sábado, 28 de enero de 2012

DONDE ELLA ESTE CAPITULO 17

Capítulo 17

Empecé a tocar en mi primera banda, cuando tenía catorce años. Nuestra primera presentación fue en una fiesta en una casa cerca del campus de la universidad. Los tres en la banda apestamos. Ninguno de nosotros había estado tocando durante mucho tiempo, y después del concierto descubrimos que habían sobornado al anfitrión de la fiesta para que nos dejara tocar. Es un hecho poco conocido que la primera incursión de gaston dalmau tocando música rock frente a una audiencia podría nunca haber sucedido si no hubiera conseguido un barril de cerveza.
Lo que podía escuchar en las pausas entre canción y canción era el sonido de la fiesta: el ruido de botellas de cerveza tintineando, de la charla sin sentido, de gente riendo, y, lo juro, en el cuarto trasero de la casa, gente viendo American Idol. El punto es, que podía oír todo eso, porque nuestra banda era tan mala que nadie se molestó en reconocer que estábamos tocando. No éramos dignos de aplausos. Éramos tan malos que incluso nos abuchearon. Simplemente lo ignoramos. Cuando terminamos de tocar, la fiesta continuó como si nunca nos hubiéramos ido.
Mejoramos. Nunca a grandiosos, pero mejores. Y nunca lo suficientemente buenos para tocar en nada más que fiestas en casas. Entonces alguien se fue a la universidad, y yo me quedes sin batería, y ese fue el finalde la banda.
Así comenzó mi breve experiencia como cantautor solitario por la ciudad, tocando mayormente en cafés. Hacer gira en cafés fue ligeramente mejor que las fiestas en casas. Con sólo yo y una guitarra, no tenía necesidad
subir mucho el volumen, y la gente en la audiencia fue en su mayoría respetuosa. Pero mientras tocaba, me seguía distrayendo con los sonidos de otras cosas aparte de la música: el pitido de la máquina de capuchino, las conversaciones en voz baja sobre Cosas Importantes de los estudiantes universitarios intelectuales, las risas de las chicas. Después de la presentación, las risas se hicieron más fuertes cuando las chicas se acercaron a mí para hablar, para preguntarme por mi inspiración, para ofrecerme mezclar CD´s que habían hecho, y en ocasiones para ofrecer otras cosas.
Una chica fue diferente. Ella tenía brazos fibrosos y musculosos y una mirada feroz en sus ojos. La primera vez que me habló sólo dijo. —Estás desaprovechado.
—No. Sobrio como una piedra —contesté.
—No me refiero a eso —dijo, arqueando su ceja perforada—. Estás desaprovechado en lo acústico. Te he visto tocar antes en esa terrible banda tuya, pero eras muy bueno, incluso para un niño como tú.
—Gracias. Creo.
—No hay de qué. No estoy aquí para adular. Estoy aquí para reclutar.
—Lo siento.
, yo estoy formando una banda. Creo que eres un guitarrista tremendamente talentoso, así que estoy aquí para asaltar tu cuna, artísticamente hablando.
Yo apenas tenía dieciséis años de edad y estaba un poco intimidado por esta chica agalluda, pero me dije por qué no. —¿Quién más está en la banda?
—Yo en la batería. Tú en la guitarra.
—¿Y?
—Esas son las partes más importantes, ¿no te parece? Bateristas y guitarristas que toquen fantástico no crecen en árboles, No te preocupes, voy a llenar los espacios en blanco. Soy Lali por cierto. —Asomó su mano. Estaba cubierta de callos, siempre una buena señal en un baterista.
En el plazo de un mes, Lali había reclutado a peter y nico, y nos habíamos bautizado como teen angels y comenzado a escribir canciones juntos. Un mes después de eso, tuvimos nuestro primer concierto.. Desde el primer momento, algo fue diferente. Cuando rasgué mi primer acorde, fue como apagar una luz. Todo simplemente se quedó en silencio. Tuvimos la atención del público y la mantuvimos. En el espacio vacío entre canciones, la gente aplaudió y luego se tranquilizó, anticipando nuestra siguiente canción. Con el tiempo, empezaron a gritar peticiones. Después, llegaron a saberse nuestras letras tan bien que las cantaban, lo que era muy útil cuando cantaba espaciada una letra.
Muy pronto, pasamos a tocar en grandes clubes. A veces podía distinguir los sonidos del bar en el fondo: el tintineo de los vasos, los gritos de órdenes al barman. También comencé a escuchar a personas gritar mi nombre por primera vez. ―¡gaston!‖ ―¡Por aquí!‖ Muchas de esas voces pertenecían a chicas.
Las chicas a las que en su mayoría ignoraba. En este punto, yo había empezado a obsesionarme con una chica que nunca venía a nuestras presentaciones, pero que yo había visto tocar el violonchelo en la escuela. Y cuando rocio se había convertido en mi novia, y luego empezó a venir a mis presentaciones —y para mi sorpresa, parecía realmente disfrutar, si no los conciertos, por lo menos nuestra música— a veces la trataba de escuchar a ella. Quería oír su voz gritando mi nombre, a pesar de que sabía que era algo que ella nunca haría. Era una asistente poco dispuesta. Que tendía a estar entre bastidores y mirarme con intensidad solemne. Incluso cuando se relajaba lo suficiente algunas veces al ver la presentación como una persona normal, desde la audiencia, se mantenía muy reservada. Pero aún así, estaba atento al sonido de su voz. Nunca pareció importar que no la escuchara. Tratar de escucharla era parte de la diversión.
