sábado, 4 de febrero de 2012

SIGUE LA MUSICA CAPITULO 1

capitulo 1
“escucha…
Puedo oir la música…
Puedo oírla en todas partes
En el viento, en el aire…
En la luz, esta rodeándonos
Lo único que debes hacer es ser receptivo
Todo lo que tienes que hacer es escuchar…
En donde yo naci, trataron de impedir
Que oyera la música
Pero cuando estoy solo surge dentro de mi
Y creo que si aprendiera a tocarla
Podrían escucharme
Sabrían que soy su hijo y me encontrarían.
Aveces el mundo intenta arrebatartela
Pero creo en la música
Como muchas personas creen
En los cuentos de adas
Me gusta pensar que lo que
Oigo viene de mi madre y de mi padre
Talvez las notas que oigo
Son las mismas que ellos oyeron
La noche en que se conocieron
Talvez asi fue como se encontraron
Talvez asi van a encontrarme.”

Rocio pasea por el parque con una niña rubia de la mano , pero su rostro de oscurece cuando la madre de la pequeña llega le agradece por la clase de música y por haberla esperado hasta que llegara , se aleja con la niña y un profundo vacio  la invade, se sienta en un banco de la plaza y su mente vuelve 11 años atrás…
Recuerdo:
Las manos de rocio tiemblan, es su presentación mas importante, se mira al espejo con intensidad tratando de encontrarse, su cabello rubio perfecto, su vestido largo color marfil.
--rocio, ¿Qué estas haciendo?, siéntate bien! Por favor_le reprocha su padre_recuerda sonreir y    parecer relajada._rocio solo asiente con su cabeza es demaciada la presión, un nudo en la garganta no la deja hablar.

Gaston se moja la cara mirando la imagen que le devuelve el espejo tras la puerta las voces lo traen de vuelta a la realidad
--gaston!, vamos, nesecito el dinero, vamos!_le grita peter gaston respira profundo y sale al escenario.

Rocio toca el ultimo acorde en su chelo y el publico lo ovaciona, lentamente abre sus ojos con cara de terror, entre la gente encuentra la mirada de su amiga lali que le hace señas para que salude al publico, rocio reacciona inmediatamente recuerda las palabras de su padre y sonríe.

Gaston termina de tocar con su banda y se va, mientras sus compañeros le gritan para que se quede, gaston es asi solo ama cantar, estar arriba del escenario ahí es cuando ocurre la magia.

Rocio estaba festejando el éxito del concierto en casa de lali, se sentía bastante fuera de lugar en esa fiesta hasta que entre tanta música fuerte oyo un sonido y empezó a seguirla, llego hasta la terraza donde desde ahí se veía a un músico callejero tocando una melodía, rocio sonrio y cerro sus ojos para disfrutarla, sin saber que unos ojos verdes la estaban mirando totalmente hipnotizado.
--es un gran sonido verdad?__la interrumpio un joven rubio, ella se sobresalto
--que estas haciendo ahí?__el joven rubio estaba en lo mas alto de la terraza
--escuchando…¿Qué haces vos?
--yo solo subi aquí…para….
--escapar?..__la interrumpio gaston__sebtate, vamos se valiente aca en primera fila_gaston ayudo a la joven a sentarse junto a el , rocio sonrio, desde ahí podían observar toda la ciudad de noche, el se la quedo mirando, y ella bajo la vista tímidamente.
--lo escuchas?
--que es eso?
--es un deseo.
--y como suena el deseo?
Gaston empieza a cantar “me miro al espejo ahí esta, es esa que viene y se va…”
Rocio se sorprendio de la hermosa voz, mordio su labio inferior mientras lo miraba y le corria un escalofrio por el cuerpo mientras lo escuchaba cantar.
--cuando era joven solia hablar con la luna
--lo estas inventando!__rio rocio de las ocurrencias del joven
--nolo he hecho en mucho tiempo
--alguna vez te respondio?
--bueno solia hacerlo, ahora solo me veo en una azotea, hablando conmigo mismo , como un loco, ahora estoy aqui solo.
--yo estoy aca__dijo rocio en un murmullo se miraron intensamente sintiendo esa conexión que a cualquiera asustaría , pero a ellos no, era como si se conocieran, sin saber siquiera el nombre, como si hubieran estado esperando este momento para sentirse vivos.
--es cierto…me llamo Gaston.
--Rocio__se presento ella
--y cual es tu historia, rocio?
--no lo se, soy solo yo…
Gaston la estaba observando, mirando su rostro intensamente, queriendo saber todo de ella.
--que estas viendo?__dijo Rocio tímidamente
--a vos…__se miran, el sonríe, rocio se siente perdida en su mirada, nunca se sintió tan bien, tan completa en todo su vida, poco a poco Gaston acerca su boca a la de ella, rocio no se mueve, no se aleja, y gaston la besa.es un beso intenso, necesitado un beso que parecía estar esperando toda una vida.
Asi pasaron la noche, charlando, besándose, dejándose llevar, sin pensar , rocio estaba cansada de pensar todo, su vida siempre fue hacer todo lo que los demás querían , lo que su padre quería.
Solo era una noche, solo una noche se permitiría ser ella, sin pensar en el que diran en lo que esta bien y lo que esta mal.
Se sentían tan bien estando juntos, tan comodos , tan ellos.
La noche corria rápido cuando estaban juntos pronto se acabaría y Rocio no quería  que acabara nunca. Gaston la besaba urgente, posesivamente, los besos se volvían cada vez mas intensos y una arrolladora pasión los inundaba , solo querían ser uno, no querían pensar, querían sentir, y dejarse llevar, solo esa noche.
Gaston y Rocio amanecieron abrazados en la terraza, los amigos de el al verlos empezaron a tomarles fotos mientras dormían y los rociaron con champagne.
--buenos días!¿como están? __rien bullisiosamente.
--váyanse  _les grito gaston
--tengo que irme!__dijo rocio agarrando sus cosas apuradas
--te acompaño…__gaston se levanto apurado
--no, mi papa me espera en el aeropuerto  yo jamas había echo esto, estoy en graves problemas…__repetia nerviosa
--te espero a las 10, di que si_casi suplicando, rocio sonrio
--vamos decile que si!! Ten piedad__le grita peter
--di que si, por favor__ella le sonríe __tomare eso como un si!!_le grito gaston mientras rocio se iba
--adios princesa que bonita salio en la foto.._le dice peter riéndose.

