domingo, 27 de noviembre de 2011

QUIMICA PERFECTA CAPITULO 24

ROCIO
       No es que me avergüence de la discapacidad de mi hermana, pero no quiero que gaston la juzgue, porque si se ríe de ella, no podré soportarlo. Me doy la vuelta.
    - No se te da muy bien obedecer órdenes, ¿verdad?
    Me sonríe como diciendo «soy un pandillero, ¿qué esperabas?».
    - Tengo que ir a echarle un vistazo a mi hermana. ¿Te importa?
    - No. Así podré conocerla. Confía en mí.
    Debería sacarlo de casa a patadas, con sus tatuajes y todo. Debería, pero no lo hago. Sin decir nada más, lo llevo a nuestra oscura biblioteca revestida de madera. ella está sentada en su silla de ruedas, con la cabeza torpemente inclinada hacia un lado mientras ve la televisión.
    Cuando se da cuenta de que tiene compañía, aparta la mirada del televisor y nos observa, primero a mí y después a gaston.
    - Este es gaston -le explico, y apago la tele-. Un amigo del instituto.
    ella mira a gaston con una sonrisa torcida y golpea su teclado especial con los nudillos.
    - Hola -dice una voz femenina y computarizada. Golpea otro botón-. Me llamo tati -continúa el ordenador.
    gaston se arrodilla junto a mi hermana. Ese simple gesto de respeto despierta una extraña sensación en mí. pablo siempre ha ignorado a mi hermana, la trata como si, además de discapacitada física y mental, también fuera ciega y sorda.
    - ¿Qué tal? -dice gaston, cogiendo la rígida mano de mi hermana y estrechándola-. Qué ordenador más guay.
    - Es un mecanismo de comunicación especial o PCD -le explico-. Le ayuda a comunicarse con los demás.
    - Juego - dice la voz del ordenador. gaston se coloca junto a mi hermana. Contengo la respiración mientras observo sus manos, asegurándome de que no estén al alcance de su espesa mata de pelo.
    - ¿Esto tienes juegos? -pregunta.
    - Sí -respondo por ella-. Es una fanática de las damas. tati, enséñale cómo funciona.
    Mientras presiona despacio la pantalla con los nudillos, gaston lo observa todo visiblemente fascinado. Cuando aparecen las damas en la pantalla, ella empuja la mano de gaston.
    - Tú primera -dice él.
    Ella niega con la cabeza.
    - Quiere que empieces tú -le digo.
    - Guay -dice él, dándole un golpecito a la pantalla.
    Les observo. Ver jugar tranquilamente a este tipo duro con mi hermana mayor me hace sentir muy bien.
    - ¿Te importa si voy a prepararle algo de comer? -le pregunto. Necesito salir de la habitación.
    - No, adelante -repone gaston sin apartar la vista de la pantalla.
    - No tienes que dejarte ganar -le advierto antes de marcharme-. Se le dan muy bien las damas.
    - Eh, gracias por el voto de confianza, pero estoy intentando ganar -responde gaston.
    Sonríe con sinceridad. No intenta representar el papel de chico duro y arrogante. Me hace desear con más fuerza escapar de allí. Poco después, cuando entro en la biblioteca con la comida de mi hermana, gaston dice: - Me ha destrozado.
    - Ya te dije que era buena. Pero se acabaron los juegos por hoy -le digo a mi hermana. Acto seguido, me vuelvo hacia gaston y añado-: Espero que no te importe que le dé de comer.
    - Desde luego que no.
    gaston toma asiento en el sillón de piel favorito de mi padre mientras yo coloco la bandeja delante de mi hermana y le doy de comer su compota de manzana. Es un desastre, como siempre. Ladeo la cabeza y veo a gaston que está observándome mientras le enjugo a mi hermana la comisura de los labios con una toallita.
    - tati, tendrías que haberle dejado ganar. Ya sabes, por educación. -Mi hermana responde negando con la cabeza. La compota le resbala por la barbilla-. De modo que así están las cosas, ¿eh? -le recrimino, esperando que la escena no asquee a gaston. Tal vez le estoy poniendo a prueba para averiguar sí puede soportar un rato de mi vida en casa. Si lo hace, aprobará-. Espera a que se vaya gaston. Ya te enseñaré yo quién es la campeona de las damas.
    Mi hermana me regala una de sus sonrisas dulces y ladeadas.
    Es como si expresara mil palabras con ese gesto. Durante un momento, me olvido de que él me observa. Es tan extraño tenerlo aquí, dentro de mi vida, en mi casa. No pertenece a este lugar y, sin embargo, no parece importarle estar aquí.
    - ¿Por qué estabas de tan mala leche en clase de química? -me pregunta.