Cuando la banda se hizo más grande y las presentaciones se hicieron más grandes, los aplausos se volvieron más fuertes. Y luego de un tiempo, todo quedó en silencio. No había música. No banda. No fans. No rocio.
Cuando regresaron —la música, los conciertos, las multitudes— todo parecía diferente. Incluso durante esa gira de dos semanas justo antes del estreno de abre tus ojos, me di cuenta de cuánto habían cambiado por la forma en que todo parecía diferente. El muro de sonido que tocábamos envolvía a la banda, casi como si estuviéramos tocando dentro de una
burbuja hecha de nada más que nuestro propio ruido. Y entre las canciones, había gritos y chillidos. Pronto, mucho antes de lo que jamás podría haberme imaginado, estábamos tocando en lugares enormes: arenas y estadios, ante más de quince mil fans.
En estos lugares, hay tanta gente, y tanto sonido, que es casi imposible distinguir una voz específica. Todo lo que oigo, más allá de nuestros propios instrumentos ahora sonando a todo volumen de los más potentes altavoces disponibles, es ese grito salvaje de la multitud cuando estamos detrás del escenario y las luces se apagan justo antes de que salgamos. Y una vez que estamos en el escenario, los gritos constantes de la multitud se mezclan de modo que suenan como el aullido furioso de un huracán; algunas noches juro que puedo sentir el aliento de esos quince mil gritos.
No me gusta este sonido. Me parece la naturaleza monolítica de la desorientación. Para algunos conciertos, intercambiamos nuestros monitores de cuña por piezas para el oído. Era un sonido perfecto, como si estuviéramos en el estudio, con el rugido de la multitud bloqueado. Pero eso era aún peor en cierto modo. Me siento tan desconectado de la multitud como están las cosas, por la distancia entre ellos y nosotros, una distancia separada por una vasta extensión de escenario y un ejército de seguridad que impiden que los fans suban para tocarnos o saltar del escenario de la manera en que solían hacerlo. Pero más que eso, no me gusta que sea tan difícil escuchar una sola voz penetrando a través del ruido. No lo sé. Quizás todavía estoy tratando de escuchar esa única voz.
Sin embargo, de vez en cuando durante una presentación, cuando yo o nico hacemos una pausa para volver a afinar nuestras guitarras o alguien toma un trago de una botella de agua, haré una pausa y me esforzaré en distinguir una voz entre la multitud. Y de vez en cuando, puedo. Puedo oír a alguien pidiendo a gritos una canción específica o gritando ¡Te amo! O coreando mi nombre.
Mientras estoy aquí en el Puente estoy pensando en esas presentaciones en estadios, en sus huracanes de ruido blanco. Debido a que todo lo que puedo oír ahora es un rugido en mi cabeza, un grito mudo mientras rocio desaparece y trato de dejarla.
Pero hay algo más, también. Una pequeña voz tratando de abrirse paso, de penetrar a través del rugido de nada. Y la voz se hace más fuerte y más fuerte, y es mi voz esta vez y está haciendo una pregunta: ¿Cómo lo sabe ella?

viernes, 27 de enero de 2012

DONDE ELLA ESTA CAPITULO 16

Capítulo 16
“Y me puse  a pensar en vos,

En esos días en que todo estaba bien entre los dos , con vos

En esos días en que yo tenia tu amor…”
                                                            Pensando en vos.

Dedos de luz están empezando a abrir el cielo nocturno. Pronto saldrá el sol e indiscutiblemente un nuevo día comenzará. Un día en el que yo me voy a Londres y rocio a Tokio. Siento la cuenta atrás del reloj marcando como una bomba de tiempo.
Ahora estamos en el puente, y aunque rocio no lo ha dicho de manera específica, siento que esta debe ser la última parada no es como el viaje de ida y vuelta que da el ferry y luego vuelve. Además, rocio ha decidido, creo, que desde que ella sacó algunas confesiones, ahora es mi turno. A mitad de camino a través del puente, se detiene de repente y se vuelve hacia mí.
—Entonces, ¿qué pasa contigo y la banda? —pregunta.
Hay un viento cálido que sopla, pero de repente me siento frío. —¿Qué quiere decir con ―qué pasa‖?
rociose encoge de hombros. —Algo pasa. Es lo que puedo decir. Apenas hablaste de ellos durante toda la noche. Ustedes solían ser inseparables, y
ahora ni siquiera viven en el mismo estado. ¿Y por qué no se han ido a Londres juntos?
—Te lo dije, transporte.
—¿Qué era tan importante que no podrían haber esperado una noche por ti?
—Tuve que... tuve que hacer algunas cosas. Ir al estudio y extender algunas pistas de guitarra.
rocio me mira con escepticismo. —Pero estás de gira para un nuevo álbum. ¿Por qué estás aún grabando?
—Una versión de promoción de uno de nuestros singles. Más de esto —le digo, frunciendo el ceño mientras froto dos dedos juntos en un movimiento que señala dinero.
—¿Pero ustedes no solían grabar juntos?
Sacudo la cabeza. —No funciona así en realidad, ya no más. Y, además, tenía que hacer una entrevista.
—¿Una entrevista? ¿Sin la banda? ¿Sólo contigo? Eso es lo que no entiendo.
Vuelvo a pensar en el día anterior. En valentina . Y de la nada, estoy recordando la letra de pensando en vos y me pregunto si tal vez hablar de esto con rocio por encima de las oscuras aguas del Río, es una buena idea. Por lo menos ya no es viernes trece.
—Sí. Eso es un poco cómo funciona en estos días también —le digo.
