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lunes, 17 de octubre de 2011

DEJANDO EL PARAISO 14

ROCIO:
GASTON me beso anoche en las canchas de basketball.
Le regrese el beso. Todavía no puedo creer que esas cosas pasaran. Pensé que estaba bien sin necesitarlo tanto. Debería haberlo borrado de mis labios y lavarlos con jabón antes de haber ido a la cama, pero en vez de eso seguí mirándome en el espejo. Mis labios todavía están hinchados, un recordatorio de cómo los propios labios de GASTON eran calientes y demandantes.
Por años imagine como se sentiría besar y probar a gaston.. Para ser honesta, quería apartarlo, hacerlo desearme como yo lo deseaba y rechazarlo como él me había rechazado.
Pero no pude.
Todos esos sentimientos de mi niñez regresaron, del tiempo en que gaston me urgía del árbol en frente de mi casa al tiempo en que tomo la culpa de esa estatua rota. Ni siquiera puedo olvidar los momentos en que palmeo mi espalda mientras le lloraba a mery acerca del divorcio de mis padres. Por el último año, el accidente manejo mi vida y me moldeo en lo que me he convertido.
Tome mi vida de nuevo.
Sentada en mi cama, me puse mi pantalón. Note que mi corazón está corriendo un poco menos mientras escaneo las cicatrices con mis ojos. Solía pensar que eran cicatrices furiosas, pero ahora no las veo furiosas. Ni siquiera son aterradoras. Trace las líneas con mis dedos, y ni siquiera desee que desaparecieran. Son parte de mí.
Cerré mis ojos, recordando el accidente. Es demasiado extraño pensar en esa noche sin tener emociones masivas corriendo rampantes a través de mis venas. A través de la oscuridad detrás de mis parpados, la imagen de gaston manejando el carro que me golpea es esbozada en mi cabeza. Pero algo no se siente bien.
Escalofríos corren hacia arriba y debajo de mi espina dorsal.
Porque, mientras cierro mis ojos apretadamente, la imagen del conductor se vuelve más clara y la niebla viciada se disipa.
Es mery. Con una mirada de horror y miedo en sus ojos mientras pierde el control del carro.
mery fue la que me golpeo esa noche.
No gaston.
¿Por qué él… porque ellos…?
El timbre de la puerta suena mientras todavía estoy intentando clasificar todo. Mi estomago esta revuelto. Quiero vomitar. Pero no puedo, porque mi madre me está llamando. Casi me caí mientras saludaba a un hombre y una mujer usando trajes combinados azul marino oscuro.
—rocio, somos del Departamento Correccional Juvenil. Estamos aquí para investigar tu queja acerca de gaston,,,.
—Yo no realice una queja —les dije.
La mujer abre su portafolio y saca una carpeta. —Tenemos documentado que llamaste al número de justicia juvenil 1-800 quejándote con el operador de que gaston estaba acosándote.
Oh Dios mío. Sacudí mi cabeza y mire a mi mamá. —No llame. Mamá, juro que no llame.
—¿Estás segura? —pregunto el hombre—. No tienes que tener miedo, rocio.. Estamos aquí para asegurarnos de que estas protegida.
Me levante. —No le tengo miedo a gaston. Somos amigos.
Mi mamá dice, —Por favor disculpen a mi hija. No sabe de lo que está hablando. Ella ha sido instruida a no tener ninguna clase de contacto con ese chico. ¿Verdad, rocio?
Mordí mi labio inferior. —Mamá…
—¿rocio?
Anoche en el parque tiene sentido ahora, porque me estaba probando. Oh, como debe de estar odiándome, pensando que llame y me queje cuando nunca haría nada para lastimarlo. eugenia lo heriría. Yo no. —Tengo que ir a verlo.
—¡rocio, regresa aquí!
Cojee hacia su casa antes de que nadie pudiera detenerme.su madre atendio la puerta
—¿gaston está en casa? —pregunte frenéticamente—. Real… realmente necesito hablar con él. Sé que probablemente me odia por ser la razón de que fuera a la cárcel, pero creo que todo fue un error y…
—gaston se ha ido —dijo ella, totalmente tranquila por las palabras saliendo de su boca. Incluso tenía una sonrisa extraña en su rostro—. Se fue.
A este punto mi mamá me había seguido hasta su casa llevando consigo a los investigadores.
Mamá saludo mama de gaston extrañamente. —, ¿Qué te ocurre?
Tan pronto como mi mamá lo dice, la Sra. se resbala y cae justo entre los brazos de mi mamá. Después de que mamá grita, los dos investigadores la ayudan a cargar a la Sra. dentro de su casa. —Ella se desmayo —dijo uno de ellos.
Mientras ellos se encargan de la Sra. , doy un paso hacia atrás. ¿Qué quiso decir la Sra. Becker cuando dijo que gaston se ha ido? Me apresure hacia casa, agarre mis llaves y maneje a la casa de la Sra. Reynolds. Revise el garaje, el mirador… él no está aquí.
Todo el tiempo, culpe a gaston por golpearme, sin cuestionar su culpa. El fue declarado culpable, pero muy profundamente detecte algo extraño en él. Pensé que era falta de arrepentimiento por haberme golpeado, cuando todo el tiempo fue falta de culpa.
Mi corazón se hunde más profundamente con cada momento que pasa mientras manejo alrededor de Paradise. Estoy buscando a gaston, o alguna señal de que todavía está aquí. Antes de darme cuenta, estoy en el lugar donde mi vida cambio.
La escena del accidente.
Las marcas de llantas de carro todavía están en el bordillo, un oscuro recordatorio de ese día. No había venido aquí desde el accidente. Antes no habría tenido la fortaleza de revivirlo de cerca. Salí del carro y camine hacia las desvanecidas marcas de llantas, observándolas por lo que parecía ser una eternidad. ¿Eventualmente todas desaparecerían, y los únicos recuerdos físicos del accidente serian los que yo cargo conmigo?
Se la verdad, pensé. Las cicatrices físicas no son tan profundas como las emocionales con las que Mery y gaston habían estado luchando. Tenía un deseo ardiente de ayudarlos, justo como gaston me ayudo a mí. La cosa más importante que aprendí en los últimos meses es que los amigos son invaluables. Las personas que amas pueden sacarte de los momentos más difíciles. Ellos me necesitan justo como yo los necesito. Extraño a mery como mi confidente, mi mejor amiga. Y el amor que tengo por gaston es del tipo para siempre que nunca desaparecerá, no importa que tanto intente negarlo.
—rocio.
Me di la vuelta. gaston está montado en una Toyota negra, un tipo que no reconozco esta al volante. gaston le dice al tipo que detenga el carro, luego camina hacia mí. Se ve triste y solitario y preocupado.
—¿Cómo es que llegamos aquí? —pregunte.
—Aquí es donde todo empezó.
