por aquí —
porque yo no la quería avergonzar ante eugenia.
Ella no dijo nada, ni siquiera saludó con la mano. Me miró y luego se volvió a
eugenia, y señaló algo en la revista.
—Hey, tú —dijo eugenia, y yo la miré—. Dile a tu padre que mi madre ya no
quiere catálogos de Perfect You, ¿entendido? Ella dijo que las notas que él ha
colocado acerca de su estúpida tienda son patéticas. —Ella se rió, y después
de un momento, mery también.
mery se rió de mí. Una vez más.
—¿mery? —dije.
—Oh, mira, rocio está molesta —Dijo eugenia—. Lo siento, cariño, no me he
dado cuenta que tú también estabas con el tema de las vitaminas. —Su voz
era alegre, pura maldad endulzada. ¿Era esto lo que mery quería ser?
La miré nuevamente, esperando que ella me mirara. Con la esperanza de que
dijera algo para demostrar que era mi amiga. Lo que fuera.
Pero ello no lo hizo, y allí parada, recordé algo más del décimo-onceavo
cumpleaños de mery. Ella había llorado. Había llorado porque ninguna de
esas chicas de las que todos querían ser amigos había ido, luego se secó los
ojos y dijo que los odiaba, antes de sollozar: ―¿Por qué no me quieren?‖
Ella siempre quiso estar donde está ahora. No vi cuándo y por cuánto tiempo.
No había visto lo infeliz que era. No lo había visto.
Ella no iba a mirarme. Ella no iba a hablarme. Ella puede haber dicho que aun
quería que yo fuera su amiga, y tal vez lo había dicho en serio, pero
realmente no quería ser la mía.
No pensé que ella fuera a decir algo cuando me volví para irme, y no lo hizo.
Y eso era. Nuestra amistad había terminado.
Quería sentirme libre. Quería sentirme orgullosa de mí misma por finalmente
poder ver lo que era tan obvio. Pero no me sentí ni libre ni orgullosa. Quería
volver atrás. Quería que fuéramos amigas como solíamos ser. Quería saber
por qué las cosas tienen que cambiar.
Quería saber por qué ella no me necesitaba. Por qué yo era tan fácil de
olvidar.

PERFECTO CAPITULO 11

La abuela se levantó, cuidadosamente doblando las blusas que estaba
sosteniendo contra sus brazos, y echó un vistazo hacia la cocina. —Creo que
iré a la cama.rocio, querida, ven conmigo.
—Hola, querida —dijo,
—. ¿Cómo estuvo el trabajo?
—Largo.
—¿Dónde vas a ir esta noche?
—Fuera.
Ella rió. —Querida, fui capaz de entender eso de tu extremadamente confusa
charla al teléfono más temprano.
—Tengo una cita. Con el chico que llamó antes, el que tenía mi zapato.
—Eso suena encantador —dijo, y miré hacia ella. Estaba sonriéndome, y
parecía genuinamente feliz.
—Supongo. Mamá va a estar molesta, creo. No le he dicho nada sobre gaston o
esta noche.
—Querida, no te preocupes sobre eso —dijo la abuela-- Hablaré con ella.
Visiones de pesadilla de mamá volviéndose loca cuando la abuela le
mencionara sobre la noche que había llegado a casa de una manera más o
menos despeinada, sin mencionar la llamada telefónica que hizo bastante
claro con quién me había estado despeinando, bailaron a través de mi
cabeza. —Yo lo haré.
--Hablaré con ella por ti más tarde, ¿está bien?estoy segura de
que ella quiere que tú salgas y pases un buen rato. ¿Qué vas a usar? ¿Qué hay
sobre esas encantadoras botas moradas que te compré?
—Yo, uh, las estoy guardando —dije—. Creo que podrían ser mejores para
más avanzado el año. —O nunca.
Para la hora que yo estaba lista, me había cambiado de ropa cuatro veces.
Bueno, cuatro veces agregando dos más. También, eran las siete de la tarde.
7:02, en realidad.
Fui a la sala de estar y me senté en el sofá, recordándome a mí misma que
nadie aparecía para una cita a la hora. O, al menos, eso es lo que he
escuchado.
—¿Para qué estás tan arreglada? —Dijo vicco, saliendo de la cocina con un
sándwich y sentándose a mi lado—. Espera un minuto… ¿vas a salir? Como,
¿con otra persona?
—¿Por qué estás aquí? ¿No deberías estar trabajando o yendo tras alguna
chica?
—¡Vas a salir! Awww, rocio tiene una cita, qué lindo. ¿Cómo se llama?
—vicco, querido, deja a tu hermana sola
vicco me lanzó una manta, y yo tomando represalias lo pateé y robé el
control remoto. Pronto, nosotros lo estábamos tirando hacia delante y hacia
atrás, cambiando de canales a máxima velocidad y volumen.
—Niños —dijo la abuela, y entonces, cuando la ignoramos, suspiró
dramáticamente y dejó la habitación. vicco y yo nos sonreímos mutuamente
por un segundo antes de comenzar a pelear sobre el control remoto otra vez.
—¿Hay alguien en la puerta? —llamó la abuela un momento después.
—. Creo que
escuché algo.
—Sólo silencio total de la tan-llamada cita de rocio —dijo vicco cuando tiró
con fuerza el control remoto lejos de mí—. Admite que arreglaste todo esto y
te dejaré tener la mitad del sofá antes de que yo salga.
Lo tomé de regreso. —Entonces, ¿le vas a decir a tu cita cómo un cliente hirió
tus pequeños sentimientos?
—No se preocupen niños —dijo la abuela, volviendo a la sala de estar—.
Abriré la puerta.
vicco y yo nos miramos mutuamente e hicimos rodar nuestros ojos. Le bajé a
la televisión, calculando que eso la haría feliz, y le hice una cara a vicco
cuando él tomó el control remoto otra vez.
—Perdedora —dijo, y cuando le saqué la lengua y le pegué con mi codo en el
costado, gaston entró en el cuarto, seguido por la abuela.
Perfecto. Simplemente perfecto.
—Oh, hey, tu cita apareció —dijo vicco, sonriendo ampliamente hacia mí—.
Supongo que no arreglaste toda la cosa después de todo.
Si las miradas mataran, vicco tendría una muerte lenta y espantosa. Pero no
lo hacían, entonces me conformé con aplastar su pie con el mío.
—Bueno, puedo ver que no deberíamos esperar a que rocio nos presente —
dijo la abuela—..
Gracias, abuela. La miré airadamente, pero por supuesto ella no lo vio.
—Hola, soy gaston —dijo gaston—. Creo que hemos hablado antes. Yo llamé…
—Oh, sí —dijo la abuela, radiante—. El joven con el zapato. Sabes, tienes
unos dientes encantadores. No que esté diciendo que no eres atractivo o algo,
tú sabes, aunque yo realmente encuentro los peinados de los jóvenes
bastante extraños estos días.
—Um, gracias —dijo gaston.
—Yo y gaston probablemente deberíamos irnos —dije, pero la abuela sacudió su
cabeza.
—Querida, estamos charlando —dijo, y sonrió hacia gaston—. Dime, ¿tuviste
frenillos?
La miré fijamente. ¿Por qué, oh, por qué, el universo me había dado una
abuela con el poder de hablar? ¿Por qué?
Gaston sacudió su cabeza, pareciendo un poco confundido. vicco me dio una
mirada comprensiva, lo que sólo mostraba cómo de malas estaban las cosas.
—Está bien, nos vamos ahora —dije—. Abuela, ¿puedes decirle a mamá que
me fui?
Y entonces, antes de que ella pudiera decir algo más, agarré el brazo de gaston
y me dirigí a la puerta. No corrí, porque eso se habría visto desesperado.
En cambio sólo caminé realmente, realmente, rápido.
Afuera, dejé caer su brazo, sobre todo porque yo quería seguir reteniéndolo
pero sabía que parecería extraña o desesperada, o quizás ambas cosas. Y
ahora mismo necesitaba aparentar ser normal. O lo más normal que pudiera
después de lo que había ocurrido.
—Perdón por todo esto. Mi abuela... bueno, es como que está su mundo y
después está el mundo real.
—Hey, al menos tu abuela te habla —dijo él, dirigiéndose a un coche
aparcado al final de nuestro camino. Lo seguí, y entonces estaba en el coche
de un chico. ¡Estaba en el coche de gaston!
Normal, me recordé a mí misma. Habla con normalidad. Desmayarte porque
estás en al auto de alguien, no es normal. —¿Tu abuela no te habla?
El sacudió su cabeza. —No. la madre de mi madre murió cuando yo era
pequeño, y la madre de mi padre no ha hablado con nosotros en años.
—Mi madre y mi abuela no se hablaron durante un tiempo cuando mi madre
era joven —le dije—. A veces pienso que ellas deberían haber continuado con
eso del silencio. Las cosas de familia son extrañas, ¿no? Todo el mundo sabe
acerca de mi papá y el asunto de sus vitaminas, pero nadie sabe cómo es mi
abuela de extravagante, y nunca he oído a nadie hablar en la escuela acerca
de tu... —Me callé.
Él me sonrió antes de salir a la calle. —Así que, tú escuchas cuando la gente
habla de mí, ¿eh?
—¡No! Quiero decir, yo escucho cosas a veces, pero es difícil no hacerlo, ya
que te has enrollado con la mitad de las chicas del instituto.
—Yo no me he enrollado con la mitad de chicas del instituto.
—Ok, con un tercio.
Él me miró durante un segundo y volvió a mirar la carretera. —¿Fue tu padre
despedido por intentar vender Perfect You durante una reunión, o porque
vendió a su jefe una botella de vitaminas que le hizo mal?