—¿Por qué sólo te quieren a ti? ¿Sobre qué quieren saber?
Realmente no quiero hablar sobre esto. Sin embargo, rocio es como un sabueso, rastreando un olor, y la conozco suficientemente bien como para saber que puedo tirarle un pedazo de carne sangrienta, o dejar que huela a su manera la verdadera pila de pestilentes cadáveres. Voy por la diversión.
—En realidad, esa parte es un poco interesante. La periodista, ella preguntó sobre ti.
—¿Qué? —rocio se gira para quedar frente a mí.
—Ella me estaba entrevistando y preguntó acerca de ti. Acerca de nosotros. Acerca de la escuela secundaria.
Saboreé la mirada de asombro en la cara de rocio. Pienso en lo que dijo antes, sobre su vida en nuestra ciudad estando a una vida de distancia. Bueno, tal
vez no está a toda una vida de distancia. —Es la primera vez que pasa. Una coincidencia extraña, considerando todas las cosas.
—Ya no creo en las coincidencias.
—No te dije nada, pero había conseguido el viejo anuario de Puma. La imagen nuestra de ―El Genial y la raro.
rocio sacude la cabeza. —Sí, también amo ese apodo.
—No te preocupes. Yo no he dicho nada. Y para asegurarme, rompí su grabadora. Destruí todas las pruebas.
—No todas las pruebas. —Ella me mira fijamente—. El Puma vive. Estoy segura de que Mery  estará encantada al saber que tal vez sus primeros trabajos puedan aparecer en una revista nacional. —Ella sacude la cabeza y se ríe—. Una vez que Mery  te tiene en la mira, estás atrapado por siempre. Por lo tanto, fue inútil destruir la grabadora de esa periodista.
—Lo sé. Yo solo me perdí. Ella era una persona muy provocativa, y estaba tratando de conseguir que yo me sublevara con todos estos insultos-disfrazado-de-cumplidos.
rocio asiente con la cabeza entendiendo. —Me ha pasado también. ¡Es lo peor! ―Me fascino el Shostakovich que tocó esta noche. Mucho más tenue que la de Bach‖ —dice en una voz altanera—. Traducción: El Shostakovich apestó.
No me puedo imaginar a Shostakovich apestando. Nunca. Pero no la voy a contradecir en este terreno que tenemos en común.
—Así que ¿Qué quería saber acerca de mí?
—Ella tenía planes de hacer esta gran exposición, supongo, de lo que hace que teen angels esté en su momento. Y fue excavando alrededor de nuestra ciudad y habló con quienes fuimos a la secundaria. Y ellos le contaron acerca de nosotros… acerca de… sobre lo que fuimos. Y sobre ti y lo que pasó... —Me desvanecí poco a poco. Miré hacia el río, a una barcaza que pasaba, que a juzgar por su olor llevaba basura.
—¿Y qué pasó en realidad? —preguntó rocio.
No estoy seguro si esto es una pregunta retórica, por lo que fuerzo mi voz en un acento de broma. —Sí, eso es lo que aun estoy tratando de averiguar.
Se me ocurre que esto es tal vez lo más honesto que he dicho durante toda la noche, pero la forma en que lo he dicho lo transforma en una mentira.
—Sabes, mi manager me advirtió que el accidente podría obtener una gran cantidad de atención y elevar mi perfil, pero no pensé que la conexión contigo sería un problema. Quiero decir, lo hice al principio. En cierto modo me esperaba que alguien buscara fantasmas de novias pasadas. Pero creo que no era lo suficientemente interesante en comparación con tus otras, bueno, tus otros archivos adjuntos.
Ella piensa que es por eso que ninguno de los periodistas la ha molestado, porque ella no es tan interesante como daniela, de la que supongo sabe. Si solo supiera cómo el círculo interno de la banda se ha echado hacia atrás para mantener su nombre fuera de los asuntos, de no tocar la herida que florece en la mera mención de ella. Que justo en este momento hay puntos en los contratos de las entrevistas que dictan toda una franja de temas de conversaciones prohibidas, que aunque no esté su nombre en concreto, se trata sobre omitirla del registro. De la protección de ella. Y mía.
—Creo que la secundaria es en realidad historia pasada —concluye.
¿Historia pasada? ¿De verdad nos relegó al basurero ―un montón de tontos romances de secundaria‖? Y si ese es el caso, ¿por qué demonios no puedo hacer lo mismo?
—Sí, bueno, tu más yo, somos como MTV—digo, con tanta desenvoltura de la que soy capaz—. Dicho de otro modo, Carnada de tiburón.
Ella suspira. —Oh, bueno. Supongo que incluso los tiburones tienen que comer.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Es sólo que, yo particularmente no quiero que mi historia familiar sea arrastrada al ojo público, pero si ese es el precio a pagar por hacer lo que amas, creo que lo voy a pagar.
Y estamos de vuelta a esto. La idea de que la música puede hacer que todo valga la pena; me gustaría creerlo. Pero no puedo. Ni siquiera estoy seguro de lo que he hecho. No es la música la que me da ganas de levantarme cada día y tomar otra respiración. Me aparto de ella hacia las oscuras aguas de abajo.
—¿Qué pasa si no es lo que amas? —digo entre dientes, pero mi voz se pierde en el viento y el tráfico. Pero por lo menos lo he dicho en voz alta. He hecho un avance
Necesito un cigarrillo. Me apoyo en la barandilla y miro alto, a la ciudad hacia un trío de puentes. rocio se para detrás de mí, mientras torpemente trato de conseguir que mi encendedor funcione.