Rocio le cuenta a lali su mejor amiga, esta feliz, sonriendo, sintiendo el perfume de el aun en su cuerpo.
--estas en graves problemas!!, debiste al menos dejar una nota
--si, de rescate__bromeo rocio con una inmensa sonrisa _te digo algo lali fue la noche mas maravillosa de toda mi vida ¡! No me arrepiento de nada…
--rocio es un extraño….estas loca!
--no, el no es un extraño,no lo entenderías lali, es como si lo conociera…
Fin del recuerdo.

viernes, 3 de febrero de 2012

DONDE ELLA ESTE CAPITULO 23

Capítulo 23
Abre tus ojos, búscame
Estoy tan lejos sintiéndote
Si estas perdido sin saber de mi
Abre tus ojos, estoy aquí
Abre tus ojos para ver
En mi mirada la luz de ayer
Abre tus ojos y podras sentir
Que hay otro cielo por vivir
Toco, siento, miro
Y en tu piel se va el invierno esta vez
Toca, siente, mira
Ya lo se, vuelvo a ser tuya otra vez
                                                Abre tus ojos.

cuando nuestro vuelo aterriza en Londres, está resbaloso por la lluvia, entonces los dos nos sentimos como en casa. Son las cinco de la tarde cuando entramos. Tocamos la noche siguiente. Entonces es la cuenta regresiva hasta la libertad total. rocio y yo hemos elaborado un calendario para los próximos tres meses, mientras estoy de gira y ella también, nos reunimos aquí y allá donde podamos visitarnos fácilmente. No va a ser una delicia, pero en comparación a los tres últimos años, todavía se sentirá como el cielo.
Son más de las ocho cuando llegamos al hotel. Le he pedido a teo que me pusiera en el mismo lugar que el resto de la banda, no sólo para el festival, sino para la duración de la gira. Cualquiera de los sentimientos que tengan sobre yo dejando teen angels, dormir a dos millas de distancia no los reducirán de ninguna manera. No he mencionado algo sobre rocio a teo ni a nadie, y milagrosamente, nos las hemos arreglado para mantener su nombre fuera de las noticias hasta ahora. Nadie parece saber que me había pasado la semana pasada en Asia con ella. Todo el
mundo estaba demasiado ocupado por daniela y su nuevo interés amoroso, algún actor australiano.
Hay una nota en la recepción que me informaba que la banda estaba teniendo una cena privada en el patio y me piden unirme a ellos. De repente me siento como si estuviera siendo llevado a la ejecución y después del viaje de quince horas no deseo nada además de ducharme, tal vez los vea mañana. Sin embargo, rocio jala mi mano. —No, hay que ir.
—¿También vienes? —Me siento mal preguntándole. Ella tocó en tres intensamente increíbles y locos bien recibidos conciertos en Japón y Corea, y luego voló la mitad del camino de todo el mundo y directamente a mi psicodrama. Pero todo esto va a ser soportable si ella está conmigo.
—¿Estás seguro? —pregunta—. No quiero entrometerme.
—Confía en mí, si alguien se entromete, soy yo.
El botones lleva nuestro equipaje a la habitación, y el conserje nos lleva a través del vestíbulo. El hotel está en un viejo castillo, pero ha sido tomado por los rockeros y un grupo de músicos, recibo algunos ―Hey‖ pero estoy demasiado nervioso en este momento para responder. El conserje nos conduce a un patio con poca luz. Toda la banda está allí, a lo largo de un buffet gigante que sirve un asado tradicional Inglés.
Lali es la primera en darse la vuelta. Las cosas no han sido lo mismo entre nosotros dos por la gira de abre tus ojos, pero la mirada que me da ahora, no sé cómo describirla: No como ‗eres mi mayor decepción en la vida‘, sino que trata de elevarse por encima de eso, para parecer casual, como si yo fuera uno de los fans, una de las muchas personas que quieren algo que ella no está obligada a dar.
—gaston —dice con un gesto brusco.
—Lali—digo con cautela.
—¡Oye, imbécil! ¡Qué amable de tu parte unirte a nosotros! —La voz de nico es a la vez sarcástica y acogedora, como si no pudiera decidir qué camino tomar.
peter no dice nada. Él sólo pretende que no existo.
Y entonces siento el roce de los hombros de rocio mientras ella sale de detrás de mí.
—Hola, chicos —dice.
La cara de Lali se convierte blanca por un momento. Como si no reconociera a rocio. Luego mira asustada, como si hubiera visto un
fantasma. Entonces mi fuerte, resistente, baterista está con su labio inferior temblando, y entonces arruga la cara. —¿rocio? —pregunta con voz temblorosa—. ¿rocio? —pregunta esta vez más fuerte—. ¡rocio! —dice, las lágrimas corriendo por su rostro antes de que ella le abrasara.
Cuando la suelta, pone a rocio a una distancia y la mira y luego a mí y luego a rocio.
—¡¿rocio?! —grita, tanto preguntando y respondiendo a su propia pregunta. Luego se vuelve hacia mí. Y si no me perdona, entonces por lo menos me entiende.
La lluvia sigue durante todo el siguiente día.