—¿Qué? Eso no fue lo que ocurrió. Él dejó su trabajo y entonces empezó a
vender todo el material de Perfect You.
—Pero yo oí...
—Escuchaste mal.
—Exactamente —dijo él—. ¿Ves lo que quiero decir?
Ahora yo lo miré a él, pensando en lo que dijo.
—Para que lo sepas, la regla de diez segundos entra en efecto —dijo gaston—.
Un segundo más y oficialmente estarás de acuerdo conmigo.
—Ya te gustaría —le dije—. Y, bien, estás diciendo que la gente inventa cosas
como el número de chicas con las que te has enrollado, pero te olvidas de
que te he visto en los pasillos del instituto.
—¿Con cuántas chicas me has visto este año? —Él me miró sonriendo—. Sé
que lo sabes.
—No lo sé. —Sí lo sabía. Cuatro—. Pero, ¿por qué la gente inventa cosas sobre
ti?
—¿Por qué la gente inventa cosas sobre tu padre? Me imagino que
necesitarán cosas de qué hablar.
—Qué profundo.
—¿Es esa tu forma de decir que estás de acuerdo?
—Esta es mi forma de decir que tú estás lleno de mierda.
Él rió. Y entonces no dijo nada.
—La regla de los diez segundos —le dije.
Él me miró. —Ok —dijo con voz serena—. Me he enrollado con muchas chicas
de primer año, con algunas ocurrió justo antes de comenzar las clases y yo…
no sé. Yo estaba saliendo mucho con pablo por aquel entonces e íbamos a
fiestas en las que todas las chicas querían arrojarse a él, e incluso pablo podía
manejar a varias a la vez, por lo que…
—Déjame adivinar. Tú lo ayudabas.
—Odio cuando me miras como si yo fuera algo que has encontrado en la
suela de tu zapato, rocio. Yo no te estaba mintiendo.
—Tú acabas de decir que te enrollaste con toneladas de chicas, después de
decirme que no.
—Fue el año pasado, y no fueron toneladas, o un tercio del instituto, o la
mitad de eso, ni siquiera algo como eso. Pero la gente habla y tú sabes cómo
es eso.
—Supongo que la próxima me dirás que sólo lo hiciste hasta que te diste
cuenta que en el fondo te odiabas a ti mismo, ya que estar con todas esas
chicas te hizo sentir menos vacío por dentro
—Wow, qué perspicaz —dijo en voz baja pero furiosa—. ¿Sabes lo que no
entiendo de ti? Por qué siempre piensas lo peor de mí, y por qué, a pesar de
eso, aún parece que te gusto. Al menos a veces. —Él encendió la radio,
subiendo el volumen tan alto que no había ningún modo que él pudiera oír
de lo que tenía que decirle.
Pero yo no tenía nada que decir. Me quedé allí sentada, preguntándome si
estaba en lo cierto acerca de mí ¿Yo siempre pienso lo peor de él?
Solía hacerlo, pero gaston era la única persona que me preguntó sobre lo de
mery. Él tampoco había dicho nada malo de mi padre, o incluso reírse de él y
aquel día horrible, cuando todos en la escuela se enteraron de la nueva
profesión de papá, él había sido la única persona que no se había
preocupado acerca de lo que había sucedido. Él sólo había querido saber si
yo me había escapado a llorar y si estaba bien.
Y cuando las cosas con merycomenzaron a cambiar, cuando nosotras
comenzamos a ser amigas de nuevo, él había sido una persona, la única
persona, en la que pensé en contárselo. Y últimamente, cada vez que pasó
algo, fue la primera persona en la que pensé. El primero con el que quería
hablar.
—Yo no pienso siempre lo peor sobre ti —le dije. En realidad tuve que
gritarlo, sólo que lo hice cuando la canción que sonaba era tranquila, así que
terminé sonando como… bueno, yo. Su boca se arqueó brevemente en las
esquinas, y luego se inclinó y apagó la radio. Ok, escuché eso. —Y entonces
no dijo nada más.
—Bien, ¿qué es esto? —dije cuando no pude aguantar más el silencio. Pienso
que duré aproximadamente treinta segundos.
—¿Qué es qué?
—Todo este silencio —Él se encogió de hombros.
—Ok, ¿así que yo soy la que se supone que tengo que olvidar todo lo que
dijiste sobre el año pasado? Quiero decir, tu admitiste que...
—¿Todo lo que dije? ¿Por qué incluso escucharías a un chico que usa a las
chicas para olvidar el vacío que siente?
—Mira, estaba enojada...
—Nunca lo habría imaginado.
—Y ahora tú estás enojado.
—Sólo digamos que tu pequeño discurso no me alegró el día...
—Yo no pienso que tú seas ese tipo de chico, ¿vale? Yo sólo… —Tomé una
respiración profunda. Era extraño, pero realmente no estaba acostumbrada a
hablar con nadie. Realmente hablar, quiero decir—. ¿Qué sucedió el año
pasado? Además de las cosas que ambos ya conocemos, quiero decir. Dijiste
que algo sucedió antes de empezar las clases...
Él estuvo en silencio por un momento.
—Mi padre —dijo finalmente—. Me entere que el hombre que nos había
dejado a mi madre y a mí cuando yo tenía seis años y que jamás se había
tomado la molestia de enviar dinero o incluso llamar, estaba viviendo en
Alaska con una mujer que quizás sea cinco años mayor que yo, y que ellos
habían tenido un niño. Él estaba tan orgulloso de su nuevo hijo que había
hecho una jodida página Web dedicada a él y entonces tuvo el descaro de
localizar el email de mi madre y enviarle un link para hacerle saber que él
había organizado su vida, y si, hey, ¿no estaba ella feliz por él y su nueva
familia?
—Oh.
—Sí, y yo... Mira, eso me hizo sentir mal. No estoy diciendo que esto sea
como una excusa por lo del año pasado porque... Bien, esto suena a algo que
él diría o que me imagino que él diría. Pero realmente apestaba que mi padre
finalmente apareciera en un puto e-mail acerca de su nueva familia, y que ni
siquiera dijera que lo sentía, o incluso preguntara... —Se interrumpió,
sacudiendo la cabeza—. No importa
Yo podría adivinar lo que él no había dicho. —Ni siquiera preguntó por ti.
—Ni una sola pregunta. Ni siquiera un ―dile Hola a gaston. Es como si se olvidó
de que existo, y el año pasado yo fui a la página Web y vi sus fotos y su
nueva familia y ni siquiera lo odio, ¿sabes? Yo quiero decir, bueno, lo hice,
pero más que eso, quería saber por qué nos dejó en primer lugar.
Yo asentí con la cabeza, pensando en cómo me sentí cuando vi por primera
vez a mery saliendo con Eugenia y lo mucho que deseé odiarla pero no lo
conseguí ni siquiera un poco. Sobre todo, quería saber lo que había hecho
para hacer que me olvide y por qué fue tan fácil para ella hacerlo. —Se lo que
quieres decir.
—¿Sí?
—Sí.
Y ahora sabía que había alguien más que entendía lo que era despertar una
mañana y darse cuenta que no le importabas a alguien. Es extraño que, de
toda la gente, fuera gaston.
Disminuimos la marcha y giramos al aparcamiento de la pizzería a la que
todo el mundo iba.
—¿Quieres entrar? —dijo él.
—No lo sé. En cierto modo siento que una conversación casual sobre las
preferencias de pizza y salsa no va a funcionar ahora.
—Sí —dijo él—. Podríamos conseguir una hamburguesa o algo y luego ir al
parque.
—Claro, porque yo no estaba escuchando cuando admitiste que gastaste un
montón de tiempo el año pasado haciendo cosas como ésta.
Su boca se arqueó de nuevo —Nunca he hecho esto.
—¿Qué, hablar antes?
—Qué graciosa —dijo él—. Quiero decir que nunca hice todo el asunto de las
citas y eso...
—Eso tiene sentido.
Él se quedó perplejo. —¿Por qué?
—Como sabías que las cosas iban a terminarse de todos modos, ¿por qué
pretender que funcione cuando no lo hace?
—Esta... no era la reacción que yo estaba esperando.
—¿Qué, quieres un aplauso?
Él rió. —No, Yo pensaba que tú, no sé, gritarías un poco más o algo.
—Pero tienes razón —le dije—. Las cosas en verdad se terminan. Quiero
decir, este año perdí a mi mejor amiga, a pesar que resultó ser sólo por un
rato, y luego mi padre renunció a su trabajo y ahora...
—Espera, ¿estás hablando con mery otra vez? ¿Por qué?
—¿Qué quieres decir con por qué? Ella es mi mayor amiga. ¿Tú odiarías a
pablo si él parara de hablar contigo?
—¿Si pablo no hablara conmigo? Creo que sería un sueño hecho realidad para
nosotros dos —Murmuró.
—Pero vosotros dos os abrazáis todo el tiempo y...
—Lo sé, usaba a pablo como cebo para las chicas.
—Eso no era lo que yo iba a decir.
—¿De verdad?
—Sí, Señorito Yo Creo Que Puedo Leer la Mente Pero No Puedo, lo que iba a
decir era… ¿no son vuestras madres amigas también?
—Ellas lo fueron, antes, cuando mi madre estaba en el catering los fines de
semana para ganar dinero extra y hacer todas las cenas de las fiestas de la
madre de pablo. Ahora ellas son socias comerciales, lo que quiere decir que la
madre de pablo gasta todo su tiempo elaborando los menús para que la gente
mire y mi madre gasta todo su tiempo preocupada sobre cómo va ha hacer
ella misma una cosa con masa de hojaldre para 60. Yo incluso tuve que faltar
a la escuela para echar una mano con algún brunch* porque la mamá de pablo
no puede ser molestada para hacer cualquier trabajo real.