—Deberías dejarlo —dice, tocándome suavemente el hombro.
Por un segundo, creo que significa la banda. Que ella ha oído lo que he dicho antes y me dice que renuncie a teen angels, salir de la industria de la música. Sigo esperando que alguien me aconseje salir del negocio de la música, pero nadie lo hace. Entonces recuerdo que hace un rato, ella me dijo lo mismo, justo antes de fumarse un cigarrillo.
—No es tan fácil —le digo.
—Y una mierda —rocio dice con una honradez que al instante me recuerda a su madre, quien usaba su certeza como una chaqueta de cuero destartalada y que tenía una boca que podría hacer sonrojar a un camionero—. Dejarlo no es duro. La decisión de dejarlo es difícil. Una vez que te haces la idea, el resto es fácil.
—¿En serio? ¿Esa es la forma en que me dejaste?
Y así, sin pensar, sin decirlo en mi cabeza, sin discutirlo conmigo mismo por días, sale.
—Entonces —dice ella, como si le estuviera hablando a una audiencia debajo del puente—. Por fin lo dijo.
—¿Se supone que no lo hiciera? ¿Pretendías que debería haber dejado pasar esta noche sin hablar sobre lo que hiciste?
—No —dice en voz baja.
—¿Entonces por qué? ¿Por qué te fuiste? ¿Fue a causa de las voces?
Niega con la cabeza. —No fueron las voces.
—Entonces, ¿qué? ¿Qué fue? —Oigo la desesperación de mi propia voz ahora.
—Fue un montón de cosas. Así cómo no podías ser tú mismo a mí alrededor.
—¿De qué estás hablando?
—Me dejaste de hablar.
—Eso es absurdo, rocio. ¡Hablaba contigo todo el tiempo!
—Hablabas conmigo, pero no lo hacías. Podía verte tener estas dobles conversaciones. Las cosas que querías decirme. Y las palabras que finalmente salían.
Pienso en todas las dobles conversaciones que tengo. Con todo el mundo. ¿Es ahí cuando empezó?
—Bueno, tú no eras precisamente fácil para hablar —le disparo de vuelta—. Todo lo que decía era un error.
Ella me mira con una sonrisa triste. —Lo sé. No fuiste solamente tú. Era yo contigo. Éramos nosotros.
Yo solo sacudo mi cabeza —Eso no es verdad.
—Sí, lo es. Pero no te sientas mal. Todo el mundo caminaba como en cáscaras de huevo cuando estaban alrededor mío. Pero contigo, me dolía que no pudieras ser real conmigo. Quiero decir, apenas me tocabas.
Como para reforzar el punto, coloca dos dedos en el interior de mi muñeca. Donde el humo se eleva y las huellas de sus dos dedos dejan una marca en mí, no me sorprende en lo más mínimo. Tengo que apartarme sólo para estabilizarme.
—Estabas sanando —es mi respuesta patética—. Y si mal no recuerdo, cuando lo intentamos, enloqueciste.
—Una vez —dice—. Una vez.
—Lo único que quería era que estuvieras bien. Todo lo que quería era ayudarte. Habría hecho cualquier cosa.
Ella deja caer la barbilla contra el pecho. —Sí, lo sé. Querías rescatarme.
—Maldita sea, rocio. Lo dices que como si fuera algo malo.
Ella me mira. La simpatía se encuentra todavía en sus ojos, pero hay algo más ahora, también: una fiereza; esta rebana mi ira y la reconstituye como temor.
—Estabas tan ocupado tratando de ser mi salvador que me dejaste sola —dice—. Sé que estabas tratando de ayudar, pero me sentía, a la vez, como si estuvieras apartándome, ocultándome cosas por mi propio bien y convirtiéndome en más que una víctima. Juan  dice que las buenas intenciones de las personas pueden terminar poniéndonos en cajas como limitándonos en ataúdes.
—¿juan? ¿Qué diablos es lo que sabe al respecto?
rocio traza la brecha entre los tablones de madera del paseo marítimo con la punta de su pie. —Mucho, en realidad. Sus padres murieron cuando tenía ocho años. Fue criado por sus abuelos.
Yo sé que lo que debo sentir es simpatía. Pero la rabia sólo se apodera de mí. —¿Qué? ¿Hay algún club? —pregunto, mi voz empieza a agrietarse—. ¿Un club de duelo al que no puedo entrar?
Espero que ella me diga que no. O que soy un miembro.
Después de todo, los he perdido, también. Excepto que incluso en aquel entonces, había sido diferente, como si hubiera habido una barrera. Esa es la cosa que nunca esperas sobre el duelo, cuán competitiva es. Porque no importa cuán importante habían sido para mí, sin importar cuán apenados dicen las personas que estaban, sus padres y Teddy no eran mi familia, y de repente esa distinción importaba.
Al parecer, todavía lo hace. Porque rocio se detiene y considera mi pregunta. —Tal vez no un club de duelo. Sino un club de culpa. De ser dejado atrás.
¡Oh, no me hables de culpa! Mi sangre corre espesa con ello. En el puente, ahora siento las lágrimas venir. La única manera de mantenerlas a raya es encontrar la rabia que me ha sostenido y empujar de regreso con ella.
—Pero podrías habérmelo dicho, al menos —digo, mi voz se elevaba a un grito—. En lugar de dejarme como una aventura de una noche, podrías haber tenido la decencia de romper conmigo en lugar de dejarme preguntándome por tres años...