—Encantador verano el que estamos teniendo —bromea todo el mundo. Se ha convertido en mi hábito alejarme en este tipo de festivales gigantes, pero teniendo en cuenta que este es probablemente el último por un tiempo, al menos como un participante, me relajo, escucho algunas de las bandas en los escenarios secundarios, me pongo al día con viejos amigos y conocidos, e incluso hablo con un par de periodistas de rockeros. Soy cuidadoso hablando de la desintegración de la banda. Que saldrá en su tiempo, y voy a dejar que los demás decidan la forma de liberar esta noticia. Yo, sin embargo, hago un breve comentario sobre daniela y yo dividiéndonos, que sabe toda la prensa sensacionalista de todos modos. Preguntan sobre mi chica misteriosa de nuevo, simplemente digo ―sin comentarios.
Sé que todo esto va a salir muy pronto, y aunque deseo a rocio fuera de este circo, no me importa si todo mundo sabe que estamos juntos.
En el momento que son las 9 pm todos se empiezan a mover, la lluvia ha disminuido a una suave niebla que parece bailar en el último crepúsculo del verano. El público ha aceptado desde hace mucho tiempo el chapoteo. Hay barro por todas partes y la gente se balancea alrededor de ella Antes del acto, la banda estaba nerviosa. El Festival hizo esto para nosotros. Una apuesta más grande que los conciertos regulares, incluso el estadio que muestran los Festivales tienen multitudes exponencialmente
mayor, y multitudes que incluyen nuestros compañeros músicos. Excepto que esta noche, estoy tranquilo. Ya acomodé mi vida. No hay nada que perder. O tal vez ya lo he perdido y encontrado, y cualquier otra cosa que puede que pierda, no tiene nada que ver con lo que está en este momento. Que puede explicar cómo me la estoy pasando aquí, como cuando tocaba a través de nuestras nuevas canciones en mi antigua guitarra, otra parte de la historia que me trajo de vuelta de entre los muertos. Lali hizo una doble toma cuando me vio.
—Pensé que te deshiciste de eso —había dicho ella.
—Sí, yo también —respondí dándole una sonrisa privada a rocio.
Tocamos canciones de nuestro nuevo álbum, arrojando algunos huesos de abre tus ojos y antes de saberlo, estamos casi al final del acto. Miro hacia abajo a la lista que está en un tubo pegado con cinta en parte delantera del escenario.
Garabateado allí, en letras de molde de Lali está la última canción antes de irnos. Abre tus ojos. Nuestro himno, nuestro viejo productor, la llamó así. El comienzo de abre tus ojos, los críticos la llamaron. Probablemente nuestro mayor éxito de todos. Una gran multitud nos acompaña en los coros durante los conciertos, al público le encanta cantarla.
Es también una de las pocas canciones que hemos hecho con cualquier tipo de producción, una sección de cuerdas de los violines que están en la pista grabada, aunque no los tenemos en vivo. Así que cuando empezamos con ella, la multitud enloquece de emoción, pero lo único que está en mi cabeza es el sonido de su violonchelo. Por un segundo, tengo una visión de sólo los dos en alguna habitación de un hotel anónimo en algún lugar desconocido, ella en su violonchelo, yo en mi guitarra, tocando esta canción que escribí para ella. Y una mierda, eso me hace tan malditamente feliz.
Yo canto la canción con todo lo que tengo. Entonces llegamos al coro: toco, siento, miro y en tu piel se va el invierno esta vez toca siente, mira ya lo se vuelvo a ser tuyo otra vez
En el álbum, el coro se repite una y otra vez, mucha furia y pérdida, y se ha convertido en una cosa durante la canción que no me deja cantar, y giro el micrófono hacia el público y dejo que se hagan cargo. Cuando giro el micrófono hacia ellos, la multitud enloquece, cantando mi canción, cantando mi súplica.
Los dejo repitiendo el coro y doy un pequeño paseo alrededor del escenario. El resto de la banda ve lo que está pasando por lo que sólo siguen repitiendo lo mismo. Cuando me acerco a un lado del escenario, la veo allí, donde siempre se sintió más cómoda, sin embargo, en el futuro previsible, ella será mi reflector, y yo voy a ser una de sus cuerdas, y eso se siente bien, también.
El público sigue cantando, sigue haciéndome caso, y yo sigo caminando hasta que estoy lo suficientemente cerca para ver sus ojos. Y entonces comienzo a cantar el estribillo. Con ella. Y ella me sonríe, y es como si fuéramos las únicas dos personas aquí, las únicas que saben lo que está sucediendo. Y es que esta canción que todos estamos cantando juntos se está reescribiendo. Ya no es un escrito furioso gritado al vacío. Justo aquí, en este momento, por delante de ochenta mil personas, se está convirtiendo en algo más.
Este es nuestro nuevo voto.
Fin del Libro