Tenía el presentimiento que ese día fue cuando escuché a una de las
Jennifers especulando que él se había saltado las clases porque tuvo
problemas con una chica.
—Así que, ¿tú estás cabreado con pablo por culpa de su madre?
—No, yo estoy cabreado con pablo porqué él es un imbécil. Yo sólo… supongo
que me di cuenta que me estaba convirtiendo como mi padre en todo lo
relacionado con las chicas… bueno, y yo no quería, ¿sabes? Pero él no lo
entendió. Aún no. Además, él y su padre siguen diciendo que su madre va a
dejar de trabajar con la mía, y si eso ocurre, mi madre seguirá tratando de
mantener su negocio. Y ella no tiene la cantidad de dinero que tienen los
padres de pablo.
—Eso apesta.
—Sí. Ahora pablo me usa como tapadera cuando quiere zafarse de mery y… —
Él se interrumpió.
—Está bien, mery sabe que la engaña.
—Supongo que sería difícil no saberlo —dijo él—. ¿Y no le importa?
—Ella tiene miedo de que si ella dice algo, él la dejará. ¡Eh! ¿Cómo es que me
preguntaste por qué estaba hablando con mery otra vez?
—Debido a lo que ella hizo cuando comenzó la escuela, y porque tú no sueles
aguantar las estupideces de nadie.
—mery no… No es así.
Él me miró. Yo aparté la vista, mirando afuera por el parabrisas y sintiendo lo
que acababa de decir sonando extremadamente hueco dentro de mí, como si
no fuera cierto. Negué con la cabeza y volví a mirarlo de nuevo… —Hablando
de estupideces, te aguanto a ti, ¿no?
—Eso es porque tú quisiste salir conmigo.
—Yo no…
—Mentirosa —dijo él, y entonces me besó y me olvidé de todo por un
momento.
Nosotros acabamos por salir del parking de la pizzería para coger unos tacos
y comerlos en el parque. Aprendí que a gaston no le gustaba el guacamole (―Es
verde y pegajoso… ¿cómo es posible que sea una comida?‖). También supe
que su madre, antes de empezar con el catering, fue secretaria del padre se
pablo (―Probablemente sea otra razón por lo que el padre de pablo sea como un
culo en todo. Mi madre no está cerca para hacer todo su trabajo nunca más‖)
Y también supe por qué él estaba trabajando.
—Sabes lo que realmente apesta —dijo él después de tirar todo el guacamole
de su tercer taco de pollo—, es que se supone que yo tenía que conseguir un
aumento de sueldo después de terminar mi período de formación,
sólo para descubrir que la política de la empresa ha cambiado y ahora tengo
que esperar otros tres meses. Es un asco porque no es como que el alquiler
no se va a poner más barato.
—¿Alquiler? ¿En qué?
—Nuestra casa. Sabes, el lugar donde la gente vive. Tú debería haber
escuchado sobre ello.
Le di un golpe en su brazo. —¿Estás trabajando para ayudar a pagar el
alquiler de vuestra casa?
—Gracias por sonar tan sorprendida. ¿Tú trabajas para ayudar a tu padre,
verdad? ¿Es tan difícil de creer que yo esté trabajando para ayudar a mi
madre?
—No. Yo sólo… no lo sé. Yo siempre pensé que tú eras…
—Sí, ya sé lo que tú piensas de mí.
—¿Tengo permitido terminar la frase?
El sonrió, apoyándose en mí. —No sé. ¿Lo tienes...?
—Yo siempre pensé que eras un idiota, pero no lo eres. No todo el tiempo, de
todos modos —le dije, dándole codazos—. Tú... tú me sorprendiste.
—¿Yo te sorprendí? —El atrapó mi brazo con el suyo, deslizando su mano,
así la enredó con la mía.
—Sí. Tú no eres tan malo, ¿sabías?
—Te gusto —dijo él, sonriendo otra vez.
—Yo no dije eso.
—Bueno, fue algo cercano —dijo él, y me besó otra vez.
Para cuando dejamos el parque, ya eran después de las 11. Nosotros
teníamos que estar de vuelta en casa a las 11:20, y nos estábamos besando
cerca de… bueno, sobre dos segundos después de las 11:20.
—Me tengo que ir —dijo después de unos minutos, y luego me besó de
nuevo.
—Okay —dijo, unos cuantos minutos después de eso—, realmente me tengo
que ir. Se supone que debo estar en casa a las 11:30. Además, tengo que
levantarme temprano para ir a trabajar mañana. ¿Trabajas mañana?
Asentí con la cabeza, aturdida por los besos.
—¿Puedo ir a verte en mi descanso?
—No sé, ¿puedes? —dije, burlándome, y bien, tratando de sonar como si no
era la gran cosa lo que estaba pidiendo, pero por dentro estaba animada.
Se inclinó y rozó sus labios contra mi mejilla, moviéndose lentamente hacia
mi boca. —Eres tan linda cuando intentas se mala. Yo solía andar diciendo
cosas sólo para que me mires como lo haces ahora.
Me aparté de él frunciendo el ceño fruncido. —―Lindo es una de esas
palabras que la gente usa cuando saben que eres lo suficientemente
inteligente como para darte cuenta que ―tienes tanta personalidad, significa
―eres feo.
—Tu capacidad para recibir cumplidos es definitivamente una de las cosas
que más me gusta de ti —dijo sonriendo.
Me obligué a ignorar su sonrisa, pero era difícil. —¿Y qué quieres decir con
que solías decir cosas para que te mirase? ¿Fuiste mi fastidio
apropósito?
—Oh, por favor. Para ti y para mí, era coqueteo. Además, era la única manera
de hacerte hablarme.
—Me estás haciendo sonar como una idiota.
Él se inclinó y puso una mano a cada lado de mi cara y luego movió su boca
tan cerca de la mía que casi se besaban. —No creo que seas idiota —dijo y
luego me besó de nuevo.
—Entonces, ¿qué crees que soy? —le dije cuando nos separamos.
Se echo a reír. —Yo sólo pienso que tú eres tú.
—Eso no responde la pregunta realmente.
—Creo que eres terca, inteligente, un poco mandona y hermosa —dijo.
—No soy terca ni mandona. —¡Él piensa que soy hermosa! ¡YO!
—Tienes razón. Eres obstinada y ocasionalmente dominante.
—No eres gracioso —dije, intentado no reír. Lo hice de todos modos.
—Tienes una risa agradable también —dijo, y luego me besó de nuevo. Esta
vez no nos separamos hasta que su teléfono sonó.
—Perdona —dijo, moviéndose y abriéndolo de un tirón. Sonrió al ver la
pantalla y luego me lo tendió.
Voy a seguir haciendo esto hasta que llames y digas que vas camino a casa.
Mamá.
—Me encanta cómo lo ha firmado, como si no supiera de quién es —dijo.
—No puedo creer que ella escribió cada letra.
—Ella es algo psicótica sobre estas cosas —dijo—. Antes de que mi padre se
fuera, ella estaba trabajando para obtener su título en literatura. Tengo que
ocultar todos mis trabajos de literatura de ella. Oye, ¿esa es tu abuela?
Miré por la ventana y lancé un gemido. Mi abuela nos miraba desde la
ventana de la cocina, tenía una bata de seda color naranja que brillaba más
que la luz de la cocina. —Debo ir antes que ella venga y comience a hablarte
de los dientes.
—Así que, ¿la próxima vez debo presentarme con mis radiografías dentales?
—¿Quién dijo que habrá segunda vez?
—¿Quién dijo que no?
Me quedé en silencio un momento. Me gustaba la idea de salir otra vez. Me
gustaba la idea de tener otra noche como ésta.
—La regla de los diez segundos sigue vigente, ya sabes, así ahora tenemos
otra cita —dijo.
—¿En serio?
—Si quieres —dijo, mirándome con tanta intensidad que no tenía más
remedio que darle otro beso.
Y se lo dí.

PERFECTO CAPITULO 10

gaston no me habló el día siguiente. No me había dado cuenta, pero me había
acostumbrado a hablar con él, incluso si era sólo para pretender que estaba
fastidiándome mientras pensaba cosas como, ―¡Te he besado! ¡Me has
besado!, pero él no me preguntó acerca de las tareas ni se entrometió en
ninguna de mis conversaciones, ni siquiera cuando las Jennifers estaban
hablando. De hecho, cuando Jennifer M. me preguntó si sabía
cómo le podía ir mejor por millonésima vez y yo le dije ―sobornando, gaston
aún no dijo nada. Ni siquiera sonrió.
No lo vi en el trabajo tampoco. Pensé en ir para ver si estaba
trabajando, pero, ¿y si lo estaba? ¿Qué le iba a decir? ―¿Hola, sé que dije que
no quería salir contigo, y sé que sólo preguntaste porque habías quedado
como un imbécil, pero la cosa es, que te extraño?
Además, no lo extrañaba. No exactamente, de cualquier manera. Extrañaba
besarme con él. Y escucharlo hablar sobre el trabajo. Y la forma en que
nunca se burló de mi pésimo trabajo, e incluso de mi papá. Y la forma en que
me sonreía.
Y la forma en que siempre me sentía con ganas de sonreír cuando estaba con
él.
Ni siquiera estaba aliviada cuando llegué a casa, porque las cosas eran tan
diferentes ahora.

. —Trabajar ahí es duro —digo—, con la escuela y las
tareas y cosas…
—Cosas, ¿qué tipo de cosas?
—Sabes, cosas normales —yo había asumido que mencionar que era difícil
trabajar e ir a la escuela al mismo tiempo llevaría a algo de dinero.
—¿Cosas normales?