—No llame ni tampoco me queje de ti —dije apresuradamente—. Mira, esos investigadores vinieron a mi casa esta mañana y dijeron que estaban investigando una llamada que yo había hecho y por más que insistí que nunca la hice no me creyeron, y entonces comprendí que tú debes de haber pensado que yo la había hecho y entonces…
gaston puso un dedo sobre mis labios, deteniendo mi palabrería.
—No importa.
—Pero si importa. Y te creo, ¿no es eso de lo que hablamos? ¿Confianza y honestidad?
Necesito demostrarle, que confió en él sin ninguna reserva. Entonces me subo el lado del pantalón de mi pierna izquierda con una mano, y revelo todas las cicatrices de mi rodilla.
Sus cejas se juntan de pena, como si él fuera el que las puso en mi pierna. Entonces tomo su mano en la mía y juntos trazamos las hinchadas líneas con nuestros dedos.
—Ves, no hay nada que quiera esconder de ti. ¿Sientes lo mismo, gaston ? ¿Sin secretos, sin mentiras? —necesito que me diga la verdad sobre lo que paso esa noche. Necesito escucharlo de sus propios labios, de sus propias palabras. Dime que no me atropellaste, es lo que quiero decir. Dime la verdad.
—Oye, amigo, ¿Estás listo para irnos? —un chico le grita desde el auto.
— ¿Quién es ese? —se rió.
Estoy preocupada.
—Me refiero a, ¿quién es él?
—No quieres saberlo, rocio —dice gaston—. Escucha, me tengo que ir.
Miro su intenso y hermoso rostro. Al mismo tiempo que se que nunca me va a decir el secreto que mantiene dentro. Aquel feroz espíritu protector es una parte de él, un lazo que no puede romper.
—¿A dónde vas? ¿Y cuando regresaras?
—No voy a regresar.
Miro más allá de aquellos ojos tristes, y sé que él quiere decir lo que está diciendo. Mis ojos empiezan aguarse y un sendero de lágrimas baja por mis mejillas.
—No puedes dejarme. Ahora no —quiero rogar, suplicar, llorar y agarrarlo hasta que cambie de opinión. Quiero jugar tenis con el hoy, mañana, y al día siguiente.
Muy suavemente limpia mis lágrimas con sus dedos.
—Entonces ven conmigo.
Pero las cosas se han complicado cruelmente, así que le digo.
—Comprendí que tenías razón. No hay razón para huir. Voy a quedarme en Paradise hasta graduarme, y ahorrar el dinero que la Señora Reynolds me dio para la universidad.
—gaston, ¿vas a venir sí o no? —dice el chico que aun esta en el auto.
gaston asiente y dice.
—Sí, ya voy.
Me inclino un poco y pongo su frente sobre la mía.
—Dime que lo que tuvimos fue real —susurro—. Por favor.
Las manos de Gaston toman mi cabeza a ambos lados, encerrándonos en nuestro propio mundo privado.
—Tan real como lo fue. Nunca cuestiones eso, sin importar que, ¿de acuerdo?
—En este mismo instante me estoy cuestionado todo. Como ¿Por qué me encuentro aquí?
—Porque estás lista para empezar una nueva vida, rocio. Ahora eres libre del pasado. No puede lastimarte. Para mí, ser libre significa dejar Paradise —inclinándose un poco, me besa. Tan suave, apasionada, y cálidamente, que el remordimiento lo embarga.
Quiero agarrarlo y mantenerlo a salvo.
—¿Eso significa que ambos somos libres?
El asiente, incapaz de expresarlo en palabras.
Sé que él nunca escribirá ni llamara. Simplemente cortara todos los lazos con su familia y este pequeño pueblo que le causo tanto daño. Incluyéndome. Dios, como desearía que gaston nunca hubiera sido culpado de atropellarme. Aunque si el accidente nunca hubiera pasado, si él nunca hubiera ido tras las rejas y obligado a pagar servicio a la comunidad, gaston y yo nunca podríamos haber estado juntos.
No habría cambiado eso por nada del mundo.
El da un paso atrás y me giña un ojo.
—Adiós.
—Ya sabes, que no voy a decirte lo mismo —le digo.
Él suelta una pequeña risa y sigue alejándose.
—Entonces dime algo que pueda recordar como tus últimas palabras para mí. Dime que me amas. Dime que pensaras en mí todas las noches antes de que duermas. Dime…
—La gallina roja ha volado de la jaula —digo.
Él ríe.
—Siempre recordare a la Señora Reynolds, el parasol, los geranios, tú y yo en el parasol… —gaston me giña el ojo una vez más y se da la vuelta, dándome la espalda mientras camina hacia la Toyota. Quiero gritarle por dejarme. Quiero correr hacia él y olvidarme de ser sensata. Vivir juntos en las calles. Con tal de que seamos un equipo, nada podrá derribarnos a menos que estemos separados.
Pero el nunca me dijo que fue Mery la que me atropello. Él es el único que, al final, no confió en mí… o en sí mismo.
En este momento me encuentro llorando, más ahora que después del accidente. Y mi corazón duele, duele mucho más que del dolorque sentí en la pierna.
—¡Gaston! —grito de repente antes de que se deslice en el asiento del pasajero y cierra la puerta del auto. Contengo la respiración, esperando que él regrese a mí. Que de la vuelta. Pero él no lo hace.
El auto suena bruscamente al alejarse, sus luces intermitentes rojas son una mancha a través de mis acuosos ojos.
Me dirijo de nuevo a casa y de repente durante el trayecto de vuelta me detengo llorando. Siento una fuerza dentro de mí que no sabía que existía antes. Es como si la Señora Reynolds estuviera tocándome y diciendo mantente fuerte. La vida es demasiado corta, había dicho una vez. Pues tenía razón. Cuando llego a la entrada de autos de mi casa y salgo de mi auto, veo a mery. Esta parada en la puerta delantera de su casa, con los ojos hinchados.
Me dirijo hacia ella.
—¿Tu mamá está bien?
Ella se encoge de hombros.
—Supongo que sí. Tu mamá está con ella.
Bueno, ese es un paso en la dirección correcta. Ya es tiempo de que enmendemos esa valla invisible. Entonces miro a mi vieja mejor amiga.
—Lo viste, ¿no es así? —me pregunta.
—Sí.
Se tapa los ojos con las manos y empieza a llorar.
—Realmente necesito decirte algo muy importante. Pero no soy capaz de mirarte a los ojos mientras lo haga.
Tomo sus brazos y los bajo.
—No tienes que decírmelo ahora —le digo—. Cuando estés lista, entonces podemos hablar.
—Vas a odiarme, rocio. Por el resto de tu vida vas a odiarme.
—No voy a odiarte. Lo sé, Mery, Sé lo que es.
—¿Lo sabes? —dice, con los ojos muy abiertos.
—Sí. Pero está bien.
—¿Que está bien?
—Simplemente digamos nuestra amistad significa mucho más para mí, que el guardar rencor o vivir en el pasado. ¿Sabes lo que siempre me ayuda a olvidar?
—¿Qué?
—Una maratón de pastel.
mery me da una pequeña sonrisa detrás de sus lágrimas.
—Estás bromeando, ¿verdad?
—Nop. Ven conmigo a dar un paseo. Conseguiremos que nuestras mamás... Creo que también necesitan algo de pastel.
fin del Libro.