jueves, 2 de febrero de 2012

DONDE ELLA ESTE CAPITULO 22

Capítulo 22

¿Cómo es que nunca puedo ir a ningún concierto? —preguntó Teddy.

Estábamos todos sentados alrededor de la mesa, rocio, sus padres, Teddy, y yo, el tercer ―hijo, que había llegado a comer de más. No me podían culpar de eso.
—¿Cómo es eso, Pequeño Hombre? —preguntó su padre vertiendo una porción de puré de patatas en el plato de Teddy, al lado del salmón a la parrilla y junto a la espinaca que Teddy había tratado —sin éxito— de rechazar.
—Estaba mirando a los antiguos álbumes de fotos. Y rocio fue a todos estos conciertos todo el tiempo. Incluso cuando ella era un bebé. Y nunca he conseguido ir a uno. Y prácticamente tengo ocho años.
—Acabas de cumplir siete hace cinco meses —rió a carcajadas.
—Sin embargo. rocio fue a uno antes de que pudiera caminar. ¡No es justo!
—¿Y quién ha dicho que la vida es justa? —preguntó, levantando una ceja—. Ciertamente yo no. Teddy se volvió hacia un blanco más fácil.
—¿Papá?
—rocio fue a conciertos porque eran mis espectáculos, Teddy. Eran nuestras horas familiares.
—Y tú puedes asistir a conciertos —dijo rocio—, si vienes a mis recitales.
Teddy parecía tan disgustado
—Eso no cuenta. Quiero ir a conciertos fuertes y con desgaste de los silenciadores.
Los silenciadores eran unos gigantescos auriculares que rocio había usado al igual que una niña pequeña cuando había asistido a los shows de
vieja banda de su padre.
—Los silenciadores se han retirado, me temo —dijo. El padre de rocio hacía mucho tiempo que había renunciado a su banda. En la actualidad era un profesor de secundaria que usaba trajes antiguos y fumaba pipa.
—Podrías ir a uno de mis shows —le dije, partiendo un trozo de salmón.
Todos en la mesa dejaron de comer y me miraron, cada uno de los miembros adultos de la familia me dieron una mirada diferente de desaprobación. Su padre sólo lucía cansado por la caja de Pandora que yo acababa de abrir. Su madre parecía molesta por mi subversión hacia su autoridad de padre. rocio que, por alguna razón, tenía este gigantesco muro entre su familia y mi banda entrecerró sus puños. Sólo Teddy —quien se levantó sobre sus rodillas en su silla, aplaudiendo—todavía estaba en mi equipo.
—Teddy no se puede quedar levantado hasta tan tarde —dijo
—Tú dejaste a rocio permanecer hasta muy tarde, cuando ella era pequeña —disparó Teddy de regreso.
—No podemos quedarnos hasta tan tarde —dijo cansadamente.
—Y yo no creo que sea apropiado — resopló rocio. Inmediatamente, sentí la molestia familiar en mi estómago. Porque eso era lo que nunca he entendido. Por un lado, la música era el vínculo común entre rocio y yo, y yo siendo un chico de todo-rock tenía que ser parte de su atracción.
Y ambos sabíamos que el punto de terreno común que habíamos encontrado en la casa de su familia —donde pasábamos todo el tiempo— en la fabricación de un refugio para nosotros. Pero ella casi había prohibido a su familia mis espectáculos. En el año que habíamos estado juntos, nunca habían asistido. A pesar de que sus padres habían dado a entender que les gustaría asistir, rocio siempre había inventando excusas por el programa del show o que no era el momento adecuado.
—¿Apropiado? ¿Acabas de decir que no es "apropiado" para Teddy venir a mi show? —pregunté, tratando de mantener el nivel de voz.
—Sí, lo hice. —No podía haber sonado más a la defensiva o insolente si lo hubiera intentado.
 Cualquiera que hubiera sido la molestia que habían tenido conmigo ahora se había convertido en simpatía. Ellos sabían la desaprobación que rocio sentía.
—Okay, primero que nada, tienes dieciséis años. No eres una bibliotecaria. Entonces no tienes permitido decir ―apropiado‖. Y en segundo lugar, ¿por qué diablos no?
—Muy bien, Teddy —dijosu madre, recogiendo el plato de cena de Teddy—, puedes comer en la sala de estar delante de la TV.
—De ninguna manera, ¡Quiero ver esto!
—¿Bob Esponja? —su padre ofreció, tirando de él por el codo.