—Yo no lo planeé —dice ella, su propio tono elevándose—. Yo no subí a ese avión pensando que habíamos terminado. Eras todo para mí. A pesar de lo que estaba ocurriendo, yo no creía lo que estaba ocurriendo. Pero si sucedía. Sólo el estar aquí, estar lejos, fue todo mucho más fácil de una manera que no había previsto. De una manera que no pensé que mi vida podría ser más. Fue un gran alivio.
Pienso en todas esas chicas cuyas espaldas no podía esperar para ver en retirada. Cómo una vez que su sonido y su olor y sus voces se habían ido, sentí que todo mi cuerpo se relajaba. Una gran parte del tiempo Daniela entró en esta categoría. ¿Así es como mi ausencia se sintió para rocio?
—Yo pensaba decirte —continúa, las palabras saliendo ahora en un revoltijo sin aliento—, pero al principio estaba muy confundida. Yo ni siquiera sabía lo que estaba sucediendo, sólo que me sentía mejor sin ti y, ¿cómo podía explicarte eso? Y luego pasó el tiempo, no me llamaste,
cuando no insististe, me imaginé que tú, de todas las personas, entenderías. Que Sabía que estaba siendo una cobarde. Pero pensé… —rocio tropieza por un segundo y entonces recobra la compostura—. Pensé que se me estaba permitido. Y que tú lo entendías. Quiero decir, parece que lo hacías. Escribiste: abre tus ojos, ven a mi,abre tus ojos estoy aqui  No sé. Cuando escuché abre tus ojos simplemente creí que entendías. Que estabas enojado, pero sabías. Yo me tenía que elegir.
—¿Esa es tu excusa para dejarme sin decir una palabra? Eso es cobarde, rocio. ¡Y además es cruel! ¿Es eso en lo que te has convertido?
—Tal vez así era quien tenía que ser por un tiempo —solloza—. Y lo siento. Sé que debería haberte contactado. Debería haberte explicado. Pero no eras del todo accesible.
—Oh, tonterías, rocio. Soy inaccesible para la mayoría de las personas. ¿Pero para ti? Dos llamadas telefónicas y podrías haberme localizado.
—No lo sentí de esa manera —dijo—. Eras este... —se desvanece, imitando una explosión, al igual que valentina había hecho antes en el día—. Fenómeno. No una persona más.
—Eso es un montón de basura y deberías saberlo. Y, además, eso fue a más de un año después de que te fuiste. Un año. Un año en el que estuve acurrucado en una bola de miseria en la casa de mis padres, rocio. ¿O te olvidaste de ese número de teléfono, también?
—No. —La voz de rocio es plana—. Pero no podía llamarte en un principio.
—¡¿Por qué?! —le grito—. ¿Por qué no?
rocio me enfrenta ahora. El viento está azotando su cabello de esta manera en la que se ve como una especie de bruja mística, bella, poderosa, y escalofriante al mismo tiempo. Ella niega con la cabeza y comienza a alejarse.
¡Oh, no! Hemos llegado hasta aquí por el puente. Ella puede volar la maldita cosa si quiere. Pero no sin decirme todo. Yo la agarro, le doy la vuelta para que me enfrente.
—¿Por qué no? Dime. ¡Me debes esto!
Ella me mira, directamente a los ojos. Tomando un objetivo. Y luego aprieta el gatillo.
—Porque yo te odiaba.
El viento, el ruido, todo, sólo se queda en silencio por un segundo, y yo me quedo con un sordo zumbido en el oído, como después de un disparo, como después de que un monitor de corazón cae en una línea plana.
—¿Me odiabas? ¿Por qué?
—Hiciste que me quedara. —Ella lo dice en voz baja, y casi se pierde en el viento y en el tráfico y no estoy seguro de que la he escuchado. Pero luego lo repite esta vez más fuerte—. ¡Hiciste que me quedara!
Y ahí está. Un profundo abismo a través de mi corazón, lo que confirma que una parte de mí siempre lo ha sabido.
Ella lo sabe.
La electricidad en el aire ha cambiado; es como se pudieras sentir los iones bailando.
—Aún me despierto cada mañana y por un segundo se me olvida que no tengo más a mi familia —me dice—. Y entonces recuerdo. ¿Sabes lo que es eso? Una y otra vez. Hubiera sido mucho más fácil... —Y de repente, su fachada de calma se rompe y comienza a llorar.
—Por favor —levanto mis manos—. Por favor, no…
—No, tienes razón. ¡Tienes que dejarme decir esto, gaston! Tienes que escucharlo. Hubiera sido más fácil morir. No es que quiera estar muerta ahora. No lo hago. Tengo mucho en mi vida por lo que siento satisfacción, que me encanta. Pero algunos días, sobre todo al principio, era tan difícil. Y no podía dejar de pensar que hubiera sido mucho más sencillo ir con el resto de ellos. Pero tú… me pediste que me quedara. Me rogaste que me quedara. Te impusiste sobre mí y me hiciste una promesa, tan sagrada como cualquier voto. Y puedo entender por qué estás enojado, pero no me puedes culpar. No me puedes odiar por tomarte la palabra.
rocio está llorando ahora. Estoy atormentado por la pena, porque yo la reduje a esto.
Y de repente, lo entiendo. Entiendo por qué me llamó a ella en el teatro, por qué vino a mí una vez que me fui de su camerino. De esto es lo que la gira de despedida realmente se trata… rocio completando la ruptura que comenzó hace tres años.
Dejándolo ir. Todos hablan de ello como si fuera la cosa más fácil. Desplegar tus dedos uno por uno hasta que tu mano está abierta. Pero mi mano se ha cerrado en un puño desde hace tres años; está firmemente
cerrada. Todo en mí está firmemente cerrado. Y a punto de apagarse por completo.