DEJANDO EL PARAISO CAPITULO 13

GASTON

No puedo decirle la verdad. Si toda la cosa sale a la luz, mery podría ser involucrada en esto, también... Y eugenia.. Y rocio. mery ha estado actuando espeluznante. No sé que terminará diciendo. ¿Dirá inesperadamente la verdad, de que ella fue la que golpeó a rocio?
Levanto la vista cuando las puertas de la oficina principal se abren.
rocio entra a la oficina, solo a unos pies de donde estoy sentado. Solo capaz de chequearla de lado, estudio su cara. Tiene los pómulos altos.. Pero no sería rocio sin esa imperfección. No es una cara-bonita como eugenia, pero hay algo sobre ella… esa mezcla de inseguridad y rasgos majestuosos que no combinan. Cada una de sus facciones refleja quien es. Excepto sus cicatrices.
Esas que desearía poder sacar con un toque de mis dedos y transferirlas a mi propio cuerpo.
rocio está concentrada en el mostrador, leyendo algo atentamente. Su cabello caía como una cortina que protege su cara de mí. Soy apenas consciente de su prima y eugenia que están en la habitación, también. Este lugar se está llenando.
.
Las chicas entraron en una sola fila a su oficina. eugenia lucía desafiante, su amiga  asustada, la prima de rocio indiferente, y rocio parecía… dispuesta a manejar lo que sea que valla volando hacia ella.
Las chicas salieron unos minutos más tarde. rocio no me miró. Salió en fila de la oficina con el resto de las chicas.
Estoy en el camino rápido a ser un delincuente para siempre. rocio probablemente tenía razón: si desapareces, entonces no te recordarán siempre el pasado en cualquier parte que estés.
Hice mi servicio comunitario, pero no me entregaron mis papeles finales de liberación.
--¿Me escuchaste? Ahora dime porque demonios has estado metiéndote en peleas.
Estoy tan acostumbrando a confesarme culpable, que a veces olvido decir la verdad. Lo Miro directamente, sin jugar estar vez. —Estaba protegiendo a rocio. alguien la insultó.
tomó la silla de mi escritorio y se sentó. Puso su mano en su frente y comienza a masajearla. —gaston, ¿Qué estás haciendo? Ella es tu víctima. La golpeaste con tu coche.
—No lo hice.
—¿Qué? —suelta.
—Dije que no quise hacerlo.
saca la mano de su frente y se inclina hacia adelante. —No sé qué estás tratando de empujar aquí, pero no es bueno. Si no puedes pretender que rocio no existe, entonces deja la ciudad. Ella llamó a mi jefe esta mañana preocupada por su seguridad. Dijo que has sido provocador con ella, y ahora la estas acosando.
—¿Qué?
mira directo hacia mí. —rocio dice que va a archivar una queja. Oh, no parezcas tan sorprendido, gaston. ¿Qué esperabas? Cuando no sigues las reglas pagas las consecuencias. Es simple.
Nada es tan simple. Trago. Mi garganta se siente apretada. ¿rocio me odia lo suficiente para enviarme de regreso al DOC?
—Tengo que saber —continua Damon—. ¿Has tenido un encuentro sexual con ella?
Me siento en mi cama y apoyo mi cabeza en mis manos. Dios, esto no puede estar sucediendo. —Eso depende de que quieres decir por encuentro sexual.
—No jodas conmigo, gaston.
—No tuve sexo con ella.
—¿La acosaste?
Sacudo mi cabeza. —Tuvimos una relación, una relación mutua. No fue gran cosa. Esta terminado. Hecho.
— ¿Cómo terminó?
—Abruptamente.
suspiró frustrado, luego saca un montón de papeles de su maletín.
—Tengo tus papeles de liberación firmados. Terminaste tu servicio comunitario.
Miro fijamente los papeles como si tuvieran alas de ángeles en ellos, pero mi cabeza sigue dando vueltas. Pensé que rocio y yo compartimos… bueno, seguro como el demonio que fue mucho más de lo que nunca tuve con Eugenia. Si rocio estuvo conmigo solo por venganza… oh, mierda.
—Quedas en libertad, pero tenemos un pequeño problema. No puedes volver a la escuela. ¿gaston?
—Sí.
—No todo el mundo está en contra tuyo, lo sé.
Asiento. Ahora mismo, no puedo estar de acuerdo. Estaba tan entusiasmado por arreglar todo cuando volví a casa. Pero todo lo que he estado haciendo es pelear en vez de arreglar. Estoy perdido aquí.
Mi madre solo toma pastillas esta desiquilibrada
—. Estas matando a toda la familia.
—¿Pensaste en toda la familia cuando atropellaste a rocio? —ella susurra, luego suelta un suspiro disgustado.
—Esto no es sobre mí, mamá. —no le digo que nunca fue sobre mí.
Ella sacude su cabeza. —No lo comprendes, gaston, ¿no es así? Hay cuatro personas viviendo en esta casa y somos todos extraños. Es sobre ti. Es sobre todos nosotros.
Ya ni siquiera sé quién soy. Pensé que sabía, pero con la traición de rocio estoy de regreso a donde comencé.
—No me toques.
Retiro mis manos y me alejo. Todo a mí alrededor se está cayendo en un montón de piezas. No hay forma de que pueda repararlo no importa cuánto lo intente. Golpeo la puerta del dormitorio de mery.—Abre.
—¿Qué quieres? —dice mery a través de la puerta
La agarro por lo hombros y grito. —mery, madura y finalmente toma responsabilidad por algo… ¡Lo que sea!
Lágrimas comienzan a caer por sus mejillas. No debería estar satisfecho por hacer llorar a mi hermana, pero juro que cualquier emoción de ella me satisface. Siento sus emociones, también. Pero son tan contradictorias con las mías que no puedo estar cerca de ella. No ahora. Una parte de mery siempre será parte de mí. Su miseria se convierte en la mía, y ahora mismo no quiero hacer nada con eso.
Ella esta llorando cuando dejo la casa y me dirijo hacia la calle.
—¿Está la Sra. Reynolds en casa?
—¿No eres tú gaston?
—Sí. Yo…
—¿Como conoces a mi madre? —él exige.
Pongo las manos en mis bolsillos. —Trabajo para ella.
Él duda, confundido, entonces su boca se amplia. —¿Tú construiste el mirador?
—Sí.
—¿Cuando rocio trabajaba aquí? Los dos, ¿Juntos?
—Con la Sra. Reynolds —le aseguro
—¿Ella sabía que tú fuiste el que atropelló a rocio? Olvídalo, por la mirada en tu cara asumo que mi madre lo sabía. Probablemente trató de arreglarlo todo, ¿no es así?
—Sí, señor. Tengo que hablar con la Sra. Reynolds. —ella es la única que me queda ahora.
—Ella falleció ayer por la mañana.
No. No, esto no puede estar pasando. Un agujero se forma en mi pecho y se extiende por mis venas. —Estás mintiendo.
—Mi madre tuvo un ataque al corazón mientras dormía. Ahora no se qué va a pasar aquí, pero sé que la madre de rocio no quiere que estés andando cerca de su hija. Respeta a la familia y déjala estar.
—No hay problema. No hay problema en absoluto —digo.