Supongo que estaba equivocada
—Bueno, veo a gente de la escuela en el trabajo, y me da vergüenza y… —
podía ver que estaba perdiendo interés porque ella asumía que papá dando
vergüenza era algo dado—. Está este chico. O estaba. Y no quiero volverlo a
ver…
—¿Un chico? ¿Por qué no quieres verlo?
—Estábamos, algo así como… saliendo —dije, porque sabía que ―besándonos
detrás del centro comercial no funcionaria con la abuela—. Y ya no lo
estamos.
—¿Por qué?
—Porque… sólo porque sí.
—Esa no es mucha razón, querida…
—Supongo que simplemente no soy el tipo de chica con la que los chicos
quieren estar. ¿Está bien?
Esperé a que la abuela dijera algo, pero ella simplemente se quedó viéndome
un rato.
—Quiero decirte algo —dijo finalmente, su voz baja—. Si tú te dices a ti
misma que no eres alguien, que no puedes convertirte en alguien ¿sabes qué?
Se convertirá en verdad. Tú tienes que decidir quién eres y qué puedes hacer
y luego ir tras lo que quieres. Porque, créeme, nadie te lo va a dar a ti.
—Abuela…
Ella me palmeó el brazo. —Piensa en ello, cariño, ¿está bien? El mundo te
noqueará lo suficiente. No tienes que hacerlo tú misma…
Después que ella se fue, llamé a mery porque no quería pensar en lo que la
abuela había dicho. Sólo necesitaba hablar con una amiga. Necesitaba hablar
con mi mejor amiga.
—Hola —dijo cuando contestó—.
—¿Cómo está pablo? —dije,
Resultó que Sam había pasado la tarde con otra después de haberle dado un
aventón a su casa al salir del colegio.
—¿Qué crees que signifique? —preguntó mery.
Tenía la impresión de que este momento no era el mejor para decir lo que
pensaba de pablo —¿Qué crees tú que signifique?
—Que se estuvieron besando.
—Entonces, tal vez deberías decirle algo a él…
—¿Como algún tipo de novia celosa? Yo ya sé cómo es él con cosas así. —
Sonaba enojada.
—Lo sé. Pero… bueno, ¿no crees que mereces algo mejor?
—¿Quién podría ser mejor que pablo? Él es el chico con quien todas quieren
estar…
—Yo no lo quiero.
—Tú sabes a lo que me refiero. Gente que tiene una oportunidad con él…
Alejé el teléfono de mi oreja y lo miré fijamente. ¿Acababa ella de decir lo
que pienso que dijo?
—¿rocio? —su voz estaba débil—. rocio ¿estás ahí? No quise decirlo como
sonó, lo juro ¿rocio?
—Estoy aquí. —Dije, mi voz estaba dura.
—No te enojes conmigo, ¿bien? Hoy con mi mamá fue… fue difícil, rocio.
Además, están todas las cosas con Sam, todo está muy difícil para mí en este
momento.¿Me perdonas? —ella sonaba tan
triste, preocupada incluso, y por mí.
—Sí, por supuesto —dije, mayoritariamente sintiéndolo, y completamente
sintiéndolo cuando ella dijo: —Gracias, rocio. Tú siempre me haces sentir
mejor. Eres una verdadera amiga, lo sabes. La mejor.
—¿De verdad? —dije, sobrecogida. ¡Ella acababa de decir que yo era su mejor
amiga de nuevo!
—Síp.
Tomé un respiro profundo. Ella acaba de decir lo que me había estado
muriendo por oír, y yo… bueno, ahora podía preguntarle esto. —Mira,
hablando de pablo… él ha… ¿él dijo algo acerca de lo que pasó en la fiesta?
¿Con gaston y yo, me refiero?
—No. Bueno, él sabía lo que pasó, por supuesto, porque Jennifer de hecho
fue corriendo hacia él y dijo que él tenía que ser el primero en saber. —Se
rió—. Si tratara un poco más duro, juro que explotaría. Es patético lo que
algunas chicas harían para tratar de conseguir que pablo las notara
—¿Pero gaston no dijo nada? —yo no sabía si eso era bueno o malo.
—No, pero tú sabes cómo es gaston, , toda su vida es básicamente
escapadas aleatorias. Así que, ¿por qué lo mencionaría, sabes?
Sentí mi corazón hundirse. Malo. Definitivamente malo.
—Además —dijo —, pablo dice que todo de lo que gastonhabla es ese
negocio que sus mamás tienen. Lo vuelve loco. Oh, ese es él en la otra línea.
Tengo que colgar, ¿bien?
—Seguro —dije, pero ella ya se había ido.
Pensé en todo lo que Anna me había dicho en la escuela, y estaba bastante
deprimida porque había pasado mucho tiempo, especialmente desde que gaston
no había hablado de nuevo conmigo. Me dije a mí misma una y otra vez que
sabía exactamente lo que gaston y yo éramos, no una pareja, ni nada, pero me
daba cuenta de que realmente era sólo otra relación que me lastimaba más
de lo que pensaba que podría. O quería.
En el trabajo, acabé sola la mayor parte de la tarde porque papá había
decidido dirigirse a los grandes almacenes nuevamente.
Pensar en la clase de bilogía me hizo pensar en gaston. Me preguntaba cómo le
habría ido en la prueba, y si estaba en el trabajo. Entonces me dije a mí
misma que dejara de pensar en él.
No funcionaba.
Era mucho sobre lo que pensar, y cuando papá finalmente volvió, dije: —Me
voy a tomar un descanso —y me fui.
Me dirigí al patio de comida, pero el olor de la pizza me hizo pensar en gaston y
terminé parándome fuera de ahí y mirando ciegamente un escaparate.
Tenía que dejar de pensar en gaston. Conseguí lo que quería cuando lo rechacé,
cuando terminé las cosas antes de que pudieran acabarme, y tenía los
recuerdos de liarme con él encima de eso.
Debería haber sido suficiente. Debería haber sido feliz con eso. Pero no lo
era.
Estaba enojada.
Tan pronto lo pensé, me di cuenta que era cierto. Estaba enojada. ¿Por qué
Gaston me había dejado plantada? ¿Por qué no podía simplemente ignorarme?
¿Por qué tenía que hacerme pensar que iba a pedirme salir de verdad?
¿Por qué me hacía pensar que le importaba?
Él no tenía que hacerlo. De hecho, nadie apuntaba un arma a su cabeza y lo
hacía besarme en primer lugar. Nadie lo forzó a salir esa noche de la casa de
Jennifer. Fue él quien me preguntó si iba a ir, después de todo, ¿y ahora no
podía molestarse en hablarme? ¡Yo era la que tenía todas las razones para
ignorarlo! Es decir, acabé hablando sobre el CLIMA por él.
Cuanto más pensaba sobre eso, más quería saber por qué había hecho lo que
hizo. Y no podía lastimarlo... pedir perdón, tampoco.
Además, aparte de todo lo que había pensado y sabía, yo... bueno, quería
verlo.
Así que fui a su trabajo. gaston estaba ahí, parado en el departamento de
calzado hablando con dos vendedores de alrededor de la edad de mi papá.
Me vio entrar en la tienda.
Lo sé porque me miró directamente. Y después, se dio la vuelta, y se marchó.
Los hombres mayores me miraron, y se giraron de espalda de él, sonriendo.
—gaston, ¿a dónde vas? —dijeron, con risa en sus voces, pero gaston siguió
caminando, dirigiéndose fuera de mi vista.
Los hombres mayores me miraron nuevamente.
—Hey, ¿qué le hiciste? —preguntó uno de ellos.
—No hice nada. Aún.
Ambos rieron, y decidí que me gustaban. —¿Pueden traerlo para mí?
—Esto debe ser bueno —dijo uno sonriendo, y el otro asintió antes de
gritar—, ¡Hey, gaston, la chica de la que escapaste está aquí esperándote!
Estuvimos de pie por un momento, y después se encogió de hombros y
dijo: —Supongo que no vendrá.
¿Esto era lo que iba a conseguir de él? Por favor. —¿Por qué no van a
buscarlo? Y cuando lo hagan, díganle que puede fingir que mi hermana no
está embarazada todo lo que quiera, pero cuando el bebé venga y tenga sus
dedos unidos*, no necesitaremos ninguna prueba de paternidad.
me miraron, y me refiero a que realmente me miraron. Bocas
abiertas, ojos abultados, sin palabras.
—Uh —dijo, y luego escuché una risa proveniente de la parte trasera
del departamento de calzado, cerca de una puerta que claramente daba a un
almacén. La risa de gaston. No la había oído en un tiempo, y era agradable oírlo
reír. Saber que todavía podía hacerlo reír.
¡No! ¡Estaba aquí para ser fuerte! ¡Para obtener respuestas y una disculpa!
—Disculpen —dije, y me dirigí al almacén.
Gaston dejó de reír cuando entré en el almacén, aunque una sonrisa todavía se
arqueaba en las comisuras de su boca. —No sabía que tenías una hermana.
—Yeah, bueno, es difícil para ella salir, con el bebé que viene y todo.
—Correcto. ¿Así que ellos corrieron a decirles a todos?
—Eso creo. Ellos se parecían a las Jennifers como hacen siempre cuando han
oído algo bueno.
Él rió. —No lo pensé nunca, pero lo hacen, ¿no? —empezó a dar un paso
hacia mí, después se detuvo—. ¿Qué estás haciendo aquí, rocio? ¿Pelear
conmigo en la escuela no fue suficiente? ¿Quieres hacerlo otra vez sobre el
interfono de la tienda o algo así?
—Probablemente debería —dije. Él suspiró, pareciendo herido.