Miro hacia el agua. Hace un minuto estaba en calma y cristalina pero ahora es como si el río se hubiera abierto, agitándose, un torbellino de violencia. Es ese vórtice, que amenaza con tragarme entero. Me voy a ahogar en él, sin alguien, nadie en la oscuridad conmigo.
La he culpado de todo esto, por irse, por arruinarme. Y tal vez eso fue la semilla de esto, pero de esa pequeña semilla creció esta especie de tumor de planta con flores.
Y yo soy el que la nutre. La riego. Me preocupo por ella.
Mordisqueo las bayas de su veneno. La dejé envolverse alrededor de mi cuello, asfixiándome. Yo he hecho eso. Por mí mismo. Todo por mí cuenta.
Miro al río. Es como si las olas son de cincuenta pies de altura, ahora rompiéndose en mí, tratando de tirarme del puente hacia las aguas.
—¡No puedo seguir con esto! —grito mientras las olas carnívoras vienen por mí.
Una vez más, grito. —¡No puedo seguir con esto! —Estoy gritándole a las olas y a Lali y a peter y a nico y a teo, a los ejecutivos de la discográfica y a daniela y a Vanessa y a los paparazzi y a las chicas en las camisetas de la Universidad y a los exhibicionistas en el metro y a todos los que quieren un pedazo de mí cuando no hay piezas suficientes para todos. Pero sobre todo lo estoy gritando para mí mismo.
—¡NO PUEDO SEGUIR CON ESTO! —grito lo más fuerte que he gritado en mi vida, tan fuerte que mi aliento esté derribando árboles, estoy seguro de ello. Y mientras batallo con las olas invisibles y los vórtices imaginarios y los demonios que son muy reales y de mi propia creación, en realidad siento que algo en mi pecho se abre, un sentimiento tan intenso que es como si mi corazón está a punto de estallar. Y solo lo dejo salir. Sólo lo dejó escapar.
Cuando miro hacia arriba, el río es un río de nuevo. Y mis manos, las cuales habían estado agarrando la baranda del puente tan fuerte que mis nudillos estaban blancos, se han aflojado.
rocio está a poca distancia, caminando hacia el otro extremo del puente. Sin mí.
Ahora lo entiendo.
Tengo que cumplir mi promesa. La promesa de dejarla ir.
De realmente dejarla ir. Para que podamos seguir los dos.

jueves, 26 de enero de 2012

DONDE ELLA ESTE CAPITULO 15

Capítulo 15
Estoy bastante seguro de que cuando los bebés nacen en mi ciudad, salen del hospital con certificados de nacimiento, y diminutos sacos de dormir. Todo el mundo en el estado sale a acampar.
Los hippies y los campesinos sureños. Los cazadores y los abraza árboles. No sé si es porque no importa donde vivas, la naturaleza nunca está tan lejos, pero simplemente parecía como si todo el mundo acampara.
Todo el mundo, eso era, a excepción de rocio.
—Yo duermo en camas. —Fue lo que rocio me dijo la primera vez que la invité a ir a acampar un fin de semana. A lo que me ofrecí a llevar uno de esos colchones inflables, pero aun así lo había rechazado. Su madre me había oído tratando de persuadir a rocio, y se había reído.
—Buena suerte con eso, gaston. —Había dicho ella—.llevamos a acampar a rocio cuando era una bebé. Planeamos pasar una semana en la costa, pero ella gritó por dos días seguidos y tuvimos que volver a casa. Es alérgica a acampar.
—Es cierto —dijo rocio.
—Yo voy. —Teddy se había ofrecido—. Sólo he ido a acampar en el patio trasero.
—El abuelo te saca todos los meses —respondió su padre—. Y yo te he llevado. Simplemente no has acampado con todos nosotros como una familia. —Le había dado un vistazo a rocio. Ella simplemente rodó sus ojos hacia él.
Así que me sorprendió cuando rocio estuvo de acuerdo en ir a acampar. Fue en el verano antes de su último año de escuela secundaria y mi primer año de universidad, y apenas nos habíamos visto el uno al otro. Las cosas con la banda habían comenzado realmente a calentarse, por lo que había estado de gira por gran parte de ese verano, y rocio se había alejado en su campamento de banda, y luego visitando a parientes. Debe haber estado extrañándome mucho. Era la única explicación que me podía imaginar para que cediera.
Sabía que no debía confiarme en la forma punk rock de acampar. Así que pedí prestada una tienda. Y una de esas cosas de espuma para dormir. Y empaqué una hielera llena de comida. Quería hacer todo bien, aunque para ser honesto, no tenía muy claro por qué rocio estaba tan en contra de acampar en primer lugar —no era una chica remilgada, ni de cerca; esta era una chica a la que le gustaba jugar baloncesto a medianoche— así que no tenía idea de si las comodidades serían de ayuda.
Cuando fui a recogerla, toda su familia salió para despedirnos, como si nos fuéramos en un viaje a través del país en lugar de una excursión de veinticuatro horas.
Su madre me saludó.
—¿Qué has empaquetado, para la comida? —preguntó.
—Sándwiches. Fruta. Para esta noche, hamburguesas, frijoles horneados, s'mores. Estoy probando con la auténtica experiencia de acampada.
ella asintió con la cabeza, toda seria.
—Bien, aunque es posible que quieras darle de comer los s'mores en primer lugar si ella se pone irritable. Además, te guardé algunas provisiones. —Me dio una bolsa Ziploc de dos litros—. En caso de emergencia, rompe el cristal.