ROCIO
Cundo voy hacia casa manejando con cuidado, veo a gaston en el Parque Paradise, en las canchas de baloncesto. Me detengo para hacerle saber que no estoy molesta porque me traicionó. Voy a superarlo. Puede ser que tome un tiempo, pero voy a estar bien. Voy a tener novios y otras aventuras en la vida, otras veces voy a ser capaz de sentirme confiada y despreocupada y feliz. Soy un sobreviviente. A pesar de mi cojera.
Al salir del coche tras recolectar todo mi valor, camino hacia él. Él me ve, pero no deja de botar el balón.
—gaston —lo llamo.
—¿Por qué no me dijiste acerca de la señora Reynolds?
—No tuve la oportunidad. Quería hacerlo —digo, dando un paso hacia él.
—Mejor quédate atrás o podría empezar a acosarte.
Muy bien, me merezco eso. Le di una bofetada y rechace su ayuda ayer. Pero eso fue antes de que todo se acomodara en mi cabeza. —He oído que te metiste en problemas. —¿Has venido acá para reírte o quieres retarme a un uno a-uno? —dice.
—Sabes que no puedo jugar.
Él me mira de arriba a abajo sugestivamente. —Oh, tu juegas, rocio Tal vez no. Al Baloncesto, tus juegos son más complicados que eso.
—¿De qué estás hablando?
Él toma la pelota y la mantiene a su lado, da una breve carcajada. —No puedo creer que tengas miedo de mí.
Me muevo hacia adelante, dando un paso más cerca de él y poniendo el mentón en el aire con confianza. —No te tengo miedo.
Se pone de pie delante de mí con tanta confianza como yo le estoy mostrando. —Demuéstralo. —¿Cómo? Lanza la pelota hacia el lado de la cancha y da pasos hacia mí, cerrando la distancia entre nosotros. —Déjalo salir.
Mi aliento se congela y el pánico se apodera de mí. —Yo... yo no sé lo que quieres decir. —Yo creo que sí —dice, llegando tan cerca que casi se pueden sentir sus emociones como si fueran las mías.
—¿Quieres que te bese? —digo sin aliento.
—Me has arruinado, ¿lo sabes, no? —dice justo antes de tenerme de puntillas y tocar mis labios con los suyos.
Agarra mi cintura y me jala cerca con lo que puedo sentir toda la fuerza y la longitud de su cuerpo contra el mío. Mis dedos se envuelven alrededor de sus bíceps a la vez. Estoy perdida en la protección de su abrazo y el olor y el sabor es único gaston. Excepcionalmente... nosotros.
Cuando nuestro beso se vuelve más intenso, tengo la sensación de un cambio en él. Es difícil besarse, más a fondo. Él está enojado.
Tropiezo hacia atrás y le empujo lejos de mí. —¿Qué estás haciendo?
Se limpia la boca con el dorso de la mano. —Asegurarme de que te asusta. Es lo que quieres, ¿no? Así que puedes reclamar ser la víctima.
Estamos aquí de pie mirándonos fijamente el uno al otro. Controlador y controlado. Perpetrador y víctima. Chico y chica.
Coge el balón. —Vete a casa, rocio. Ya tuviste lo que querías.
Un movimiento por el rabillo de mi ojo me llama la atención, rompiendo la conexión. Es mery
—gaston, mamá y papá quieren que vayas a casa. Ahora —dice ella.
Dejo caer mi cabello, apartando la suciedad de mi pantalón, aclaro mi garganta, y hago de todo para no mirarlos..
Entonces corro hacia el coche tan rápido como puedo.
GASTON:

No le dijiste que yo la atropellé, ¿verdad? —pregunta mery mientras observa a rochi huyendo del parque. Yo sacudí mi cabeza.
—Pero tú y rocio. Vi como la estabas mirando y me di cuenta...
—¿Qué? —dije rápidamente, entonces miré a mi hermana directo a los ojos. Comencé a caminar de regreso a casa con mi hermana a unos cuantos pasos detrás de mí.
—Involucrarte con rocio podría acabar con nuestra familia, gaston..
—Déjame en paz, mery. Lo digo en serio —me giro hacia ella—. Ya he tenido suficiente.
—¿Dónde estuviste anoche? —ordena papá con una voz tan acusadora que podrías pensar que había estado afuera cometiendo un homicidio.
—Visitando una vieja amiga. ¿Cuál es el problema? —mi mamá mira a mi papá.
Yo abro mis brazos ampliamente.
—¿Qué?
—Vi a rocio viniendo desde el parque —dice papá.
—¿Y qué? Es un país libre, papá. La gente puede caminar si eso es lo que quieren.
—Simplemente no queremos que te metas en problemas. La gente habla...
—¿Están diciendo que he estado buscando peleas en la escuela? ¿Qué estoy acosando a rocio? ¿Obligando a mis amigos a beber alcohol? Tú crees que todo es cierto, ¿Verdad? ¡Vamos, ya es hora de que me cuentes los putos chismes!
Reviento, como una banda de caucho que ha sido estirada hasta sus límites por tanto tiempo que simplemente se rompe en pedazos violentamente. Besar a rocio, la suspensión de la escuela, las manipulaciones de eugenia, la advertencia de mi hermana, la inhabilidad de mis padres para enfrentar la realidad, la adicción de mi madre, los falsos chismes... todo está volviéndome loco.
—Me voy —digo.
Mis pensamientos se concentran en rocio, en la chica de la que solía pensar que no valía la pena mirar por segunda vez. Pero cuando las cosas se ponen difíciles, ella es la chica más fuerte que conozco. Ella me confrontó a cerca de Eugenia antes del accidente, va a la escuela todos los días incluso cuando la gente se ríe de la forma en que se mueve, y se mató trabajando para la Sra. Reynolds para lograr su sueño de viajar a España. El accidente la hizo una persona más fuerte. Demonios, ella me hizo una persona más fuerte.
—¿No quieres que todo vuelva a ser como antes? Yo daría cualquier cosa por hacer que esta familia fuera normal de nuevo.
—¿No deberías haber pensado en eso antes de atropellar a rocio? Nunca hubiera pensado decirle esto a mi propio hijo, pero tú... gaston... eres un bastardo egoísta.
esta vez no voy a regresar. Seguramente, después de que me vaya, mi mamá no va a necesitar drogar su vida para hacerla más soportable y mery podrá vivir
la vida de la forma que desee… con o sin la verdad. Y papá... bueno, algún día tendrá que enfrentarse a la realidad. Cuando esté listo.
Ahora depende de mí encontrar un camino para mí mismo y dejar de tratar de hacer que la vida vuelva a la normalidad. A la mierda con lo normal. Lo normal no existe. La familia de gaston ya no existe. Ahora estoy solo.
Con un suspiro de determinación entro de nuevo a la habitación, tomo el sable de luz, lo meto en la mochila y salgo. mery está en la puerta, bloqueándola.
—No te vayas —ruega.
—Mamá y Papá van a estar bien. Ellos disfrutan vivir en la negación. A cerca de ti... —me quedo mirando su ropa negra—. Tú tienes que superar el accidente. Enfrentarte a los hechos antes de que persones como eugenia te obliguen a hacerlo. No puedo protegerte más. Es hora de que te protejas a ti misma.
Me muevo alrededor de ella y camino hacia afuera. No tengo idea de hacia dónde voy o que voy a hacer, pero me siento libre. Colgando la mochila de mi hombro comienzo a caminar. Cuando alcanzo la casa de rocio, no la veo pero sé que está adentro.
Le doy un saludo de despedida y sigo caminando.
El mirador de la Sra. Reynolds es en donde paso la fría, solitaria noche. Cuando una estrella fugaz pasa sobre mí mientras miro el cielo, me pregunto si es la anciana señora dándome una señal .



sábado, 15 de octubre de 2011

DEJANDO EL PARAISO CAPITULO 12

ROCIO:
tenía todo lo que quería y lo estropee. Gaston me amaba, todo lo que tenía que hacer era mostrarle mis cicatrices para probarle lo mucho que confiaba en él y amarlo de vuelta.
Pero no pude. Algo me estaba jalando hacia atrás a mi coraza protectora.
Le dije a mi mamá que estaba muy enferma para ir a la escuela hoy, así que estoy acostada en la cama. El vestido que la señora Reynolds me compro está colgado en mi armario, un cruel recuerdo de la noche más romántica de mi vida. Gane a gaston y lo perdí igual de rápido.
Cuando me llevo a casa y aparcamos, me dio una pequeña sonrisa y dijo que siempre habíamos sido amigos y seguiríamos siendo amigos.
Eso es lo más importante. ¿Verdad?
¿Entonces porque he estado llorando toda la mañana? Llame a la casa de la Señora Reynolds para ver cómo estaba después de anoche.
El señor Reynolds responde el teléfono. —¿Hola? —dice con voz agitada.
—Hola, es rochi… rocio. ¿Está la señora Reynolds ahí?
El señor Reynolds no dice nada por un largo tiempo y en mi garganta se forma un gran bulto.
—Mi mamá murió esta mañana, rochi.
—No —susurro mientras mi vida se viene abajo—. No puede ser verdad. Estábamos juntas. Anoche ella estaba bailando y riendo y…
—Ella estaba agradecida de tenerte en su vida —el dice—. Ella te quería como una nieta. Más que eso, ella te quería como a una amiga.
Lágrimas resbalan por mis mejillas mientras recuerdo todo el tiempo que pasamos juntas estos últimos meses. Ella me enseño tanto sobre la vida.
—Los narcisos… ella nunca vera florecer los narcisos —le digo, ahogando mis emociones. La voy a extrañar.
En la tarde, mi mamá me conduce a la casa de la Señora Reynolds por última vez. Ella está sosteniendo mi mano mientras Lou nos saluda. —Toma lo que quieras, rocio.
En el cuarto de lavado, toda limpia y doblada, esta el delantal La recojo y la aprieto contra mi pecho. Abro uno de los cajones de la parte superior, y en un pedazo de viejo, manchado y rasgado papel de lino, esta la receta de sus galletas favoritas. Sosteniendo un marco de foto, digo: —Esto es lo último.
Miro la foto de dos personas locamente enamoradas en su día de bodas.
Que los dos descansen en paz.

