GASTON
Rocio me llamó. Si no fuera por el trozo de papel desgarrado con su nombre y su número garabateado por mi hermano, nunca habría creído que rocio realmente marcara mi número. De nada ha servido interrogarlo porque el niño tiene una memoria de pez y apenas recuerda haber cogido el recado. La única información que tengo es que ella quería que la llamara.
Eso fue ayer por la tarde, antes de que se quedara dormida en mis brazos.
Cuando le dije que me mostrara a la verdadera rocio, pude ver el miedo reflejado en sus ojos. ¿Pero a qué viene tanto miedo? Mi objetivo es conseguir derribar la pared de «perfección» tras la que se oculta. Sé que hay algo más en ella aparte de unos mechones rubios y un cuerpo de escándalo. Secretos que se llevará la tumba y que se muere por compartir. Es un misterio, y no puedo pensar en otra cosa que no sea resolver el enigma.
Cuando le dije que nos parecíamos, lo decía en serio. En lugar de desvanecerse, la conexión que nos une se está haciendo cada vez más fuerte. Porque cuanto más tiempo paso con ella, más cerca quiero estar.
Siento la necesidad de llamar a rocio, tan solo para escuchar su voz, aunque esté llena de veneno. Abro el móvil, tomo asiento en el sofá del salón y grabo su número en la agenda.
- ¿A quién llamas? -me pregunta Paco colándose en mi casa sin llamar siquiera a la puerta. cande lo acompaña.
- A nadie -digo, cerrando la tapa del teléfono.
- Pues entonces levantatedel sofá y vamos a jugar fútbol.
Jugar al fútbol me apetece mucho más que quedarme aquí sentado a pensar sobre rochi y sus secretos, aunque todavía sienta los efectos de la fiesta de anoche. Nos dirigimos al parque donde ya hay un grupo calentando.
Me encargaré de mi hermano en cuanto llegue a casa esta noche. Le cantaré las cuarenta. Y en cuanto a rocio...
Se negó a que la acompañara en coche desde casa de candela porque no quería que nadie nos viera juntos. A la mierda. Mi hermano no es el único que necesita que le canten las cuarenta.
Saco el móvil y marco el número de rocio.
- ¿Sí?
- Soy gaston -le digo, pese a saber que lo habrá visto en la llamada entrante-. Nos vemos en la biblioteca. Ahora.
- No puedo.
Ya no estamos en el show de rocio, sino en el show de gaston.
- Este es el trato, nena -matizo mientras llego a mi casa y me monto en la moto-. O apareces en la biblioteca en quince minutos o me llevo a cinco amigos a tu casa y acampamos delante de tu jardín esta noche.
- ¿Cómo te atreves...? - empieza a decir ella. Cuelgo antes de que pueda terminar la frase.
Circulo a toda velocidad para apartar de mi mente la imagen de la noche anterior, rocio acurrucada en mi regazo, y me doy cuenta de que no tengo ningún plan.
Me pregunto sí el show de gaston acabará siendo una comedia, o lo que es más probable, una tragedia. Sea cual sea el resultado, será un reality show que merece la pena no perderse.

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