—¿Qué es todo esto?
—Si se pone demasiado perra, sólo dale de comer esta basura. Siempre y cuando el azúcar esté alto, tú y la vida silvestre deberían estar seguros.
—Bueno, gracias.
negó con la cabeza.
—Eres un hombre más valiente que yo. Buena suerte.
—Sí, la vas a necesitar —dijo su padre. Entonces, él y ella se miraron a los ojos por un segundo, y comenzaron a reírse.
Había un montón de lugares para acampar a una distancia de una hora en coche, pero yo quería llevarnos a un sitio un poco más especial, así que conduje profundamente en las montañas, a este lugar en un antiguo camino forestal, en el que había estado muchas veces cuando era niño.
Cuando salimos del camino a un camino de tierra, rocio preguntó:
—¿Dónde está el campamento?
—Los campamentos son para los turistas. Acamparemos solos.
—¿Acampar solos? —Su voz se elevó en alarma.
—Relájate, rocio. Mi padre solía entrar por aquí. Conozco estos caminos. Y si estás preocupada acerca de las duchas y esas cosas…
—No me importan las duchas.
—Bien, porque tenemos nuestra propia piscina privada. —Apagué el coche, y le mostré a rocio el lugar. Estaba justo junto al río, donde había una pequeña entrada de agua estancada tranquila y cristalina. La vista estaba libre en todas las direcciones, nada más que pinos y montañas, como una gigante postal publicitaria diciendo ¡OREGÓN!
—Es bonito —reconoció rocio, de mala gana.
—Espera a ver la vista desde la cima de la cresta. ¿Estás preparada para dar un paseo?
—rocio asintió con la cabeza. Cogí unos bocadillos, agua, y dos paquetes de de sandía, y subimos por el sendero, perdiendo el tiempo, leímos nuestros libros bajo un árbol. Para el momento en que volvimos, anochecía.
—Será mejor que arme la tienda —le dije.
—¿Necesitas ayuda?
—No. Tú eres la invitada. Relájate. Lee un libro o algo.
—Si tú lo dices.
Puse las piezas de la tienda prestada en el suelo, y comencé a conectar los palos. Pero la tienda era uno de esos modelos novedosos, donde todos los palos están en un rompecabezas gigante, no como las simples tiendas antiguas que había crecido montando. Después de media hora, todavía estaba luchando con ella. El sol se hundía detrás de las montañas, y rocio dejó el libro. Estaba mirándome, una sonrisa un poco perpleja en su cara.
—¿Estás disfrutando de esto? —le pregunté, sudando en la noche fría.
—Por supuesto. Si yo hubiera sabido que sería así, hubiera aceptado venir tiempo atrás.
—Me alegro de que lo encuentres tan divertido.
—Oh, sí. Pero ¿estás seguro de que no te gustaría algo de ayuda? Vas a necesitar que sostenga una linterna si se toma mucho más tiempo.
Suspiré. Levanté las manos en señal de rendición.
—Estoy siendo superado por una pieza de artículos deportivos.
—¿Tu oponente tiene instrucciones?
—Probablemente las tenía en algún momento.
Ella sacudió la cabeza, se levantó, y cogió la parte superior de la tienda de campaña.
—Está bien, tú tomas esta punta. Yo voy a hacer esta punta. Creo que esta parte de abajo se enrolla en esta parte superior.
Diez minutos más tarde tuvimos la carpa montada y estacada hacia abajo. Recogí algunas piedras y algunas astillas para agregarle al hueco del fuego, junto con la leña que encendí para la fogata. Nos preparé hamburguesas en una sartén sobre el fuego y frijoles cocidos directamente en la lata.
—Estoy impresionada —dijo rocio.
—¿Así que ahora te gusta acampar?
—Yo no dije eso —dijo ella, pero estaba sonriendo.
Fue sólo hasta más tarde, después de que tuvimos la cena, lavamos nuestra vajilla en el río iluminado por la luna, y que toque un
poco de guitarra alrededor de la fogata, mientras rocio tomaba sorbos de té y masticaba un paquete de caramelos, que finalmente entendí el problema de rocio con acampar.
Eran quizás las diez de la noche, pero en horario de campamento, eran como las dos de la madrugada. Nos metimos en nuestra tienda, acurrucados en un saco de dormir doble. Jale a rocio hacía mí.
—¿Quieres saber la mejor parte de acampar?
Sentí todo su cuerpo tensarse, no en una buena manera.
—¿Qué fue eso? —murmuró.
—¿Qué fue qué?
—Oí algo —dijo ella.
—Probablemente sólo es un animal —dije.
Ella encendió la linterna.
—¿Cómo sabes eso?
Tomé una linterna y la alumbré con ella. Sus ojos eran enormes.
—¿Estas asustada?
Bajó su mirada y apenas asintió con su cabeza.
—Por lo único que necesitas preocuparte son los osos, y ellos sólo están interesados en la comida, que es la razón de que la guardáramos toda en el coche —le aseguré
—No estoy asustada de los osos —dijo rocio desdeñosamente.
—Entonces, ¿Qué es?
—Yo, yo me siento como un objetivo perfecto aquí afuera.
—¿Objetivo perfecto para quién?
—No lo sé, personas con armas. Todos esos cazadores.
—Eso es ridículo. La mitad de la ciudad caza. Toda mi familia caza, y ellos cazan animales no campistas.
—Lo sé — dijo con una vocecita—. No es eso realmente… simplemente me siento indefensa. Es sólo, no lo sé, el mundo parece tan grande cuando estas al aire libre. Es como si no tuvieras un lugar, como cuándo no tienes un hogar.