GASTON

Rocio  no asistió ayer a la escuela, y no la he visto en toda la mañana. Hoy me he pasado dos veces por su casillero, pero ella ha estado tan elusiva como un fantasma.
Durante el tercer periodo no logro concentrarme. Así que tomo el pase para el baño y salgo por la puerta. Pero no me dirijo directamente hacia el baño. Volteo la esquina y me dirijo por el corredor hacia donde sé que se encuentra su casillero. Me he convertido un acechador.
—¿Estás buscando a alguien, gaston? —es eugenia, con su propio pase colgando de sus dedos—. ¿Tal vez a rocio?
—Deja de estar jugando conmigo, eugenia.
Ella destella una macabra sonrisa.
—No, en serio. Es solo que no logro entender que es lo que ves en ella.
—Nada —solo lo digo para quitarme de encima a mi ex—. No veo nada en rocio . Lo único que ella ha sido es una distracción por no poderte tener a ti. —la mierda fluye porque necesito proteger a rocio y a mery a cualquier precio.
El sonido de alguien detrás de mí me hace voltear. Es rocio. Ha escuchado cada una de las falsas palabras que han salido de mi boca. eugenia se escabulle hacia ella.
—¿gaston, le has dicho a rocio la verdad respecto el accidente?
—eugenia. No lo hagas —digo en un tono de advertencia—. O le daré una pista a nico sobre lo que ha estado pasando entre tú y yo.
Si eugenia tuviera garras, las tendría afuera y seria mortal.
rocio cojea en mi dirección.
—¿Qué es lo que ha estado pasando entre tú y eugenia, gaston?
eugenia coloca las manos sobre sus caderas, lista para que comience la pelea.
—Sí, gaston. Dile cuanta veces hemos estado juntos desde que regresaste
¿Qué puedo decir? Quiero contarle la verdad a rocio, voy a decirle la verdad.
Respecto a todo. Pero no aquí, no enfrente de eugenia. Ella no tiene nada que ver conmigo y con rocio.
—Di algo —ordena rocio, sus ojos están en llamas. Cuando no lo hago, ella me da una bofetada y se aleja cojeando.