—No hagas eso —dije, porque había esperado que luciera enojado, no
afectado—. No actúes como si nada de esto te molestara. Tú eres el que vino
detrás de mí en la fiesta de Jennifer y después actuó tan extraño en la
escuela que tuviste que invitarme a salir para que la gente no creyera que
eres un total imbécil.
—Espera, ¿has mencionado una cita?
—Supongo que debería haber hablado más despacio —murmuré—. Contaste
con que esos gestos pudieran distraerlos.
—No, espera —dijo él—. ¿Qué significa exactamente invitarme a salir?
—Sabes lo que significa —dije—. Y quiero saber por qué sólo no podías
dejarme sola.
—Mira, siento que mi humillación haya sido difícil para ti, pero ¡mensaje
recibido! No quieres salir. Lo entiendo.
—¿Tu humillación? ¡Tú fuiste el que fingió invitarme a salir!
—¿Quién dijo que estaba fingiendo?
—Oh, por favor. Fue obvio.
—Siento no invitarte a salir de una manera más aprobada por rocio, pero
quise decir eso.
—Seguro que lo hiciste.
—Lo quise decir, rocio —dijo, y me miró como lo hacía justo antes de
besarme, una mirada que había pensado que significaba algo. Una mirada
que había pensado que tal vez realmente le gustara.
—Bien —dije, furiosa otra vez. ¿Por qué tenía que hacerme esto a mí? ¿Por
qué tenía que hacerme pensar que yo le importaba?—¿Cómo es? Como,
¡totalmente quiero salir contigo! ¿Esa es una respuesta apropiada, o debería
empezar a gritar como si gané la lotería también?
—No te molestes —dijo a través de los dientes apretados, el aspecto que
había estado usando antes de reemplazarlo por una de total frustración—.
No quiero salir contigo cuando es obvio que no quieres salir conmigo.
—Lo sabía —dije, y para mi horror, sentí un fuerte escozor en mi garganta y
detrás de mis ojos—. Yo sólo... no importa. Esto fue estúpido.
Él me miró, y ahora lucía sorprendido y un poco preocupado, como si
hubiera comprendido algo. —Voy a ir a tu casa alrededor de las siete el
sábado —dijo él—, si quieres salir conmigo, sólo tienes que estar allí. ¿Bien?
—No sabes dónde vivo.
—¿Cómo lo sabes? —dijo él, y después se inclinó y me besó.
Volvía al trabajo con mis orejas zumbando por el shock de sus compañeros de trabajo—y
después sus risitas—Cuando nos hallaron a mí y a gaston en el almacén. Y el
resto de mí estaba hormigueando por todos los besos.
Y por el hecho de que tenía una cita. No era la gran cosa, ni nada. Sólo era
una cita. Con gaston.
¡Tenía una cita con gaston!
Yo estuve muy entusiasmada acerca de mi cita durante media hora, y luego
empecé a enloquecer. Pero entre la escuela y el trabajo y las rarezas en casa,
no tuve mucho tiempo para preocuparme.
Casi significaba que todavía tenía algo de tiempo y, sin embargo, resultó que
había mucho de qué preocuparse. ¿Qué iba a usar? ¿Estaba bien algo de lo
que yo poseía para una cita? Y, ¿qué pasa con mi pelo? ¿Debía tratar de hacer
algo con él, como atarlo? Pero, ¿y si haciendo eso hago que mis orejas luzcan
grandes o que mi cara parezca torcida?
¿Qué pasaba si mi cara estaba torcida?
Y, lo más importante, ¿qué es lo que ―cita‖ en realidad significa? ¿Era una cita
real? ¿O era una por piedad, para compensar la forma en que me había
tratado en la escuela?
Yo no quería una cita por piedad, pero estaba bastante segura de que esta no
era una, aunque estaba también segura de que no lo había querido decir
primero cuando realmente me invitó a salir en la escuela. Pero cuando él me
invitó a salir otra vez, nadie nos había visto o le hizo sentir que tenía que
hacerlo, así que lo hizo realmente. A pesar de que había ocurrido sólo
después de que había sido básicamente acorralado en el trabajo.
La verdad era que yo no sabía qué pensar. Así que lo evitaba.
Sabía que era la peor clase de estúpida, pero no podía evitarlo.
Quería algo en mi vida que no se terminara o fuera extraño o ambas
cosas. Quise fingir que mi vida era normal, que yo era normal.
Además, tenía muchas ganas de salir con gaston.
Naturalmente, ya que esta no era yo, no funcionó, y la noche del viernes, gaston
llegó por al stand.
—Oye —dijo gaston—. No te he visto mucho por alrededor.
—He estado ocupada —le dije, y luego añadí—, en casa y esas cosas, ya
sabes. —Ya que era evidente que no había un enjambre de clientes acudiendo
alrededor de la cabina.
—Claro —dijo, y dio unos golpecitos con los dedos sobre el mostrador. Hoy,
su etiqueta con su nombre, decía NO HAY YO EN EQUIPO*.
—Linda etiqueta de identificación —le dije, desesperada por cambiar de tema
a algo ―cualquier cosa‖ que no estuviera remotamente relacionada con la cita.
—Conseguimos el ―no hay yo en equipo‖ ayer —dijo, sonriéndome—. Fue
muy motivador. Hubo incluso un video.
—Hey rocio —gritó papá, que apareció al final del pasillo que conducía hacia
fuera a la parte principal del centro comercial, como si de alguna manera el
universo supiera que quería que estuviera aún más incómoda y
avergonzada—. ¿Tenemos todavía más de los Geles de Ajo? Sé que tenemos
abajo nuestra última botella.
Negué con la cabeza hacia él, y sentí mi cara enrojecer cuando gaston echó un
vistazo a todas las botellas de los geles de ajo apilados en la parte superior
de la vitrina.
—Táctica de venta —le dije.
Para mi sorpresa, no se rió, sólo dijo: —Hacemos algo como eso cuando
tenemos los zapatos que no podemos vender. Las etiquetas que dicen ―¡Sólo
unos cuantos pares a la izquierda!‖ y esas cosas.
—Oh —dije, sorprendida porque estaba siendo tan fresco sobre mi padre, lo
que significaba que mi padre decidió regresar en ese momento y
avergonzarme más.
—. ¡Hola,compañero empleado del centro! Trabajas en el mall, ¿verdad?
gastonasintió con la cabeza.
—Me lo imaginaba —dijo papá, como si darse cuenta del uniforme de gaston
fuera un logro importante—. Te ves familiar.
—He estado aquí antes —dijo gaston, y le tendió la mano—. gaston.
Papá se la estrechó, con el rostro iluminado. —¿gaston? ¿Es tu padre, Dan
? Porque si lo es, me encantaría hablar con él acerca de hacer una
promoción con su concesionario de Ford, porque…
—Mi padre es pescador.
—¿En serio? —Dijo papá—. Yo no sabía que había pescadores aqui.
Quiero decir, está el lago, pero es tan pequeña y oigo que la contaminación…
—Él vive en Alaska.
—Oh, eso tiene más sentido —dijo papá—. Hay muchos peces allí. De hecho,
una vez conocí a un chico que trabajaba en una fábrica de conservas en
Alaska y me dijo que…
—Papá —le dije, interrumpiéndolo—, gaston tiene que regresar a trabajar.
—¿Tengo? —dijo gaston, y luego me miró—. Oh, claro. Yo tengo.
¿estaría bien si rocio regresara a mi trabajo conmigo?
—Por supuesto —dijo papá—. De hecho, he estado tratando de sacarla de
aquí últimamente, pero ella sigue insistiendo en que no puede tomar un
descanso, que creo que no es saludable, pero…
—Papá —le dije otra vez. ¿Es posible morir de vergüenza? Porque si lo fuera,
yo estaba por hacerlo.
—Está bien, voy a estar tranquilo —me dijo papá, y entonces le dijo a gaston—,
qué etiqueta de identificación tan agradable, por cierto. Muy creativo.
—Gracias —dijo gaston.
—Muy bien, vamos ahora —le dije, mirando a papá. Días de fingir que me
importaba la escuela y sentarse en la cabina estúpida para nada, y ahora
tenía una nueva preocupación. ¿Qué pasa si, después de todo lo que acababa
de suceder, gaston decidió suspender la cita?
Miré por encima de él. Miraba al frente, sin mirarme. Genial. Definitivamente
me iba a decir que la noche del sábado estaba cancelada.
Supuse que sería mejor tratar la situación como un vendaje y simplemente
rasgar. Y terminarlo todo. Terminarlo antes de que yo pasara más tiempo
pensando en lo mucho que quería ir con él.
—Mira, acerca del sábado… —le dije.
—Es por eso que me estás evitando, ¿verdad?
—¿Qué quieres decir? —yo no había esperado que él se diera cuenta.
—Bueno, no te he visto desde que te invité a salir, así que...
—He estado en la escuela —dije, y cuando gaston me dirigió una mirada
extraña, añadí—, bueno, yo he estado ahí. Y luego está el trabajo. Además,
todo en casa ha sido una locura. Como, en serio loco. Es decir, conociste a mi
padre. Ahora imagina toda una casa llena de gente así.
—Tu papá me parece bien. Y apuesto a que nunca te haría ver un video sobre
el trabajo en equipo.
—No, sólo los infomerciales de vitaminas.
Me sonrió. —Tuve que sentarme en una presentación de treinta minutos
sobre la forma de medir los pies.
—Tengo un sombrero de zanahoria.
—¿En serio?
Asentí con la cabeza. Se aclaró la garganta. —Yo... Mira, ¿me estás evitando?
Quiero decir, si no quieres salir conmigo…
—Quiero salir contigo —le dije y era cierto, pero wow, la verdad sonó como
que realmente me gustaba. Y realmente me gusta. Me gusta mucho. Pero yo
no quería que me gustara mucho. Tenía miedo.