—Por cierto —le dije a ellos—, el programa en que estaba pensando es el gran festival que viene a la costa el próximo mes. Será durante el día, en un fin de semana, y fuera, entonces no será tan fuerte como otros. Es por eso que pensé que sería genial para Teddy. Para todos ustedes, en realidad.
La expresión se suavizó. Ella asintió con la cabeza. —Eso suena divertido.
Entonces ella hizo un gesto a rocio como diciéndole: Pero tú tienes un pescado más grande que freir.
Los tres de ellos salieron arrastrando los pies de la cocina. rocio se escabulló hasta el fondo en su silla, luciendo culpable y como si no hubiera manera en el infierno que la hiciera ceder ni un milímetro.
—¿Cuál es tu problema? —exigí—. ¿Cuál es tú complejo con tu familia y mi banda? ¿Piensas que apestamos tanto?
—¡No, claro que no!
—¿Te molesta tu padre y yo hablando de música todo el tiempo?
—No, no me importa que hablen de rock.
—Entonces, ¿Qué es, rocio?
La más pequeña de las lágrimas rebeldes se formó en los bordes de sus ojos y ella les dio un manotazo furioso para apartarlas.
—¿Qué? ¿Cuál es el problema? —pregunté, ablandándome. rocio no era propensa a las lágrimas de cocodrilo, o a cualquier tipo de lágrimas,
reales. Ella sacudió la cabeza. Los labios sellados—. ¿Quieres sólo decírmelo? No puede ser peor de lo que estoy pensando. Creo que te avergüenzas de teen angels  porque crees que apestan al infierno santo.
Sacudió la cabeza otra vez. —Sabes que es no es cierto. Es que… —Hizo una pausa, como si tomara el peso de una gran decisión. Luego suspiró—…la banda. Cuando estás con la banda, ya te tengo que compartir con todos. No quiero agregar a mi familia al paquete, también.
Luego perdió la batalla y comenzó a llorar.
Toda mi molestia se derritió. —Eres tonta —canturreé, besándola en la frente—. No me compartes. Tú me posees.
rocio cedió. Toda su familia llegó al festival. Fue un fantástico fin de semana, veinte bandas del Noroeste, ni una nube de lluvia a la vista. Todo esto pasó a la infamia, generando un CD grabado en vivo y una serie de fiestas que continúan hasta estos días.
rocio en general, le gustaba estar detrás del escenario en los shows, pero cuando tocó teen angels ella estaba justo en frente del escenario, justo por encima del pogo, bailando con Teddy todo el tiempo.

miércoles, 1 de febrero de 2012

DONDE ELLA ESTE CAPITULO 21

CAPITULO 21
tocamos por lo que parecieron horas, días, años. O quizás fueran segundos. Ni siquiera puedo decirlo. Aceleramos, luego vamos más despacio, hacemos gritar a nuestros instrumentos. Nos ponemos serios. Reímos. Hablamos más despacio. Luego fuerte. Mi corazón está latiendo, mi sangre vibra, todo mi cuerpo está repiqueteando mientras recuerdo: un Concierto no significa pararse frente a miles de personas como un blanco. Significa unirse. Significa armonía. Cuando finalmente hicimos una pausa, estoy sudando y rocio está jadeando, como si hubiera estado corriendo por millas. Nos sentamos allí en silencio, con el sonido de nuestras rápidas respiraciones ralentizándose a la par, y los latidos de nuestros corazones estabilizándose. Miro el reloj. Son las cinco pasadas. rocio sigue mi mirada. Ella baja su arco del cello.
—¿Ahora qué? —pregunta ella.
—¿Schubert? ¿Ramones? —digo, aunque sé que no está tomando pedidos. Pero en lo único en lo que puedo pensar es en seguir tocando, porque, por primera vez en un largo tiempo, no hay nada más que quiera hacer. Y tengo miedo de lo que pase cuando la música termine.
rocio hace un gesto hacia el reloj digital parpadeando ominosamente desde el marco de la ventana.
—No creo que llegues a tu vuelo.
Me encogí de hombros. No me importa el hecho de que hay, por lo menos, otros diez vuelos a Londres esta noche.
—¿Tú puedes llegar al tuyo?
—No quiero llegar —dice tímidamente—. Tengo un día libre antes de que comiencen los recitales. Puedo irme mañana.
De repente, me imagino a teo paseando por la sala de partidas, preguntándose dónde diablos estoy, llamando a un celular que sigue sobre la mesa de noche de algún hotel. Pienso en daniela, en Los Ángeles, quien no sabe que un terremoto aquí en Nueva York enviaba un