                                                       *********************
Odio las reuniones de motivación. Así que me parece demente estar atrapado en medio de una el día de hoy, entre todos los días. Pero aquí me encuentro, en el medio de la multitud de atletas mientras las porristas guían al resto de la escuela para animar a todo el cuerpo estudiantil.
Escaneo las tribunas. Mi hermana está mirando hacia abajo, ignorando todo excepto las escaleras. rocio está parada con el resto de la multitud empujando entre ellos tratando de salir. Parece tan frágil parada allí, como un pájaro rodeado por una estampida de elefantes.
Hay algunas sacudidas y empujones. Dos alumnos de tercer año están peleando. Y es justo donde rocio está parada.
—¡rocio, cuidado! —grito, pero ella no alcanza a escucharme. No se da cuenta de la conmoción que hay tras ella, pero soy muy lento y hay mucho ruido. El tipo es golpeado en dirección a rocio, quien tropieza tres pasos y cae sobre sus rodillas.
—¡rocio! —grito, empujando a la gente fuera de mi camino para poder llegar hasta ella. Finalmente la alcanzo y me arrodillo a su lado—. ¿rocio, estás bien?
Ella pestañea, parece como si estuviera mareada y se sienta.
—rocio…rocio..rocio —La multitud comienza a canturrear.
Miro a la multitud y grito.
—¡Callen esa boca de mierda! —pero nadie me escucha. Agarro el codo de rocio. Ella trata de soltarse pero yo la aprieto—. ¿Estás bien? —le pregunto una vez que ella se encuentra en pie. La mayoría de los chicos han parado de gritar su nombre, pero algunos idiotas siguen sin tener nada mejor que hacer.
—gaston, ¿por qué la estas ayudando? La perra es responsable de haberte puesto en la cárcel.
Yo tomo mi puño y golpeo justo en el rostro. Él se me viene encima y estamos uno sobre el otro, puños volando, hasta que el entrenador nos separa.
—¿Dónde está rocio? —pregunto yo.
El entrenador me mira como si yo estuviera loco.
—En la enfermería.
—Tengo que verla.
—La única cosa que vas a ver es la oficina del director, gaston. ¿Qué es lo que te pasa?
Soy escoltado a la oficina de Meyer. No tengo opción.
Pero tan pronto como él deja la oficina, yo salto sobre el escritorio de enfrente y abro la puerta de la enfermería. Los pantalones de rocio están enrollados justo por encima de sus rodillas.
Mi mirada se enfoca inmediatamente en sus cicatrices.
Las furiosas líneas de donde los doctores debieron haberla cocido están rosadas y su pierna luce como si un animal feroz la hubiera arañado. Por su rodilla, donde está el grupo más grande de marcas, creo que tiene un injerto de piel, porque es más oscura y no concuerda con el resto de su suave piel color marfil.
Apartando la vista de su pierna, levanto la mirada en dirección a ella. —Lo siento, rocio —digo.
Su expresión es severa, sus ojos cerrados.
—Vete, gaston. ¿O quieres tomar una foto para poder mostrársela a eugenia? Así tendrían los dos algo de que reírse.
ROCIO:
Gaston ni siquiera sabe que la Sra. Reynolds murió. Cuando lo vi en pasillo esta mañana, iba a decirle. Pero entonces atrape a gaston y eugenia juntos.
Antes de que nuestra relación comenzara, podía entender. Pero yo creía que le gustaba lo suficiente para no necesitar a alguien más. Pensé que lo que teníamos era real. Puaj. No quiero pensar en eugenia y su perfecto cabello rubio y sus perfectos y desvergonzados senos o la manera perfecta en la que camina. Pero no puedo evitarlo. Porque yo no soy perfecta.
Estar sentada en la oficina de la enfermera lo demuestra. Desde que gaston se quedó paralizado allí, sorprendido frente a las cicatrices en mi pierna, he estado muriendo por salir de aquí.
—¿Puedo regresar a clase ahora?
La enfermera de la escuela se inclina sobre mi pierna con guantes de hule, examinándola. Levanta la vista.
—¿Te duele?
¿Se refiere a mi corazón? —No. Está bien —le digo—. De verdad.
—Hay un poco de sangre aquí. Me preocupa que pueda haber daños internos.
—Es sólo una pequeña raspada —le digo mientras la mujer está poniendo antiséptico en una bola de algodón y frota la sangre de mi rodilla—. Se armó un gran problema por nada.
Yo sé por qué Gaston  vino corriendo hacia mí y actuó completamente preocupado. Es porque se siente culpable de que yo escuchara detalles sobre su relación con eugenia. Ese chico sólo dijo la verdad, yo fui responsable de meterlo a la cárcel. gaston y yo nunca deberíamos haber empezado a hablar. Deberíamos haber seguido ignorándonos mutuamente en la casa de la Sra. Reynolds.
Porque si no hubiéramos hablado, no estaría tan unida a él.
Si no hubiéramos hablado, no lo habría besado y querido más. No lo habría dejado manipularme.
La enfermera  no se ve feliz cuando me bajo de la camilla y cuidadosamente bajo mi pantalón. Sin embargo no voy a sentarme aquí y ponerme de mal humor todo el día. Voy a levantarme y mantenerme en alto, ante Gaston, y eugenia... y cualquier otro que decida ponerse en mi camino.
Cuando estoy vestida, doy un suspiro de alivio. Mis cicatrices están cubiertas. Entonces, ¿por qué me siento tan expuesta? Porque gaston ha visto las cicatrices de las heridas que él puso en mi cuerpo.
Las cicatrices constantes que me hacen pensar en él y el accidente todos los días de mi vida.
Por desgracia tengo que pasar por la oficina del director en mi salida. Gaston está sentado frente al escritorio de la secretaria, con la cabeza hundida en las manos.
Como si supiera que lo estoy viendo, levanta la cabeza. Sus ojos me penetran como si estuvieran buscando calor o conexión. ¿Piensa que soy una tonta que quiere ser humillada? Aparto la mirada, espero que la enfermera me escriba un pase y salgo de la oficina tan rápido como puedo.
Como si el día no pudiera empeorar, eugenia está caminando por el pasillo. No me han visto todavía. Me meto al baño de las chicas... ya he tenido suficiente por un día.
Me miro en el espejo del baño. Ojos de color avellana opaco, cabello que no ha decidido si quiere ser claro u oscuro, y una nariz que es demasiado grande para mi cara. En la cima de todos esos defectos, tengo una cojera.
¿Cómo pude alguna vez pensar que podía competir con la perfecta eugenia?
La puerta del baño se abre rechinando. Me escondo en uno de los cubículos y pronto escucho a eugenia decir:
—No me los puedo imaginar besándose. ¿Puedes?
—Por favor, euge, no me hagas asquear. Gaston es, como, un tipo duro de Hollywood y rocio es, como, una idiota total. Probablemente besa con sus labios completamente fruncidos y las manos a los costados.
—Exactamente. Deberías haberla visto esta mañana. Creí que iba a llorar en medio del pasillo.
Las dos se ríen.
Me quiero morir. Olvida mantenerme en alto, en el fondo soy realmente una idiota y una cobarde.
Me asomo por la abertura de la puerta. EUGENIA juega con su cabello largo y rubio.
—Él siempre te va a amar. Ustedes dos tienen un vínculo que no puede ser deshecho —dice la otra chica.
eugenia deja de jugar con su cabello y se apoya en uno de los lavabos.
—gaston le dijo a nico que estaba interesado en salir con rocio.
—¿Por qué rocio? ¿No es ella la persona menos probable para atraparlo? Él la golpeó con su coche, ya sabes. Y ella se aprovecha.
eugenia titubea.
—¿Qué? —pregunta 
—¿Has comprobado los cubículos?
Huy. Soy carne muerta. Equilibrarme en la tapa del inodoro con una pierna mala no es una buena opción.
La puerta de uno de los cubículos se abre rechinando. Oh, no.
Trato de mirar por la puerta, pero no quiero tropezar o hacer ningún sonido que les avise que estoy espiando.
—Ustedes dos son tan patéticas. Deberían haber revisado antes de empezar a balbucear sobre su patética vida.
Es mi prima.
—¿Qué has oído? —dice eugenia
—¿Qué piensas? Lo escuché todo.
—Y te lo guardarás para ti misma, ¿no es así?
se pone las manos en sus caderas.
—No lo sé. ¿Por qué no dejas de difundir rumores sobre mi prima? Ella puede cojear, pero tiene más para admirar que ustedes dos juntas.
Las otras chicas la miran fijamente como si le hubieran brotado alas, totalmente sorprendidas de que su seguidora finalmente demuestre que tiene mente propia
—Pon los pies en la tierra,. No olvides que eras una perdedora y rocio estaba en tu lugar hace un año..
—eugenia, solía adorar el suelo que pisabas porque eras bonita y popular y tenías un novio que el resto de las chicas sólo soñaban que pudieran conseguir. Quería ser popular, ser como tú. Ahora sólo piensa que eres patética.
—Será mejor que tengas cuidado, Sabrina, o simplemente puede ser que te encuentres siendo una perdedora de nuevo tan rápido que tu cabeza dará vueltas —los ojos de eugenia son grandes y salvajes, y creo que si ella tuviera súper poderes habría fundido a mi prima con esa única mirada. Pero ella no tiene súper poderes. eugenia hace con el pulgar y el dedo índice en una “L” sobre su frente, dirigiéndola hacia mi prima.
Mientras que ella está dando la cara por mí y siendo amenazada, yo estoy escondiéndome como una cobarde. Mis manos están sudorosas. Me doy cuenta de que mi propio miedo me retiene. Observo a mi prima dando la cara por mí sabiendo que el resultado final no va a ser bonito. Siento el espíritu de la Sra. Reynolds dándome coraje.
Empujo la puerta del cubículo abriéndola ampliamente, el fuerte chirrido alerta a las tres de mi presencia.
La cara de mi prima está tan sorprendida como la de eugenia y su amiga. eugenia emite una risa nerviosa, pero se recupera rápidamente.
—¿Es este, como, el baño designado para perdedoras y nunca tomé nota?
—Eres igual que tú prima —me dice la otra—. Siempre vas a seguir los pasos de chicas como eugenia y yo.
Cojeo al lado de mi prima.
—tú y eugenia lo tienen todo. Y sin embargo... ambas son caparazones vacíos, nada que valga la pena en el interior. No las seguiría incluso si eso significara la curación de mis piernas.
—Creo que el accidente dañó tu cerebro. —eugenia escupe las palabras como un dragón que escupe fuego sobre su enemigo.
Sé que no he sido fuerte desde el accidente. Nunca doy la cara por mí misma y me concentro en mis defectos en vez de mis virtudes. Pasar tiempo con una mujer fuerte como la Sra. Reynolds debe haberme contagiado. Y pasar tiempo con gaston en los últimos meses me ha hecho sentir atractiva y hermosa. Yo sólo... en el fondo no puedo creer que él me estuviera mintiendo. La admiración brillaba a través de las profundidades de sus ojos. Le temblaban los dedos cuando delineaba mis labios o tocaba mi cara. Un chico como gaston, que esconde sus emociones, no podría fingir las reacciones tan intensas incluso si quisiera.
Eugenia sacude su cabeza y se burla de mí.
—Si gaston te dio la menor atención es sólo porque sentía lástima por ti.
Estoy segura de que lo hizo... pero lo que compartimos fue mucho más allá de eso.
—No me burlaría si fuera tú —le digo a eugenia—. No se ajusta a tu cara.
Mi prima se vuelve hacia mí.
—¿gaston? No, no puede ser verdad. ¿Puede serlo?
Asiento.
—¿El gaston? ¿El hermano de mery? ¿gaston? —ladeo mi cabeza hacia un lado y asiento un poco más.
La boca de ella se abre y los ojos se salen de sus órbitas.
Como una onda de choque, me doy cuenta de que gaston tuvo razón todo el tiempo. Ir a España era sólo una manera de escabullirme, una manera de escapar de la gente y una manera de olvidar el accidente por un tiempo. Pero el accidente ocurrió. No hay manera de olvidarlo. Y yo cojeo. Tengo que enfrentar el hecho de que nunca seré la misma de antes.
Está bien. Estoy bien. Tomando una respiración profunda, me doy cuenta de algo...
Me siento más fuerte y más viva que antes del accidente.
La puerta del baño se abre. La profesora entra al baño. Sus cejas se alzan cuando presencia nuestra pequeña confrontación.
—¿No se supone que todas ustedes están en clase?
Ninguno de nosotras responde. eugenia me está mirando, mi prima  todavía tiene la boca abierta en shock, y yo no estoy revelando nada.
—Muy bien, entonces. Vamos todas a hacer un viajecito a la oficina del director para que podamos llegar al fondo de esto.
—Me parece muy bien —le digo.
Los ojos de eugenia siguen escupiendo fuego.
 —¡No puede ser! ¿gaston? —articula silenciosamente.
No es culpa de Eugenia ROCIO:
ser hermosa y bonita. Ni siquiera es culpa de gaston sentirse atraído por ella. Eso ni siquiera importa.
Lo que importa es que no estoy acarreando sentimientos de odio y traición. Eso ha sido demasiado agotador. La Sra. Reynolds tenía razón.
No odio a eugenia.
No odio a mery.
No odio a gaston.
Me siento más fuerte que... bueno, ni siquiera puedo recordar cuándo. Lo único que sé es que me siento bien. No, mejor que eso. Me siento fuerte.