Además, tal vez debería haberle dejado terminar la frase. ¿Y si él iba a decir:
―Si no quieres salir conmigo, eso está bien conmigo porque yo no quiero salir
contigo‖?
—Oye —dijo gaston, tocándome el brazo—. Yo... también —miró hacia la salida
del centro comercial, y luego a mí—. ¿Quieres…?
Yo sabía lo que estaba pidiendo. Quería ir a besarse conmigo. Mi corazón
comenzó a martillar en el pecho. Quería darme un beso. Y ¡salir conmigo!
¿Por qué había estado evitándolo otra vez?
—¡rocio! —papá me gritó. Miré hacia atrás y lo vi agitando frenéticamente los
brazos hacia mí. Genial. Habló de mí sobre no tomar descansos y ahora...
Suspiré y volví a mirar a gaston. Tenía la cara roja. No tenía ni idea de por qué,
pero era lindo.
—Creo que será mejor que vaya —dije y empiezo a alejarme antes de que
papá decida gritar más, o peor, venir detrás de mí.
gaston agarró mi mano.
—¿Nos vemos mañana? —dijo, y la sonrisa que me dio cuando dije ―Está
bien‖, me envió flotando de vuelta al stand.
—¿Qué tiene de malo? —le pregunté a papá cuando llegué. Él había dejado de
agitar los brazos alrededor, pero me miraba muy fijamente.
—¿Era gaston la persona de la escuela con quien te encontraste el día en que
vendiste los caramelos masticables de chocolate?
—¿Qué? —¿Desde cuándo había desarrollado una memoria papá?
—Tú sabes, el día que vendiste el Perfect You especialmente formulado para
niños, los que tienen la canción. ―Elija Perfect You Chocolate masticable…‖
—Papá, no cantes. Y sí, vi a gaston ese día.
—Empezaste a organizar el espacio de almacenamiento de alrededor
entonces, ¿no?
—Creo que sí.
Me dio una mirada. —¿Ustedes dos tienen un asunto?
¡Los padres! —¿Un asunto? Papá, EW.
—¿Lo tienen?
—Vamos a salir mañana por la noche. No es gran cosa —quise decir, que lo
era, pero evidentemente no podía decírselo a mi papá.
—Eres mi hija. Todo lo que haces es una gran cosa. Y nada más de irse y salir
con los muchachos cuando se supone que estás trabajando, ¿de acuerdo?
—¡Papá!
Él me sonrió. —No soy tan tonto como parezco, ¿verdad? Ahora, ¿has visto
mi pluma?
Yo le devolví la sonrisa a él. —Está detrás de tu oreja, Einstein.

PERFECTO CAPITULO 9

Por la mañana, vi a mery. Y ella me vio.
Sé que lo hizo, porque ella me miró justo a mí. Después miró hacia otro lado,
como si hubiese olvidado todo otra vez.
Por un segundo, la odié. Quiero decir, realmente la odié. mery y yo habíamos
hablado, y pensaba que las cosas se habían arreglado, o al menos, más o
menos arreglado entre nosotras. Entonces ¿por qué ella estaba haciendo eso?
Fui a mi taquilla, metí mis libros e ignoré todo lo que había a mi alrededor.
No quería saber si la gente me estaba mirando o si estaban hablando de mí, y
cuando el timbre sonó y se vació el pasillo, también ignoré eso. mery podría
tener su nueva perfecta vida, para lo que me importaba. Era su pérdida.
Realmente.
Ahora, si sólo pudiese creérmelo.
—¿rocio?
Era mery. mery, justo detrás de mí, como ella andaba conmigo todo el
tiempo, y sentí cómo mi furia se evaporaba mientras la veía morderse el
labio, claramente enfadada.
—No tengas piedad de mí —ella dijo—. Vi tu cara cuando entraste. Quería
decirte algo, lo juro. Yo sólo...
Se rompió y miró hacia el suelo, y cuando volvió a hablar, susurró.
—Estoy aterrada, ¿okay? Sé que es estúpido, pero no paro de pensar ―¿qué
pasaría si pablo me viese como realmente soy?. Quiero decir, he perdido peso
y eso, pero realmente no me importan las reuniones vitales, y echo de menos
el coro y me pongo tan mal al oír sobre la nueva ropa de eugenia o a quién odia
hoy que a veces sólo quiero gritar.
—Yo creo que si pablo te oyese cantar, no le importaría que estés en el coro.
Ella me miró.
—Okay, a lo mejor le importaría un poco —dije—. Pero puedes hacer lo que
quieras, puedes ser lo que quieras. ¿Te acuerdas cómo antes lo solías decir?
—Sí, y mira qué bien me ha venido eso. —Su voz era plana. Enfadada.
—Sólo quería decir...
Ella negó con la cabeza. —No te preocupes por eso. Esta mañana está sólo
estresándome. Me perdonas, ¿verdad? ¿Por favor? No quiero que me odies.
Me volvería loca si no supiese que podría contar contigo y que estás ahí para
mí.
—¿Desde cuándo tú no has estado loca? —dije, sonriéndole, y me sonrió de
vuelta, sus ojos brillaron.
—Hablando de locuras, ¿hay algo que quieras decirme, de cierta fiesta y
cierto chico que creía que odiabas? ¿De verdad tú y gaston fueron sorprendidos...?
—¡No lo digas!
—¡Es verdad! ¿Por qué no me lo dijiste ayer?
—Iba a hacerlo, pero... —el timbre sonó, cortándome.
—Mierda. Bueno, los detalles después, porque ambas... bueno, hablaremos de
locuras, ¿verdad? —mery dijo mientras miraba al pasillo.
Asentí, aún sabiendo que no me veía, y me volví hacia mi taquilla, tratando
de ignorar la mezcla de sentimientos, el dolor y el enfado que sus palabras
me habían creado. mery me había hablado en el colegio. Ella me había dicho
que necesitaba saber si iba a estar allí para ella.
A lo mejor las cosas no habían vuelto a ser lo que eran, pero sabía seguro
que mery y yo éramos otra vez amigas, y eso era lo que quería. El último
timbre sonó, pero no me moví, estaba todavía procesando todo lo que había
pasado.
Y paralizada por lo que me temía que iba a pasar cuando finalmente termine
el primer período, donde tendría que hacer frente a gaston.
Mientras caminaba con dificultad hacia mi primer período de clases, mi
visión se puso borrosa y prácticamente podía escuchar a mi corazón golpear
fuertemente. Se hacía cada vez peor a medida que me acercaba más a la
clase, y para cuando lograra llegar, estaba convencida de que si gaston estuviera
tumbado en el suelo desnudo, no lo notaría porque estaría muy ocupada
muriendo.
Estaba equivocada.
Eso fue porque gaston no estaba en el salón. O desnudo. Estaba de pie en el
vestíbulo, escuchando a Jennifer T., quien claramente lo tenía acorralado.
Mientras Jennifer M. vigilaba, ella me vio y entonces le dio un codazo a
Jennifer T., todo mientras me movía para pasar por la derecha de ellos, hacia
el salón.
gaston claramente estaba intentando imaginar por qué lo tenían acorralado en
esa posición en contra de la puerta, mirando alrededor. Cuando me miró, se
veía casi tan extraño como yo me sentía. Como si estuviera pensando
claramente ―oh-mierda-en-qué-estaba-pensando-el-viernes-por-la-noche.
Genial. Ya sabía que los tenía, porque no me había llamado de vuelta, pero
aún así.
—Hola —me dijeron ambas Jennifers, y entonces retrocedieron hacia el salón,
dejándonos a gaston y a mí solos. Nos miramos por unos segundos.
Él fue el primero en hablar. —Hola.
—Hola —mi voz sonó con una relativa normalidad, y sentía mi corazón
retumbar incluso más fuerte. Tal vez no iba a cortarme. Tal vez iba a decir
algo increíble.
—¿Lista para el examen?
O no. —Supongo. ¿Y tú?
Podía ir más allá, pero no quise. Toda la conversación, la cual probablemente
duró unos largos diez segundos, pero se sintieron como si fuera una
eternidad, fue cortes e insípidamente dolorosa. Y entonces el profesor
apareció, oliendo a cigarrillos y preguntando encolerizadamente: —¿Han
notado que sus asientos están dentro del salón, verdad? —estaba feliz de
verlo.
Anduve a tientas a través de mi examen, intentando recordar lo que
supuestamente tenía que aprender, pero en su mayor parte estaba pensando
en lo que significaba la no-conversación que había tenido con gaston. Digo,
sabía que no había sido una buena conversación, pero me había hablado.
Claro que no fue como si tuviera mucha opción, considerando que Jennifer T.
y M. lo habían atrapado dando vueltas por ahí cuando yo había aparecido.
—Señorita, ¿su examen?
—¿Qué? —miré hacia arriba y vi al profesor esperando impacientemente en
mi escritorio.
—El timbre sonó. ¿Su examen?
Se lo entregué.
—Gracias, le sugiero que estudie un poco más en el futuro
Cogí mi mochila, teniendo cuidado de no mirar a gaston, o al menos de no
mirarlo de forma obvia.
—rocio —dijo mientras cogía sus cosas y caminaba hacia mí—. Siento lo de
antes. Las Jennifers en cierto modo me acorralaron, y sabes cómo es eso.
Me dirigí hacia la puerta. —Síp, vi tu cara. Deberías dar las gracias de que
nunca has ido de compras con ellas.
No sabes lo mucho que me costó decir eso, actuar como si no doliera no
mencionar lo del sábado por la noche, pero los años de desilusiones me
entrenaron bien, y no iba a abatirme otra vez. Gaston no iba a abandonarme,
porque yo iba a ir con cuidado, así de simple.