tsunami hacia allí. Y me doy cuenta de que antes de que haya un próximo, hay un ahora que necesito atender. —Necesito hacer algunas llamadas —le digo a rocio—. A mi manager, que me está esperando... y a daniela.
—Oh, cierto, por supuesto, —dice ella, con su rostro fallando mientras se apresura a levantarse, casi tirando su cello en su confusión—. El teléfono está bajando las escaleras. Y yo debería llamar a Tokio, aunque estoy muy segura de que están en la mitad de la noche, así que solo enviaré un email y llamaré más tarde. Y a mi agente de viajes...
—rocio —interrumpo.
—¿Qué?
—Resolveremos esto.
—¿En serio? —Ella no luce tan segura.
Asiento, aunque mi corazón está latiendo y las piezas del rompecabezas están girando mientras rocio deja el teléfono inalámbrico sobre mi mano. Voy hacia su jardín donde hay privacidad y paz en la luz de la tarde, con las cigarras de verano chirriando porque se acercaba una tormenta. teo atiende al primer timbre y en el minuto en que oigo su voz y empiezo a hablar, asegurándole que estoy bien, los planes empezaron a salir de mi boca como si los hubiera estado contemplando por un largo, largo tiempo. Le explico que no voy a ir a Londres ahora, que no voy a hacer ningún video musical, ni entrevistas, pero que estaría en Inglaterra para el inicio de nuestra gira europea y que tocaría en cada uno de esos shows.
El resto del plan que se está formulando en mi cabeza —parte de él ya se solidificó de una manera nebulosa en el puente la otra noche— no se lo digo, pero creo que teo lo percibe.
No puedo ver a teo, así que no puedo saber si pestañea, se acobarda o luce sorprendido, pero lo entiende.
—¿Respetarás todos tus compromisos de la gira? —repite él.
—Sí.
—¿Qué se supone que le diga a la banda?
—Pueden hacer el video sin mí si quieren. Los veré en el Festival —digo refiriéndome al gran festival de música en Inglaterra en el cual encabezamos para dar comienzo—. Y les explicaré todo allí.
—¿Dónde estarás mientras tanto? Por si alguien te necesita.
—Diles que no me necesiten —respondo.
La siguiente llamada es más dura. Deseo no haber elegido el día de hoy para dejar de fumar. En cambio, hago los ejercicios de respiraciones profundas que me enseñaron los doctores y marco el número. Un viaje de mil millas empieza con diez dígitos, ¿no es cierto?
—Pensé que quizás eras tú —dice daniela al oír mi voz—. ¿Perdiste tu teléfono otra vez? ¿Dónde estás?
—Sigo en Nueva York. —Hago una pausa—, con rocio.
Un frío silencio llena la línea y yo lleno ese silencio con un monólogo ¿qué es qué? No lo sé: una rápida explicación de la noche que paso por accidente, reconociendo que las cosas nunca estuvieron bien entre nosotros, por lo menos, no tan bien como ella quería, y como resultado, he sido un pésimo novio. Le digo que espero que le vaya mejor con el próximo chico.
—Sí, yo no me preocuparía por eso —dice ella con un intento de una carcajada, pero no suena de esa forma. Hay una larga pausa. Espero su diatriba, sus recriminaciones, todas las cosas que veo venir. Pero no dice nada.
—¿Sigues allí? —pregunto.
—Sí, estoy pensando.
—¿En qué?
—En que sin importar lo que hubiera preferido, ella habría muerto.
—¡Jesús, daniela!
—¡Oh, cállate! No te hagas el indignado. No ahora mismo. Y la respuesta es no. No deseo su muerte. —Hace una pausa—. Aunque no estoy tan segura con la tuya.
Luego, me corta.
Me quedo parado allí, sin mover el teléfono de mí oreja, tomando las últimas palabras de daniela, preguntándome si había habido un rastro de absolución en su hostilidad. No sé si eso importa porque mientras siento el frio aire, me siento aliviado.
Después de un tiempo, levanto la vista. rocio está de pie en las puertas corredizas de vidrio, esperando que le diga que todo estaba bien. Hago una aturdida señal con la mano en su dirección y ella, lentamente, camina hacia el patio de ladrillos donde estoy parado, aún sosteniendo el teléfono.
Ella lo toma desde la parte superior, como si fuera un bastón de relevo, a punto de ser pasado.
—¿Está todo bien? —pregunta.
—Soy libre, por así decirlo, de mis compromisos anteriores.
—¿De la gira? —Ella suena sorprendida.
Sacudo mi cabeza.
—No de la gira. Sino de toda la basura que me lleva hasta ella. Y de mis otros, hum, enredos.
—Oh.
Ambos nos quedamos allí por un momento, sonriendo como tontos, sin soltar el teléfono inalámbrico. Finalmente, lo suelto y luego, gentilmente, lo saco de su mano y lo pongo sobre la mesa de hierro, sin soltar su mano.
Paso mi pulgar sobre las callosidades del suyo y subo y bajo sobre los huesos de sus nudillos y muñeca. Es tan natural y al mismo tiempo un privilegio. Esta es rocio, a la que estoy tocando. Y ella lo permite. No solo eso, también cierra sus ojos y se acerca.
—Esto es real. ¿Puedo sostener esta mano? —pregunto, acercándola hacia mi mejilla con barba de tres días.
La sonrisa de rocio
que están grabadas a fuego en ella. Sigo su mirada hacia arriba, hacia el cielo.
—Así que, ¿crees que nos están mirando? —pregunto, mientras beso suavemente la cicatriz en su hombro y siento flechazos de calor disparados por todo mi cuerpo.
—¿Quién? —pregunta rocio, acercándose, y temblando levemente.