DEJANDO EL PARAISO CAPITULO 11

ROCIO:

No puedo culpar a mi mamá por su cita esta noche. Gracias a Gaston, estoy llegando a términos con eso.
Esa primera noche me besó mágicamente. Estaba toda preparada para ser solo amigos, apreciando nuestra relación platónica, cuando de repente se convirtió en algo más. Cuando estoy con el no pienso en mi cojera. Todo lo que pienso es como se siente el ser capaz de hablar y compartir y besar.
¿Y enamorarme de Gaston otra vez? No lo sé. Estoy tan nerviosa y asustada de ser herida de nuevo, que mantengo una pared para que mi corazón este protegido.
Poco a poco ha estado socavando esa pared.
Después del trabajo nos hemos estado bajando del autobús dos manzanas más atrás para que podamos robar unos pocos minutos extras juntos.
Desafortunadamente, hoy tenía una reunión con algún consejero del Departamento de Correcciones. Dijo que era importante, así que espero que le vaya bien.
Le he perdonado por el accidente. Hace dos días intentó proponerlo, diciendo que tenía algo importante que decirme sobre eso. Lo corté con un beso y promesas de perdón.
Miro hacia arriba y paro de soñar despierta sobre canciones y árboles y Gaston para encontrar a la Señora Reynolds de pie sobre mí. Dejo de tararear. —Estás muy alegre hoy.
Cuando estamos guardando los platos, la Señora Reynolds se balancea y se sujeta al borde del mostrador para apoyarse.
—¿Está bien? —pregunto, tomando su plato y dirigiéndola al sofá.
—Estos nuevos medicamentos están causando estragos en estos viejos huesos, eso es todo. Nada por lo que preocuparse.
Yo me preocupo. Antes de dejar su casa, llamo a su hijo y le digo que la controle.
Me dirijo a la parada del autobús después de convencerme de que está bien. Un coche me grita cuando camino. Lo reconozco como el mismo coche con los tipos con los que se peleó con Gaston.
— Hey, es la novia retrasada de Gaston —alguien grita por la ventana. Me muerdo el interior del labio y sigo andando.
—Creo que te quiere, Pablo. Por qué no le muestras un buen rato —alguien más dice. Luego todos ellos se ríen.
El coche está yendo despacio a mi lado. Solo espero que no bajen del coche. Si paro de andar, ¿saldrán?
¿Me harán daño?
Un miedo profundo, tan intenso que estoy temblando por dentro, no me deja parar.
No puedo volver a la casa de la señora Reynolds. Está demasiado lejos y no puedo correr más rápido que estos tipos. Hay casas que bordean la calle. Podría intentar tocar el timbre y pedir a alguien que llame a la policía.
Un plan se forma en mi cabeza. Me doy la vuelta y me dirijo en dirección contraria, la dirección por la que venía. Pero en el proceso me caigo. Mis manos me escuecen y siento humedad pegajosa goteando por mi rodilla del corte que me acabo de hacer de la caída.
—¿Tuviste un buen viaje? —uno de ellos grita por la ventana.
Me levanto y cojeo más rápido, rezando por que el coche no se vuelva y me siga. Porque si lo hacen, no sé cómo voy a manejarlo. Escucho el sonido del coche girando. No me atrevo a mirar atrás y darles otra razón para venir tras de mí. Pero difícilmente puedo oír nada aparte del jadeo furioso de mi propia respiración.
El alivio corre a través de mí cuando el autobús hace un estruendo calle abajo. Me apresuro a la acera y le hago señas al autobús para que pare, luego miro para ver si el coche está todavía por aquí.
—¿Estás bien? —pregunta el conductor del autobús.
—Estoy bien —digo, luego me escabullo al final para sentarme.
Nada puede curarme, ninguna cantidad de terapia o cirugías. La vieja rocio, la estrella del tenis sin cojera debilitante, la vieja rocio, quien podía huir del peligro, no existe.
Gaston está fuera cortando el césped conforme bajo la calle. Para el motor y se precipita a mi tan pronto como mira hacia a mí.
—¿Qué ha pasado? Dime que ha pasado.
Estoy intentando contener las lágrimas. —Estoy bien.
Mira alrededor para asegurarse de que la gente no está mirando, luego acuna mi cara en sus manos. — No estás bien. Maldita sea, háblame.
Lo miro con desesperación. —Fue este tipo, Pablo.
—Lo mataré si te ha tocado —gruñe, mirando mis pantalones rasgados manchados de sangre.
—No lo hizo. Él y sus amigos solo me asustaron, eso es todo.
—Me aseguraré de que no vuelva a suceder, rochi.
Le sonrío afectuosamente. —No vas a ser siempre capaz de protegerme. ¿Qué vas a hacer cuando esté en España?, ¿volar y golpear a todos los tipos malos que se rían de mi?

GASTON
Yo dije que Pablo iba a pagarlo, pero no sabía cómo hacerlo... legalmente. Es decir, hasta que ayer mientras estaba hablando con los chicos en el almuerzo me dijeron que pablo competiría hoy con su escuela en nuestro torneo de lucha.
—Gaston, te ves como si estuvieras a punto de matar a alguien —me dice nico mientras estoy saltando a la cuerda para calentarme.
—¿Cómo está tu novia? —pregunta.
—Mejor que la tuya cualquier día.
—Ella está lisiada gaston.
—Tú serás el cojo después de esta pelea
Suena el silbato.