    Porque van a llevarse lejos a mi hermana y ayer me pillaron con las tetas al aire mientras pablo tenía los pantalones bajados delante de mí.
    - Estoy segura de que has oído los espantosos rumores.
    - No, no he oído nada. Quizás estés obsesionada.
    Quizás.. Miro a gaston y le digo:
    - A veces desearía poder retroceder en el tiempo.
    - Sí, yo desearía poder retroceder unos cuantos años -responde muy serio-. O hacer que los días pasaran muy deprisa.
    -Por desgracia, la vida real no funciona con mando a distancia -me lamento. Cuando mi hermana termina de comer, la siento delante de la televisión y me llevo a gaston a la cocina-. Mi vida no es tan perfecta, después de todo, ¿verdad? -le pregunto mientras saco unos refrescos del frigorífico.
    gaston me mira con curiosidad.
    - ¿Qué? -le espeto. -Supongo que todos tenemos problemas. A mí me persiguen más demonios de los que salen en una película de terror -dice, encogiéndose de hombros.
    ¿Demonios? Nada parece perturbar a gaston. Nunca se queja de su vida.
    - ¿Cuáles son tus demonios? -insisto.
    - Si te cuento cuáles son mis demonios, saldrías corriendo de aquí.
    - Creo que te sorprendería más saber qué me hace correr a mí, gaston.
    Las campanadas del reloj de pared resuenan por toda la casa. Una. Dos. Tres. Cuatro. Cinco.
    - Tengo que irme - anuncia gaston-. Mañana podemos quedar en mi casa, después del instituto, para estudiar.
    - ¿En tu casa? ¿En la zona sur?
    - Puedo enseñarte un pedacito de mi vida. ¿Te atreves? -me reta.
    - Claro -aseguro, tragando saliva. Que empiece el juego.
    Cuando le acompaño a la puerta, oigo que alguien está aparcando el coche en la entrada de mi casa. Si es mi madre, me la cargo. Da igual que hayamos tenido un encuentro de lo más inocente, se pondrá hecha una furia.
    Miro a través de las ventanas de la puerta principal y reconozco el deportivo rojo de mery. - Oh, no. Mis amigas están aquí.
    - Que no cunda el pánico -dice-. Abre la puerta. No puedes fingir que no estoy aquí. Mi moto está aparcada en la entrada.
    Tiene razón. No puedo ocultar su presencia. Abro la puerta y salgo al exterior. gaston está justo detrás de mí cuando me encuentro con mery, y lali en la acera.
    - ¡Hola, chicas! -exclamo. Tal vez si actúo con normalidad no le darán tanta importancia al hecho de que gaston esté en mi casa. Le doy un codazo a mi compañero de laboratorio-. Estábamos hablando de nuestro proyecto de química. ¿Verdad, gaston?
    - Así es.
    lali arquea las cejas. Cuando ve salir de mi casa a gaston, me da la sensación de que está a punto de sacar el móvil, sin duda para poner al corriente.
    -¿Deberíamos irnos y dejaros a solas? -sugiere Mery
. -No seas ridícula -me apresuro a añadir. gaston monta en la moto. La camiseta que lleva marca una espalda perfectamente musculada y los pantalones un perfectamente musculado...
    - Nos vemos mañana -dice, señalándome con el dedo tras ponerse el casco. Mañana. En su casa. Asiento con la cabeza.
    Después de que gaston se haya ido, lali interviene:
    - ¿De qué iba todo esto?
    - Química -murmuro.
se ha quedado boquiabierta.
    - ¿Estabais haciéndolo? -insiste mery-. Porque hace diez años que somos amigas y puedo contar con los dedos de la mano las veces que me has invitado a entrar en tu casa.
    - Es mi compañero de química,
    - Es un pandillero, rochi. No lo olvides nunca -dice mery. lali niega con la cabeza y añade:
    - ¿Estás colada por otro chico que no es tu novio? pablo le ha comentado a peter que últimamente te comportas de un modo muy extraño. Somos tus amigas, así que hemos venido aquí para hacerte entrar en razón.
    Me siento en el primer escalón y las oigo parlotear sobre la reputación, los novios y la lealtad durante media hora. Tienen razón.
    - Prométeme que no sucede nada entre gaston y tú -exige lali cuando Darlene se marcha en coche y nos quedamos solas.
    - No sucede nada entre gaston y yo -le aseguro-. Te lo prometo.

QUIMICA PERFECTA CAPITULO 23

GASTON
      Es lunes e intento no darle demasiada importancia a las ganas que tengo de que llegue la clase de química. Obviamente no es por la clase ni la profesora., sino por rocio, quien, por cierto, llega tarde a clase.
    - Eh -la saludo.