—Tu familia. Pareces pensar que mantienen contacto contigo. ¿Crees que puedan ver esto? —Coloqué mis brazos alrededor de su cintura y la bese detrás de la oreja, del modo en que solía enloquecerla, del modo en que, a juzgar por su rápida respiración y sus uñas enterrándose en mis costados, todavía lo hacía. No me pareció que hubiera nada aparentemente espeluznante en mi pregunta, pero no se sentía de esa manera.
Anoche, mientras pensaba en su familia y que pudieran saber o conocer mis acciones, me avergoncé. Pero ahora, no es que quisiera que vieran esto, pero si desearía que supieran sobre esto, sobre nosotros.
—Me gusta pensar que me dan un poco de privacidad —dice, abriéndose como un girasol a los besos que estaba plantando en su mandíbula—. Pero mis vecinos pueden vernos, sin duda. —Pasa una mano por mi cabello y es como si electrocutara mi cuero cabelludo.
—Hola, vecinos —digo, trazando círculos perezosos alrededor de la base de su clavícula con mi dedo.
Sus manos se adentran en mi camiseta. Su tacto ya no es tan sutil. Es penetrante, la punta de sus dedos empiezan a tocar el código Morse de emergencia. —Si esto sigue así mucho más tiempo, mis vecinos van a presenciar un espectáculo —susurra.
—Después de todo, somos artistas —le contesto, deslizando mis manos bajo su camiseta y subiendo a lo largo de su torso y luego bajando de nuevo. Nuestra piel es como imanes que han estado privados de su carga opuesta.
Rozo mis dedos por su cuello, su mandíbula, y luego sostengo su barbilla en mi mano. Y nos detenemos. Nos quedamos así por un instante, mirándonos el uno al otro, disfrutándonos. Y luego bruscamente nos juntamos. Las piernas de rocio ya no tocaban el suelo, estaban envueltas alrededor de mi cintura, sus manos clavadas en mi pelo y mis manos enredadas en ella. Y nuestros labios… No había suficiente piel, suficiente saliva, suficiente tiempo, nuestros labios estaban tratando de compensar todos estos años perdidos. Nos besamos. Se encendieron los interruptores de alta tensión.
—Entremos —dice, mitad orden, mitad suplica y con sus piernas aún envolviéndome, le llevo de vuelta a su pequeña casa, de nuevo al sofá, donde hacía sólo unas horas atrás nos dormimos separados. Esta vez estábamos bien despiertos. Y totalmente juntos.
Nos quedamos dormidos y despertamos en la noche, hambrientos. Pedimos comida a domicilio. Comimos arriba en su cuarto encima de la cama. Todo era como un sueño, y la parte más increíble fue despertar en la madrugada. Con rocio. Verla dormir allí y sentirla tan feliz como yo lo estaba. La abracé y me volví a dormir.
Pero cuando me desperté de nuevo, unas horas más tarde, rocio estaba sentada en una silla debajo de la ventana, con las piernas envueltas en una bola, su cuerpo cubierto con una antigua manta de punto. Y parecía miserable, y el temor se implantó como una granada en mi estómago, se sentía casi tan malo como cuando la perdí. Y eso es mucho decir. Todo lo que podía pensar era: no la puedo perder de nuevo. Eso realmente me mataría esta vez.
—¿Qué pasa? —le exigí, antes de perder el valor para preguntárselo y hacer algo tan tonto como no decirle nada y dejar que mi corazón se incinerara de nuevo.
—Estaba pensando en la escuela secundaria —rocio dice con tristeza.
—Eso pondría a cualquiera de mal humor.
rocio no muerde el anzuelo. No se ríe. Se desploma en la silla. —Estaba pensando en cómo estamos en el mismo barco de nuevo. Cuando estaba preparándome para Juilliard y tú hacías tu camino, para llegar a dónde… bueno, dónde estás ahora. —Bajó la mirada, torciendo los hilos de la manta alrededor de su dedo hasta que la piel se le quedo en blanco—. Nunca nos preocupamos en como haríamos para que esto funcionara. Y ahora tenemos un día, o… hemos tenido un día. Lo de anoche fue increíble, pero ha sido sólo una noche. Realmente tengo que salir a Japón como en siete horas. Y tú tienes la banda. Tú gira. —Presionó las palmas de sus manos contra sus ojos.