ROCIO
La Sra. Reynolds se detiene y se vuelve hacia mí. —Necesitas algo para darle vida a tu guardarropa, Rocio. Todo lo que vistes es sólido, y para ser completamente honesta, la ropa es un poco grande y casual. vamos a tener una cena esta noche y quiero vestirte. Considéralo un regalo adelantado de navidad.
Cuando regreso al vestuario para quitarme el vestido, la señora Reynolds me detiene. —Mantenlo puesto,rocio. Vamos a ir a cenar de aquí y no tendrás tiempo de cambiarte
La Sra. Reynolds está sonriendo mientras conduzco hasta su casa. Cuando aparco en el garaje, finalmente descubro de qué se trata todo esto.
El mirador está terminado, y gaston ha colgado luces blancas por todo el alrededor. Velas blancas están encendidas, haciendo que la luz del mirador crezca. Gaston está de pie junto a éste, con pantalones color caqui y una camisa blanca y con corbata. Cuando él me guiña el ojo y muestra su sonrisa, siento que otra pieza de mi armadura cae.
GASTON



Me apresuro hacia el coche para abrirle la puerta a la Sra. Reynolds. Le extiendo mi mano para ayudarla a salir del coche. —Está caliente —le digo.
Ella me da una palmada en la mejilla y le dice: —Si yo fuera sólo sesenta años más joven, hijo mío.
—¿Hizo lo que le dije? —digo cerca de su oído. Ella resopló. La Sra. Reynolds y yo somos compañeros en el crimen de esta noche. El quiosco se ha terminado. Mi trabajo aquí ha terminado. Estuve con la anciana que rochi cuida alrededor de la ciudad hasta las seis. He estado planeando en mi cabeza esta noche juntos durante una semana. Una noche perfecta.
Cuando doy vuelta y cojo la vista de rochi, estoy condenado al fracaso. Y sin palabras.
La Sra. Reynolds dice: —No pongas esa cara asustada, Gaston. No se ajusta a tu cara.
rocio se acerca a mí, con el vestido mostrando las curvas que recientemente había soñado.
—El mirador se ve muy bien —dice.
No puedo ver lejos de ella. Demonios, no puedo quitar mis ojos de ella. Estas dos mujeres son probablemente mi gracia salvadora.
rocio se sonroja, y luego se desliza para reunirse con la Señora Reynolds en el mirador.
He puesto una mesa dentro del mirador con tres platos de comida, cortesía de mi jardín reservado y del Restaurante ―Pequeña Italia. He añadido un calentador pequeño para mantener el quiosco caliente, y un radio portátil con la reproducción de música suave en el fondo.
Después de tirar una silla para rocio, tiendo mi mano a la Sra. Reynolds.
—¿Quiere usted bailar, Señora?
Ella se ríe, pero me toma de la mano y tiro de ella en un giro depositándola en mis brazos. Ella grita. —gaston, por favor. Soy una señora de edad. ¿Dónde está mi bastón?
—Pensé que a las señoras mayores, les gustaban los hombres más jóvenes —bromeo, y bailamos lentamente hasta que la canción se ha terminado.
Le llevo a su silla y la dejo ahí. —Lo mejor es mirar lejos de él, rocio. Él es peligroso —hago una mueca de dolor cuando me agacho para sentarme.
—¿Qué está mal? —rocio pregunta.
—Nada —le digo después de que todo el mundo se ha servido. Tomo una cucharada de la sopa y miro hacia arriba. rocio no me lo compraría. Ni la Sra. Reynolds—. Vale, vale. Competí en una lucha hoy por invitación. No es gran cosa.
—Yo no sabía que te habías unido al equipo.
—Fue una cosa de una sola vez. Me parece.
La Sra. Reynolds termina su sopa y ondea la cuchara hacía mí. —Es posible que tenga una costilla rota.
—Estoy seguro de que es sólo una magulladura —digo, tratando de tranquilizar tanto a ella como a mí—. Justo antes de cubrir a pablo en la segunda ronda, me tiraron al suelo y tomó un período de cinco puntos.
He ganado la pelea, pero el entrenador aún así me mando al infierno por jugar sucio la primera ronda.
—No puedo esperar hasta ver los narcisos —rocio dice, con los ojos brillantes con las velas brillando sobre ellos. Mis manos están húmedas por el nerviosismo, no tengo idea de por qué—. Vas a tener que tomar una foto para mí y enviarla a España.
Todavía no puedo creer que ella se vaya. Justo cuando me enamoré de ella.
—Hablando de España... —la Sra. Reynolds tiene las manos en un sobre—. Disfruta de tu viaje, pero siempre recuerda de dónde vienes.
rocio pone un vaso lleno de agua frente a ella. —¿Quién puede olvidar el Paradise?
Chocamos nuestros vasos.
Después de comer,. Como puedo coloco las tartas en frente de rocio y la Señora Armstrong, jurarías que se pusieron de acuerdo por las expresiones en sus eufóricos rostros. Todos tomamos un tenedor y probamos.
—Este ha sido el día más magnífico de mi vida desde que Albert murió, descanse en paz. Gracias a ambos. Pero estos huesos cansados necesitan un descanso.
—¿Estás bien? —rocio pregunta, la preocupación marca su voz. Los dos nos levantamos para ayudarla.
—No, ustedes dos siéntense y disfruten. Sólo necesito descansar un poco.
Independientemente de que la anciana está renegando. rochi la lleva al piso de arriba mientras yo limpio los platos. —¿Ella está bien? —pregunto cuando rocio vuelve al exterior.
—Creo que sí. Ella fue al doctor ayer. Él quiere hacerle algunas pruebas, pero es demasiado testaruda para ir.
Puedo ver a rocio. Dios, cualquiera que esta con ella se ve infectado por su humildad y honestidad. —¿Bailamos?
—No puedo —dice—. No con mi pierna...
Tomo su mano en la mía y la conduzco de nuevo al quiosco. —Baila conmigo, rochi —la insto poner un brazo en mi espalda y la acerco a mí.
Nos domina de la música. Poco a poco se relaja en mis brazos. —Nunca imaginé que sería así —dice ella en mi pecho.
Cuando la pierna le empieza a doler, hago lugar en el suelo y nos acostamos el uno al lado del otro.
—¿Qué viste en eugenia? —se pregunta.
Caray, ni yo lo sé. —Ella era muy popular y bonita. Alguien con quien todos los chicos querían salir. Solía mirarme como si yo fuera el único hombre que pudiera hacerla feliz —ella se sienta—. Muy bien, ahora sueno como un idiota —yo era uno.
Se acuesta a mi lado, utilizando mi brazo como almohada.
Vemos las velas quemándose una por una. Cuando sólo hay una vela a la izquierda, la beso suavemente en los labios trazando sus curvas con las manos hasta que tengo el aliento débil.
—Déjame ver tus cicatrices —digo cuando estamos los dos jadeando y tratando de aspirar de nuevo. Hago uso de la orla de su vestido en mi puño y deslizo lentamente el material hacía arriba.
Ella toma mi mano con la suya y alisa el material hacia abajo. —No.
—Confía en mí.
—Yo... no puedo —murmura—. No con mis cicatrices.
Sus palabras me golpearon como el azote de una puerta. Porque aunque ella piensa que ella me perdonó, aunque hizo promesas de perdón, incluso si ella me besa como si yo fuera su héroe, finalmente se da cuenta que no puede superar su ira en su interior. Y nunca va a confiar en mí.
Me acuesto de nuevo, totalmente frustrado, y poniendo mi brazo sobre mis ojos. —Esto no va a funcionar, ¿verdad?
rocio se sienta. —Estoy tratando —dice ella, con su voz llena de pesar.
Quiero decirle a rocio que no soy el responsable de lastimar a su pierna, pero no puedo.
¿Qué pasa si mery estaba en lo cierto? No puedo dejar que mi hermana vaya a la cárcel cuando ya he pagado por su error. Estoy comprometido a vivir con esa culpa para siempre.
La noche del accidente, se suponía que debía llevar a casa a mery. Pero yo estaba demasiado borracho y enfurecido por las acusaciones de rocio. Que quedarme con Eugenia y asegurarme de que no se fuera a casa con otro individuo fue más importante que cualquier otra cosa. Mi maldito ego. No tenía idea de que mery se llevó mis llaves hasta que ella volvió a la fiesta despotricando como loca acerca de un accidente.
El resto, como dicen, es historia.