    - Eh -responde ella.
    Ni rastro de una sonrisa, ni brillo en sus ojos. Definitivamente, hay algo que la está atormentando.
    - De acuerdo, chicos -dice la profesora-. Sacad los lápices. Veamos cuánto habéis estudiado.
    Mientras maldigo a la profesora en silencio por no haber organizado un día de laboratorio con experimentos en el que rocio y yo podamos hablar, miro a mi compañera. Parece completamente despistada. Para protegerla, aunque no tenga derecho alguno, levanto la mano.
    - Miedo me dan sus preguntas, gaston -suelta la profesora
    - Es una preguntita de nada.
    - Adelante. Que sea rápida.
    - Es un examen con apuntes, ¿verdad?
    La profesora me observa por encima de sus gafas.
    - No, gaston, no es un examen con apuntes. Y si no ha estudiado, va a llevarse un gigantesco suspenso. ¿Lo ha entendido?
    Como única respuesta, dejo caer los libros al suelo con un ruido sordo.
    Después de que reparta el examen, leo la primera pregunta. «La densidad del Al (aluminio) es de 2.7 gramos por milímetro. ¿Qué volumen ocuparán 10.5 gramos de Al (aluminio)?»
    Tras resolver el problema, echo un vistazo a rocio. Está mirando la hoja del examen, pero con la mirada perdida.
    Al darse cuenta de que la estoy mirando, murmura:
    - ¿Qué?
    - Nada.
    La profesora nos lanza una mirada. Respiro profundamente para tranquilizarme y vuelvo a concentrarme en el examen. ¿Por qué tiene que actuar de ese modo? ¿Por qué se vuelve tan fría conmigo sin previo aviso? ¿Qué le pasa?
    Por el rabillo del ojo, veo que mi compañera de laboratorio coge el pase que cuelga de la puerta del aula para ir al cuarto de baño. El problema es que el pase para el baño no te ayuda a escapar de la realidad. Todavía estará ahí cuando salgas. Créeme, yo ya lo he intentado. Los problemas son como la basura, no desaparece por mucho que la escondas en un cubo.
    Cuando regresa a clase, rocio agacha la cabeza sobre la mesa de laboratorio y empieza a escribir las respuestas. Una sola mirada es suficiente para saber que no está concentrada en el examen y que está haciendo una chapuza. Y cuando la profesora pide que entreguemos los exámenes, mi compañera de laboratorio tiene una mirada vacía en el rostro.
    - Si te hace sentir mejor -digo en voz baja para que solo rocio pueda oírme-, me catearon gimnasia en el último año antes del instituto por ponerle un cigarrillo en la boca a un maniquí.
    - Me alegro -suelta sin levantar la mirada.
    La música empieza a sonar en el altavoz, señalando el final de la clase. Observo el cabello dorado de rocio balanceándose menos que de costumbre mientras sale de clase, sorprendentemente sin que la acompañe su novio. Me pregunto si cree que todo va a caerle del cielo, incluidas las buenas notas.
    Yo tengo que trabajar para conseguirlo todo. Nunca me han regalado nada.
    - Hola, gaston.
    Es daniela. Está esperándome frente a la taquilla. Bueno, puede que algunas cosas sí me caigan del cielo.
    - ¿Qué pasa?
    Mi ex novia se acerca, dejando ver el profundo escote en forma de pico de su camiseta.
    - Nos hemos juntado unos cuantos para ir a la playa después de clase. ¿Quieres venir?
    - Tengo que trabajar –replico-. Quizás me apunte más tarde.
    Pienso en lo que ocurrió hace dos fines de semana, cuando fui a casa de rocio y tuve que asistir al espectáculo de su madre hablando con aires de superioridad. Fue todo un choque de realidad.
    Emborracharme para olvidar mi dañado ego fue una idea estúpida. Quería estar con rocio, pasar el rato con ella no solo para estudiar sino también para averiguar qué se escondía bajo su rubia cabellera. Mi compañera de laboratorio me dejó colgado.
daniela no. El recuerdo es algo vago, pero puedo ver a daniela en el lago, rodeándome con sus brazos. Y sentada sobre mí junto al fuego
. En mi estado embriagado, fumado y con el orgullo herido, habría dejado que cualquier chica me consolase.
daniela estaba allí, deseándolo, y le debo una disculpa porque, aunque fue ella quien me provocó, yo no debería haber mordido el anzuelo. Tendré que aclarar las cosas con ella y explicarle por qué me comporté como un gilipollas.
    Después de clase, veo que hay una multitud agolpada alrededor de mi moto.    Todos me miran mientras contemplo el acto de vandalismo que ha sufrido mi moto. Están esperando que entre en cólera. Después de todo, ¿quién se atrevería a pegar un timbre de triciclo rosa al manillar y enrollar una serpentina de color chillón en las empuñaduras? Alguien va a tener que atenerse a las consecuencias.