—¡rocio, detente! —Mi voz rebotó en las paredes de su dormitorio—. ¡Ya no estamos en la secundaria!
Me miró, con incertidumbre.
—Mira, mi gira inicia en una semana.
Una pluma de la esperanza empieza a flotar entre nosotros.
—¿Y sabes?, estaba pensando que no me caería mal algo de sushi.
Su sonrisa es triste y lamentable, no es exactamente lo que estaba buscando. —¿Irías a Japón conmigo? —pregunta.
—Ya estoy en eso.
—Eso me encantaría. Pero ¿Y luego qué? Es decir, no estaré allí por mucho tiempo y no es el único lugar al que debo ir…
—Seré tu acompañante —le digo—. Tu groupie. Tu utilero. Tu lo que sea. Dondequiera que vayas, iré. Si así lo deseas. Si no, lo comprenderé.
—No, lo deseo. Créeme, lo deseo. Pero, ¿cómo funcionaria? ¿Tus compromisos? ¿La banda?
—No hay más banda. Para mí, al menos, ha terminado. Después de esta gira, se acabo.
—¡No! —rocio sacude la cabeza con tanta fuerza, que sus largos mechones de pelo rozan la pared detrás de ella. La expresión determinada en su rostro, que tanto conozco, hace que mi estomago se revuelva—. No puedes hacer eso por mí —añade, con voz débil—. No voy a aceptar más concesiones.
—¿Concesiones?
—Durante los últimos tres años, todo el mundo, excepto tal vez por la facultad de Julliard, han sido indulgentes conmigo. Peor aún, lo he sido conmigo misma, y eso no me ayuda en absoluto. No quiero ser esa persona, que sólo toma de los demás. He tomado suficiente de ti. No voy a dejar que abandones lo que tanto amas por convertirte en mi guardián.
—Es justo eso —murmuro—. He caído en una especie de desamor por la música.
—Por mi culpa —dice rocio con tristeza.
—Por culpa de la vida —le contesto—. Siempre podré componer y tocar. Incluso grabar de nuevo, pero ahora sólo necesito algo de tiempo a solas con mi guitarra para recordar por qué me metí en la música en primer lugar. Me voy de la banda tanto si eres parte de la ecuación, o no. Y en cuanto a convertirme en tu guardián, en todo caso, yo soy el que lo necesita.
Trato de hacer que suene como una broma, pero rocio siempre puede ver a través de mi, las últimas veinticuatro horas lo han demostrado.
Me mira con esos ojos de rayo láser.
—¿Sabes? He pensado mucho en eso estos dos últimos años —dice con voz ahogada—. Acerca de quién estaría allí para ti. ¿Quién sostenía tu mano mientras estabas afligido por todo lo que habías perdido? —Las palabras

de rocio removieron algo dentro de mí y de repente habían lágrimas por toda mi maldita cara de nuevo. No había llorado en tres años y ahora esta era como la segunda vez en dos días.
—Ahora es mi turno de velar por ti —susurra, acercándose a mí, sosteniéndome y envolviéndome en su manta, como si me estuviera desmoronando. Me sostiene hasta que puedo recuperar mi cromosoma Y. Luego se vuelve hacia mí, con una mirada un poco lejana en sus ojos—. El próximo sábado es tu festival, ¿Cierto? —pregunta.
Asiento con la cabeza.
—Tengo dos recitales en Japón y uno en Corea el jueves, así que podría estar fuera de allí el viernes, y tú tendrías un día para viajar al oeste. Y no tendré mi próximo compromiso en Chicago hasta una semana después de eso. Así que podríamos volar directamente de Seúl a Londres.
—¿Qué quieres decir?
Se ve tan tímida cuando me lo pregunta, como si fuera más probable que cayera una bola de nieve en el infierno a que yo le dijera que si, como si esto no fuese lo que siempre he querido.
—¿Puedo ir al festival contigo?