—¿Estás enojada? —dijo mientras me disponía a entrar en el vestíbulo.
—¿Qué? —¿De dónde vino eso?, nunca podría entender a los chicos—. ¿Sueno
enojada?
—Un poco.
—No lo estoy —dije apuradamente. ¿Por qué no se iba?, ya lo había alejado.
¿Qué más quería de mí?
—Oh, está bien. Es sólo que... nunca me llamaste de vuelta y tu abuela, quien
se ve realmente agradable, dijo que lo harías. —Buscó dentro de su mochila y
sacó una bolsa de compras de plástico—. Aquí está tu zapato.
—Gracias. —Lo apiñé dentro de mi mochila, mi mente corría. ¿La abuela le
había dicho que lo llamaría? Pensé que la cosa de ―Querida, llámalo había
sido un intento de consejo. ¿Por qué simplemente no dijo, ―Dijo que lo
llamaras, como una persona normal? —Ella no me dio tu mensaje
exactamente.
—Bien, le dije que tenía tu zapato y que si podías llamarme.
—¿Así que planteaste un rescate?
El rió —No. Pensé… —Habíamos caminado fuera del vestíbulo ahora, y podía
ver a la gente observándonos. Considerando al vernos si realmente estaba
empezando a salir con el deportista más popular .Vi que gaston miró alrededor, lo observé cuando notó que nuestra conversación
se había vuelto pública. Muy pública.
—Creo que el examen estuvo fácil —dijo, dos puntos rojos aparecieron en su
cara y arrojó un ―Después antes de alejarse.
Y así terminé de pie sola en el corredor, mirando sin duda cómo había sido
rechazada por un tipo del que estaba segura de que había unos rumores de
mí concibiendo trillizos con él. La peor parte, es que no había nada que
pudiera hacer sobre eso, y todavía tenía el resto del día por pasar. Diablos,
tenía el resto del año por pasar, sin mencionar el resto de la escuela
secundaria.
Incluso gaston me había rechazado, al menos eso había terminado. Habíamos
terminado. Me dije a mi misma que la sensación de ardor en mi garganta y
detrás de mis ojos, era por el examen que acabada de realizar, y no por
alguien más.
Logré hacerlo hasta el final del segundo período, pretendiendo que no veía a
nadie observándome, pero entonces me topé con gaston otra vez. Estaba en la
entrada del salón cuando terminó la clase. Se veía como si se hubiera peinado
con un tenedor, y hubiese dicho que él quería decir algo diferente antes.
—¿Oh? —dije, mi estúpido cerebro se agitaba con fantasías de él
enrollándome en sus brazos y besándome mientras la gente tiraba flores y
alguien me pasaba las llaves de un automóvil nuevo.
—Sí —dijo, y echó un vistazo alrededor. Una vez más, muchas personas
estaban mirando—. Así que... ¿cómo crees que te fue en el examen?
Si sólo el mundo se hubiese terminado entonces, pero no lo hizo, así que gaston
y yo abordamos lo del examen otra vez.
Y entonces, después del tercer período, lo vi una vez más. Esta vez él se veía
como si se hubiera peinado con un tenedor y tenía una mirada salvaje como
alguien que no hubiera dormido en tres días. ¿El tema de conversación? EL
CLIMA. Fue horrible.
Lo único bueno que vino de toda esta cosa, es que la gente ya no nos estaba
mirando más. Más bien todos, incluso las chicas, miraban a gaston como si se
hubiera vuelto un poco loco. Eso me habría hecho sentir mejor, pero cada vez
que él decía ―¿rochi?, mi corazón comenzaba a martillar, y comenzaba a
tener esperanzas de cosas que nunca pasarían.
Se suponía que la esperanza era algo bueno, pero la estaba comenzando a
sentir como una mala palabra que se supone no debes decir.
Sin embargo, no lo vi antes del almuerzo y después estaba segura de que no
lo vería otra vez. Me imaginé que finalmente se había cansado de lo que sea
que me estaba haciendo. Además, se había agotado cada estúpido tema de
conversación. Digo, ¿de qué más podríamos hablar luego de haber
conversado sobre el clima?
Del hecho que tenía arroz en mi pelo.
Sí, es verdad, aparentemente no había sido humillada lo suficiente en mi
vida, porque cuando vi a gaston mientras dejaba la cafetería. Realmente caminé
directamente hacia él.
—Hola —dijo—. Yo... me preguntaba si... ¿sabes que tienes arroz en tu
cabello?
—No —dije escuchando que mi voz se agrietaba y me odiaba por eso, por
dejarlo llevarme otra vez. Me dirigí al baño de mujeres, prácticamente
empujándolo del camino. Él miró tristemente, pero sabía que veía cosas. gaston
se veía divertido o adorable y a veces aburrido, y yo era la chica con arroz en
el pelo.
—. ¿Quieres que te preste esto?
Realmente habría cosido mis ojos cerrados, pero no rechazas la amabilidad
de chicas como Sarah. Bien, algunas personas lo harían. Personas que tenían
autoestima, por ejemplo. Pero acababa de perder mi cerebro y había tomado
el gesto de amabilidad de alguien así.
—Gracias —dije, y tomé el cepillo.
—Seguro —dijo Sarah—. Escuché que gaston dijo que regresó ahí. Y lo vi
hablando contigo en el segundo período también, Es una cosa para todos....
lo que sea, después que comenzaron a salir, está actuando muy extraño.
—Sí —dije y arrastré el cepillo por mi pelo tan rápido como podía, esperando
no discutir sobre lo que pasó el viernes en la noche con ella o nadie más—.
Gracias.
—De todas formas —dijo, metiendo su cepillo en su mochila y revisando su
maquillaje—. Lo que quiero decir es que a veces los chicos apestan,
¿entiendes?
—Lo hago —dije y entonces salí del baño y me sentí...
Casi me dio
pena las cosas que había pensado de ella antes. Sabía que una mejor persona
se sentiría apenada por eso, pero entonces la mejor persona probablemente
no había visto a Sarah restregándose contra el chico que me gusta.
Espera, solía gustarme. Y definitivamente no íbamos a hablar otra vez.
Pero cuando salí de mi última clase, gaston estaba ahí.
Salí caminando del vestíbulo y lo vi. Se veía como si estuviera a punto de
vomitar y claramente me estaba esperando porque dijo ―rochi, y entonces
cuando salí comenzó a caminar junto a mí.
No puedo decir lo horrible que se sintió saber que lo hacía verse como si
fuera a vomitar. La siguiente cosa que sabía, es que me iba a mirar e iba a
comenzar a convulsionarse. No podía esperar salir de la escuela y alejarme
de él, de forma que pudiera dar la vuelta y alejarme caminando.
—Oye —dijo siguiéndome—. Necesito hablar contigo.
Lo ignoré. O al menos pretendí hacerlo.
—En serio, rocio.
Comencé a caminar más rápido, pero me alcanzó, y anduvo a mi mismo paso
junto a mí.
—Mira, he intentado decirte algo todo el día, y si solo me dejas…
—Bien —me detuve a medio camino del vestíbulo, sin preocuparme de lo que
dijera la gente. Lo había tenido. Intentando, con dificultad, pretender que mi
vida no era una gran bola de mierda. Intentando con dificultad actuar como
si en cierta forma pudiera detener que se pusiera peor—. Di lo que sea que
quieras decirme ya, porque no puedo tener otra maldita conversación contigo
sobre el clima.
Su cara se puso roja otra vez. —Quería saber si te gustaría salir alguna vez.
Quiero decir, conmigo. Y sin… —El gesticuló alrededor de nosotros, con su
cara todavía roja, pero con una sonrisa asomándose—. Una audiencia.
Sí, mi cerebro gritó. ¡SI! pero sólo una parte de mi cerebro. El resto, la
pequeña parte racional, recordó cómo las personas nos miraban en el primer
período, y cómo sus expresiones cambiaban con cada ―conversación
nuestra. Cómo comenzarían a mirarnos
gaston se había hecho a sí mismo actuar como un tonto, y sabía que era lo
suficientemente inteligente para entender eso. Y qué mejor forma que
redimirse a sí mismo que preguntarme si quería salir, especialmente
considerando que nunca lo ha había preguntado antes. Él no quería una cita.
Todos sabían eso. Yo lo sabía.
Eso fue un gran gesto. Un gran momento. Podía adivinar por qué lo hacía. Y
entonces, por la esquina de mi ojo, vi a Sarah, sabía que se había marchado,
porque ella no me disparaba miradas de solidaridad. Ella miraba a Will, como
si estuviera haciendo algo increíble. Él había arreglado las cosas por su
cuenta. Todo lo que tenía que hacer era seguir la corriente y tener la cita de
mis sueños.
—No —dije.
—¿No? —él se vio alarmado, como confirmado lo que ya sabía, él
invitándome a salir, no era por mí del todo, peo aún así dolía. Dolía mucho.
—Así es —dije—. No quiero salir contigo. No quiero hacer nada contigo.
Tuvimos una aventura, y luego me humillaste. He tenido suficiente de ti.
Y así fue como dije mi punto, conseguí terminar algo antes de que terminara
conmigo.
No era lo que quería. Pero entonces, ¿qué había en mi vida que quería?
El trabajo estuvo raro.
—¿Cómo es que nunca me llevas al cine o me invitas a ir a cualquier lado
contigo durante las horas de trabajo? —dije yo, a mi papa
—Pues, yo… tú siempre estás haciendo la tarea o arreglando las cosas en el
área de almacenamiento. —Dijo papá, y yo aclaré mi garganta, avergonzada
de que él pensara que estaba trabajando tan duro cuando en verdad la mayor
parte del tiempo lo había pasado besándome con gaston.