    Como rocio, por ejemplo. Echo un vistazo a mi alrededor, pero no la veo cerca.
    Tras lo cual, se ponen a cuchichear acerca de quién puede haber sido.
    Pero yo no estoy escuchando porque sé perfectamente quién es la culpable. Mi compañera de laboratorio, la misma que hoy no me ha hecho ni caso.
    Arranco la serpentina y luego desenrosco el timbre de plástico rosa. Rosa. Me pregunto si es de alguna de sus bicis.
    - Apartaos de mi camino -increpo a la multitud.
    Todos se apresuran a dispersarse, creyendo que estoy muy cabreado y que lo mejor es estar lejos de allí cuando estalle. A veces, representar el papel del tipo duro tiene sus ventajas. ¿La verdad? Utilizaré el timbre rosa y la serpentina como excusa para volver a hablar con rocio.
    Después de que todos se hayan marchado, camino por el lateral del campo de fútbol. El equipo de animadoras está practicando, como de costumbre.
    - ¿Buscas a alguien?
    Cuando me vuelvo, me encuentro con mery, una de las amigas de rocio
    - ¿Está rocio por aquí? -pregunto.
    - No.
    - ¿Sabes dónde está?
    ¿gaston interesado en saber dónde está rocio? Espero que me responda que no es asunto mío. O que la deje en paz. Pero en lugar de eso, su amiga me contesta:
    - Se ha ido a casa.
    Murmuro un «gracias» mientras marco el teléfono de mi primo.
    - Soy gaston. Llegaré tarde a trabajar.
   
    Diez minutos más tarde, llamo a la puerta de rocio con el timbre rosa y la serpentina en la mano, intentando adoptar una postura de tipo duro.
    Cuando rocio abre la puerta con una camiseta holgada y unos pantalones cortos, me derrumbo.
    - gaston, ¿qué estás haciendo aquí? -me pregunta con los ojos abiertos de par en par.
    Le entrego el timbre y la serpentina.
    - No puedo creer que hayas venido hasta aquí solo por una broma -dice, y me arranca sus cosas de las manos.
    - Hemos de hablar de otras cosas aparte de eso.
    Ella traga saliva. Está nerviosa.
    - No me siento muy bien, ¿vale? Hablemos en el instituto -me ruega, intentando cerrar la puerta.
    Mierda, no puedo creer que vaya a hacer esto, como los acosadores de las películas.
    Abro la puerta de un empujón. ¡Qué coño!
    - gaston, no.
    - Déjame entrar. Solo será un minuto. Por favor.
    rocio niega con la cabeza y sus angelicales rizos se balancean de un lado a otro.
    - A mis padres no les gusta que invite a gente a mi casa.
    - ¿Están aquí?
    -No -deja escapar un suspiro y abre la puerta con indecisión.
    Me cuelo dentro. La casa es incluso más grande que lo que parece desde el exterior. Las paredes están pintadas de un blanco impoluto, como las de un hospital. Apuesto a que el polvo no se atreve ni a rozar el suelo ni las encimeras.
    El recibidor de dos plantas tiene una escalera que podría rivalizar con la que vi en
    Sonrisas y lágrimas, una película que nos obligaron a ver en la escuela. El suelo brilla como el oro.
rocio tenía razón, no pinto nada aquí. No me importa. Aunque no pertenezca a este lugar, ella está aquí, donde quiero que esté.
    - Bueno, ¿de qué querías hablar? -me pregunta.
    Ojalá sus largas y esbeltas piernas no destacaran tanto con esos pantalones cortos. Son una distracción demasiado tentadora. Aparto la mirada e intento controlarme con todas mis fuerzas. ¿Y qué si tiene unas piernas sexys? ¿Qué más da que tenga los ojos claros como bolas de cristal?
    ¿Qué pasa si puede aguantar perfectamente una broma y devolverla aún con más arte?
    ¿A quién pretendo engañar? No tengo excusa para estar aquí excepto el deseo de estar a su lado. A la mierda la apuesta.
    Quiero descubrir cómo puedo hacerle reír. Quiero saber cómo hacerle llorar. Quiero saber lo que se siente si me mira como si fuera su caballero de la brillante armadura.
    - ¡rochi! -resuena una voz distante, rompiendo el silencio.
    - Espera aquí -me ordena rocio antes de salir corriendo por el pasillo-. Enseguida vuelvo.
    No estoy dispuesto a quedarme en el vestíbulo como un gilipollas. La sigo, sabiendo que estoy a punto de entrar en su mundo privado.