—Tu lugar está justo aquí —le susurré, recostándola y abrazándola más cerca.
Se acurrucó cerca de mí.
—Lo sé —suspiró—. ¡Qué fenómeno! La nieta de un retirado biólogo del Servicio Forestal a la que le asusta acampar.
—Eso es sólo la mitad. Tú eres una cellista clásica con padres que son viejos rockeros y punks. Eres un completo fenómeno. Pero eres mí fenómeno.
Nos recostamos en silencio por un tiempo. rocio apago la linterna y se movió más cerca.
—¿Cazaste de niño? —murmuró—. Nunca te oí mencionarlo.
—Solía salir con mi papá —le murmuré de vuelta.
Aun cuando éramos las únicas personas en kilómetros, algo acerca de esa noche demandaba que habláramos en tonos silenciosos.
—Él siempre decía que cuando tuviera doce, me daría un rifle por mi cumpleaños y me enseñaría a disparar. Pero cuando tenía nueve, me fui con algunos primos mayores y uno de ellos me prestó su rifle. Y seguramente fue suerte de principiantes porque le dispare a un conejo. Mis primos se volvieron locos. Los conejos son animales pequeños, y rápidos, e incluso es difícil para cazadores expertos poder matarlos, y yo le di a uno en mi primer intento. Querían llevárselo de vuelta para enseñárselo a todo el mundo y tal vez convertirlo en un trofeo. Pero cuando lo vi todo ensangrentado, empecé a llorar. Luego empecé a gritar que teníamos que llevarlo a un veterinario. Les hice enterrarlo allí en el bosque. Cuando mi papá se enteró, me dijo que el punto de cazar era tomar algún sustento del animal, no importa si lo comemos, o utilizamos la piel o algo, de otra forma, sería un desperdicio de vida. Pero creo que él sabía que yo no estaba hecho para eso, porque cuando cumplí doce, no me dieron un rifle; me dieron una guitarra.
—Nunca me dijiste eso —dijo rocio.
—Supongo que no quería arruinar mi credibilidad de punk-rock.
—Creo que eso la mataría.
—Nah. Soy emocore hasta el fondo, así que funciona.
Un silencio agradable se coló en la tienda. Afuera, podía oír el suave ulular de un búho en el eco de la noche. Rocio me dio un codazo en las costillas
—¡Eres un blando!
—¡Lo dice la chica que está asustada de acampar!
Ella se rió entre dientes. La halé más cerca, queriendo erradicar cualquier espacio entre nuestros cuerpos. Quité el pelo de su cuello, y acerqué mi rostro a él.
—Ahora me debes una embarazosa historia de tu niñez —le murmuré al oído.
—Todas mis historias embarazosas aún están pasando.
—Tiene que haber una que no sepa.
Se quedó en silencio por un tiempo y luego dijo: —Mariposas.
—¿Mariposas?
—Me aterraban las mariposas.
—¿Qué pasa contigo y la naturaleza?
Tembló en una silenciosa risa.
—Lo sé —dijo.
—¿Y acaso puede haber una criatura menos amenazadora? Ellas sólo viven, como, dos semanas. Pero solía volverme loca cada vez que miraba una. Mis padres hicieron todo lo que pudieron para ayudarme: me compraron libros de mariposas, ropa con mariposas, pusieron posters de mariposas en mi habitación. Pero nada funcionó.
—¿Acaso fuiste atacada por una bandada de monarcas? —pregunté.
—No —dijo—. Abue tenía una teoría detrás de mi fobia. Ella dijo que un día yo iba a tener que pasar por una metamorfosis como un gusanito volviéndose mariposa y que eso me asustaba, entonces, las mariposas me asustaban.
—Eso suena a tu abuela. ¿Cómo te recuperaste de tu miedo?
—No lo sé. Simplemente decidí no tener miedo de ellas y un día ya no lo tenía.
—Fíngelo hasta que lo logres.
—Algo como eso.
—Podrías intentarlo con acampar.
—¿Tengo que hacerlo?
—Nah. Pero me alegra que hayas venido.
Ella se volteó para encararme. Estaba casi completamente oscuro en la tienda, pero podía ver sus ojos negros brillando.
—A mí también. Pero, ¿tenemos que dormir? ¿Podemos quedarnos así por un tiempo?
—Toda la noche si quieres. Le contaremos nuestros secretos a la oscuridad.
—De acuerdo.
—Entonces, escuchamos otro de tus miedos irracionales.
rocio me tomó del brazo, y se acercó a mi pecho, como si estuviera enterrando su cuerpo con el mío.
—Tengo miedo de perderte —dijo en una voz muy suave.
La empujé lejos para poder ver su rostro y la besé en la cabeza.
—Dije miedos ―irracionales‖. Porque eso nunca va a pasar.
—Igual me asusta —murmuró. Pero luego ella contó su lista de cosas extrañas a las que le tenía miedo y yo hice lo mismo, y seguimos murmurándonos entre nosotros, contando historias sobre nuestra niñez, muy, muy entrada la noche, hasta que rocio olvidó tener miedo y se quedó dormida.
El clima se volvió frío unas semanas después, y ese invierno fue en el que rocio tuvo su accidente. Entonces esa fue la última vez que fui a acampar y aún si no lo fuera, aún seguiría pensando que fue el mejor viaje de mi vida. Cada vez que lo recuerdo, sólo imagino nuestra tienda, un pequeño bote navegando en la oscuridad, y el sonido de los murmullos de rocio y los míos sonando como notas musicales, flotando en un mar a la luz de la luna.