—Además, cuando te invito a tomar café o a buscar algo para comer, siempre
me dices que te traiga algo o me dices que no tienes hambre o… —Ahora
papá se aclaro la garganta—.
me quedé sola. Saqué mi tarea
Fui a la plazoleta de comida en mi descanso para cenar, pero aunque me
senté en el centro, visible para todo el mundo, y me quedé por unos diez
minutos extra, no vi a gaston.
Fui a los cubos de basura antes del cierre del mall, para botar algunas
vitaminas que ya habían expirado sin ser vendidas, pero tampoco lo vi allí.
Me dije a mi mima que no iba a chequear nuestro espacio de
almacenamiento, pero lo hice, y me quedé parada allí por un momento, sola.
Supongo que gaston realmente había escuchado lo que le había dicho antes. Eso
estaba bien. Realmente lo estaba. Si no era más, ya era tiempo de que alguien
escuchara lo que yo tenía que decir. Que hubiera terminado las cosas antes
de que ellas se terminaran para mí.
Pero la cosa era que, aunque sí quería decirle lo que le había dicho, todavía
quería besarlo. Desearía no haber ido nunca a esa estúpida fiesta. Sabía por
qué me había preguntado si iba a ir. Deseaba que hubiera estado en la
plazoleta de comidas o detrás del centro comercial o esperándome en
nuestro espacio de almacenamiento.
Deseaba que realmente me hubiera querido.
Me fui a mi habitación y pensé en hacer la tarea. Aunque no me sentía con
ánimo de hacerla. Quería hablar con alguien sobre lo que había sucedido.
Quería hablar sobre la vida con la abuela y con vicco, sobre perder la casa,
sobre cómo había hecho una pirámide con catorce botellas de Gel de Ajo en
el trabajo y que esa había sido la única vez que papá realmente me sonrió en
toda la noche.
Extrañamente, la primera persona que se me venía a la mente para hablar
sobre todas estas cosas era gaston. Creo que lo que me sucedió en la escuela me
afecto más de lo que pensaba. Tal vez… tal vez sí había sido su intención
invitarme a salir. Tal vez…
No, no iba a caer en eso. Los había visto a todos mirándonos. Lo vi a él
viéndolo también. Había hecho lo correcto. Además, mery me había dicho
que gaston y yo juntos era algo demente. Estaba enojada y dolida cuando ella lo
dijo, pero tenía razón, ¿cierto? Ella había sabido lo que yo no había querido
ver. Debería decirle eso.
Así que lo hice.
Me quité los zapatos mientras la llamaba, acurrucándome en la cama.
—¿Hola?
—Hola —dije—. Soy yo. rocio, quiero decir.
—Lo sé, tonta. ¿Qué pasa?
Esto era familiar. Esta era la forma en que siempre hablábamos. —Odio las
vitaminas. También, me duelen los pies.
—Sabes a lo que me refiero —dijo ella—. ¿Qué pasa contigo y con gaston?
—Nada.
—Vamos, rocio. Él te invitó a salir en frente de media escuela, y tú lo
destruiste. Sara me lo contó todo.
Genial. Recordando la forma en que ella había estado mirando a gaston la
última vez que él me habló, sólo podía imaginarme lo que habría dicho. —¿Te
dijo que era obvio que me invitaba a salir porque mitad de la escuela lo vio
hablar conmigo sobre un montón de mierda y luego fugarnos todo el día?
—Ella no dijo eso, pero me imaginé que era lo que estaba pasando. Porque,
está bien, ¿gaston saliendo con alguien? Por favor. Es el rey de los empates.
—¿Así que sabías que lo hizo por lástima?
—Yo… mira, aun siendo así, ¿entonces qué? gaston está bien, pero no es nada
especial, ¿sabes? Quiero decir, él mandó a volar a Sarah por completo esta
tarde cuando ella fue a hablarle en el centro comercial, y es como, ¿quién se
cree que es?
—Yo… yo no lo sé —tartamudeé, porque estaba muy ocupada pensando en el
hecho que él había mandado a volar a Sarah, como para lograr ser
coherente—. Tal vez estaba muy ocupado para poder platicar.
—Por favor —dijo mery—. Sabes a que me refiero con ―hablar‖. ¿Y desde
cuándo gaston está demasiado ocupado para enrollarse con alguien?
Espera un minuto. No era sólo que gaston no hubiera hablado con Sarah, ¿no se
había enrollado con ella?
Mi mente estaba dando vueltas. —¿Te ha dicho pablo algo al respecto?
—No. gaston y pablo sólo pasan el rato porque… bueno, solían ser amigos, pero
entonces la mamá de gaston habló con la mamá de pablo para iniciar este
estúpido negocio, y ahora pablo dice que gaston lo acuso a él y a su papá de
tratar de impedirlo, lo cual es tan estúpido porque… espera un segundo. —
Esperé que mery hundiera el botón para pasar a la otra línea, pero en lugar
de eso la escuché bajar el teléfono y la apenas perceptible voz de su madre.
—Lo siento —dijo ella, levantando el teléfono otra vez—. Mama está teniendo
un mal día.
—¿Estás bien?
Ella se rió y suspiró. —Claro. Tengo que estarlo, ¿cierto?
—mery...
—No, está bien. No quiero convertirme en una chica depresiva. Tengo a pablo.
Quiero decir, yo, la gorda mery, está con pablo. Tengo la vida perfecta,
¿sabes? Y tengo el novio perfecto.
Aunque no sonaba como si en verdad creyese algo de eso. Sólo sonaba como
si quisiera creérselo, como si sintiera que debía hacerlo.
—Eso está… bien.
—¿Bien? —dijo en forma apretada, y luego suspiró—. Me conoces demasiado
bien, rocio. Las cosas no son totalmente perfectas. pablo… bueno, está bien,
primero, sus pies apestan, lo cual sólo… me parece que está mal. Además
estuvo tonteando con Tara durante el receso de invierno.
—¿Qué?
—Sí. —La voz de mery se quebró un poco—. No le he… tú eres la única
persona que lo sabe, ¿está bien? Tara me lo dijo hace un par de semanas,
toda ―Sí, pabloes genial, y después de enrollarnos durante el
receso de invierno, él dijo que realmente te amaba y pensé que eso era tan
dulce‖. Estaba tan alterada cuando se dio cuenta que yo no sabía nada al
respecto que casi me sentí mal por haberme enojado…
—¡mery!
—Piensas que lo hizo por perra, ¿cierto?
—Sí, lo digo porque casualmente mencionó que se metió con tu novio pero,
hey, por cierto, él te ama por completo, eso califica como perra. ¿Qué tenía
que decir el Sr. Perfecto al respecto cuando lo confrontaste?
Ella murmuró algo que sonó como: —No lo sé.
—No le has dicho nada, ¿cierto? —Dije—. mery
—No puedo decir nada,—Dijo ella. —Odia cuando me pongo celosa. Y él es
pablo. pablo.—
—Sé que es pablo, pero… está bien.
—pablo me ama, rocio —la voz de mery era cortante y fría—.
—Oh, vamos.
--Cuando todo el mundo sabe quién eres, existe toda esta presión y tienes que…
—mery, ¿realmente vas a sermonearme sobre cómo es de difícil ser bonita y
popular?
Ella se quedó en silencio por un momento, y luego se rió. —Está bien, lo
entiendo. Es sólo que… es difícil estar con pablo, pero no quiero renunciar a
él. Me siento especial cuando estoy con él. Soy especial cuando estoy con él.
—Serías especial sin él.
—No lo sería.
—Lo serías.
—No lo sería —dijo ella en voz baja—. La gente aún recuerda quién solía ser,
—Lo haces sonar como si fueras una enfermedad vomitiva o algo por el
estilo.
Espero que se ría, pero sólo vuelve a suspirar. —Mira, debo ir a verme una
película con mi mamá. Realmente tuvo un mal día. ¿Me llamas mañana?
¿Quería que yo la llamara? Me imagino que realmente volvíamos a ser
amigas. —Claro. ¿Te veo mañana?
—Sí —dijo ella, y yo escuché el ―pero‖ en su voz antes de que lo dijera, y
sentí algo marchitándose en mi interior. —Pero tengo que pasar el rato con
pablo y eugenia y todos los demás, ¿está bien? Y eso toma bastante tiempo. Lo
entiendes ¿cierto? Por favor, dime que lo haces, porque hablaba en serio esta
mañana. Si no supiera que estás allí siempre para mí, estaría perdida.
Realmente necesito saber que siempre puedo contar contigo.
—Puedes hacerlo —dije, y nos despedimos.
La cosa era que yo entendía a lo que se refería. mery estaba siendo amable
cuando me hablaba en la escuela, actuando como pablo, quien a veces le
hablaba a personas que se suponía él no debería notar, sólo que ella no tenía
una vida entera de popularidad como la de pablo, en la cual pudiera apoyarse.
pablo siempre había gustado, y hasta este año mery no era nadie, y la gente lo
sabía. Lo recordaba.
Realmente no había pensado en cómo era ahora su vida, porque había estado
muy ocupada preguntándome cómo le era tan fácil olvidarse de mí, pero
parecía que su vida perfecta no era para nada perfecta. Pensaba que lo era.
Parecía tan feliz. Enterarme que no lo era, que había conseguido la vida
genial y el chico genial pero que realmente no fueran tan geniales, era un
poco depresivo.
También era un poco anti-depresivo. Me sentía mal por pensar así, pero la
verdad era que estaba contenta de que mery no fuera totalmente feliz.
Estaba complacida de que ella sintiera que me necesitaba.